The Objective
Las dos orillas

¿Vuelve América a ser el patio trasero? El giro de EEUU y el regreso de las zonas de influencia

El documento estadounidense recupera, sin demasiados rodeos, la lógica de la Doctrina Monroe y de su corolario ‘rooseveltiano’

En este episodio de Las dos orillas se adentra en una de las discusiones geopolíticas más relevantes del momento: si existe o no un giro claro en la estrategia de Estados Unidos hacia América Latina y qué dice ese cambio sobre el mundo que se está configurando. A partir de dos documentos clave (la Estrategia de Seguridad Nacional de Estados Unidos publicada a finales de 2025 y el discurso de fin de año del presidente chino Xi Jinping), Julio Borges, Luz Escobar, Douglas Castro-Quezada y Manuel Burón analizan si estamos entrando en una nueva era dominada por zonas de influencia, realpolitik e imperios.

El punto de partida es contundente: el documento estadounidense recupera, sin demasiados rodeos, la lógica de la Doctrina Monroe y de su corolario rooseveltiano. América Latina vuelve a aparecer explícitamente como una zona prioritaria de seguridad para Washington, no ya en clave multilateral o liberal, sino como espacio estratégico frente al avance de China, Rusia e Irán. Burón subraya que el mensaje no solo interpela a América Latina, sino también a Europa, a la que Estados Unidos acusa de debilidad estructural y falta de capacidad militar y económica para seguir siendo un socio confiable en el mediano plazo.

Desde la perspectiva venezolana, Julio Borges introduce un matiz clave: para países capturados por regímenes autoritarios, este giro estadounidense se vive con ambivalencia. Por un lado, reconoce que Venezuela se convirtió en un nodo de penetración geopolítica de potencias ajenas a la tradición occidental (China, Rusia e Irán) y que durante años esas advertencias fueron ignoradas por Europa y Estados Unidos. Por otro, plantea la pregunta central del episodio: ¿este regreso de Estados Unidos busca crear condiciones para la democracia o simplemente reordenar la subordinación económica y estratégica de la región? Borges advierte que el nuevo enfoque puede ser decisivo para una transición venezolana, pero también peligroso si se limita a una lógica de dominación.

Luz Escobar, desde Cuba, introduce una alerta ética y política fundamental: en este nuevo esquema, la defensa de la democracia corre el riesgo de quedar en segundo plano, desplazada por cálculos de poder entre grandes potencias. Para amplios sectores de las sociedades cubana y venezolana —agotadas por décadas de represión— cualquier acción que acelere la caída de los regímenes autoritarios puede parecer aceptable, incluso si viola principios del derecho internacional. Escobar subraya el peligro de esa desesperación: América Latina podría volver a ser un tablero de disputa entre imperios, sin voz propia y con sociedades civiles reprimidas, exiliadas o silenciadas.

El análisis se complejiza con la intervención de Douglas Castro-Quezada, quien señala que el documento estadounidense refleja un paso de la hegemonía a la dominación. A diferencia del orden liberal de la posguerra basado en reglas, incentivos y consensos, la nueva estrategia privilegia coerción, aranceles, amenazas y poder duro, lo que podría ser síntoma de fortaleza… o de debilidad estructural. Castro no descarta que este giro tenga efectos positivos (mayor inversión, combate al narcotráfico, reconocimiento del abandono histórico de la región), pero advierte que el costo puede ser una pérdida profunda de autonomía regional.

Desde Europa, Manuel Burón amplía el foco y señala que el documento estadounidense también marca un cambio de liderazgo dentro de Occidente. Si durante siglos Europa fue el centro cultural y político del mundo occidental, hoy Estados Unidos se presenta sin ambigüedades como su jefe y garante, relegando a la Unión Europea a un rol secundario. Burón recuerda una frase brutal pero ilustrativa: Europa sigue siendo una potencia económica, pero un enano político y un gusano militar. En un mundo de zonas de influencia, ese déficit se vuelve existencial.

El episodio cierra con una constatación inquietante: las cartas están ahora sobre la mesa. Estados Unidos ha dejado atrás la ambigüedad y vuelve a ejercer su poder de forma explícita en América Latina, mientras China consolida su presencia económica y Rusia e Irán operan de manera asimétrica. Las dos orillas no ofrece una respuesta cerrada, pero sí una advertencia clara: el regreso de las esferas de influencia puede redefinir el orden global, y América Latina deberá decidir si vuelve a ser objeto de disputa o si logra, esta vez, construir una voz propia en un mundo cada vez más crudo y menos liberal.

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