Carlos Rivera: «Lo de Madrid no es casualidad: aquí buscamos la seguridad que nos quitaron»
El cantante mexicano, conocido por su papel de Simba en ‘El Rey León’, repasa su trayectoria en ‘El purgatorio’
Carlos Rivera (Huamantla, México, 1986) no solo es la estrella que llena plazas de toros. Es el hombre que descubrió que la verdadera corona no se lleva en el escenario, sino en el dominio de la propia vida. Desde aquel chico que aterrizó en el Madrid de 2011 con una maleta llena de incertidumbre para ser Simba en el musical español de El Rey León, hasta el artista maduro que regresa para ser profeta en las dos orillas del Atlántico. Pero ante todo, este episodio de El purgatorio es una defensa del amor valiente. En una época de vínculos frágiles y rápidos, Rivera alza la bandera del romanticismo «a la antigua» y la entrega absoluta como el último gran acto de rebeldía posible.
PREGUNTA.- Carlos Rivera, bienvenido a El purgatorio. ¿Cómo estás?
RESPUESTA.- Muy bien, gracias. Feliz.
P.- Empiezo con una pequeña confesión personal y es que hace muchos años, mi padre te hizo una de las primeras entrevistas que concediste en España en el año 2011, cuando llegabas para hacer El Rey León, como un chaval con una maleta llena de sueños. ¿Sientes que has conseguido ser el rey?
R.- No sé. Al menos de mi vida yo creo que sí. Tengo el control de mi vida, sí.
P.- Y una vida bastante plena. Acabas de celebrar ya 20 años de carrera, que no son pocos. Si pudieras sentarte en un banco de esta ciudad, del Retiro, y mirar para atrás, ¿qué es lo que más extrañas de ese chaval que llegó aquí con todas esas ganas?
R.- Se me vendrían muchos recuerdos a la cabeza. Desde cuando llegué a hacer la audición y me quedé, esa alegría enorme de sentir un sueño tan lejano, en una ciudad tan lejana también de la mía. Y de repente, volver y hacer conciertos en las arenas o en las plazas de toros. Eso es de las cosas que creo que más me ilusionan recordar: llegar aquí sin nada más que sueños.
P.- ¿Y cómo fue esa llamada? Ese momento en el que te cogen y dices: «Bueno, para Madrid, para España».
R.- Fue muy inesperado, porque estaba trabajando en México. Venía de hacer varios musicales; el último había sido Mamma Mia! Y de repente me llaman y me dicen: «Oye, Carlos, no encuentran en España a los actores que hagan a Simba, a Nala y a Mufasa; están buscando por todo el mundo». El tema era que no encontraban el perfil exacto. Y ahí viene esa búsqueda y termino quedándome. Más bien me dicen: «¿Quieres enviar un vídeo para ver si te consideran?». Y yo: «¡Por supuesto que sí!». Mandé el vídeo. A los dos días recibo la llamada y me dicen: «Carlos, hemos visto el vídeo; queremos que vengas a Madrid». Llego a la audición y cuando estoy aquí me dicen: «Bueno, solo para que sepas, llevamos tres años audicionando, hemos recibido más de 10.000 solicitudes de audición y tú vas a llegar a la final casi directo». Y en esa final ya había gente que llevaba mucho tiempo buscando esa oportunidad. Y cuando entré, el director de El Rey León de Nueva York dice que me vio entrar ahí, en los Teatros del Canal, y dijo: «Solo espero que cante, porque él es nuestro Simba». Y en cuanto empecé a cantar dijo: «Sin duda, él es nuestro Simba». Pero no me lo dijeron a mí. De eso me enteré después; eso lo hablaron entre ellos. Cuando ya empecé a pasar todas las audiciones, notaba que algo había, porque les gustaba, porque iba pasando. Y ya al otro día me citan y entro y me dicen: «Carlos, ahora sí te podemos decir que después de tantos años de búsqueda, después de 10.000 solicitudes de audición y después de tu exitosa audición de ayer, queremos que tú seas nuestro Simba». Así comienza mi historia en España. Eso fue en marzo-abril del 2011. Regreso a México cuatro meses a prepararme. Recuerdo un correo que le llega a mi mánager que decía: «Vemos que a Carlos le gusta hacer ejercicio, está en forma, pero queremos que sea todavía más. Queremos que cuando llegue aquí la gente vea al poderoso Rey León que esperan». Y entonces me puse cuatro meses con nutricionista, entrenador, tomando clases de todo lo que pude: danza, canto, para aguantar. Eran ocho a nueve funciones por semana y solo descansábamos los lunes. Para aguantar la voz, el cuerpo y todo.
P.- ¿Y ahí estabas en Madrid, en España, o todavía seguías en México?
R.- Estuve esos cuatro meses en México. Llego a España en agosto de ese año y a partir de ahí, ya.
P.- ¿Cuánto tiempo has estado viviendo en España entonces?
R.- Dos años. Dejo el musical en 2013 para lanzar mi álbum El hubiera no existe, con canciones como Fascinación o Solo tú. Solo tú es el tema que termina de reventar acá y con ello empieza una serie de conciertos. Hacemos La Voz Kids con Malú como co-coach. Empiezan a pasar muchas cosas muy bonitas. En ese tiempo parecía que aquí me empezaba a ir mejor incluso que en mi país. Me costó mucho más trabajo que se me valorara o se me reconociera en mi país.
P.- Uf, que no son pocas.
R.- Probablemente porque yo venía de un reality, tipo Operación Triunfo; allá se llama La Academia. A pesar de que gané y de que tuve muy buen reconocimiento al principio, quienes nos manejaban no hicieron muy bien su trabajo. A mí particularmente me pusieron en una banca. Y yo levantaba la mano, diciendo: «Yo quiero jugar, sacadme al campo». Y no pasaba. Eso me llevó un buen rato en el que lo único que tuve fue el teatro, por eso el teatro es el que me trae aquí. Al mismo tiempo, yo firmé con Sony Music, mi discográfica. Cuando llego a España, ellos me dicen: «Vete a España, preparamos el disco y regresas a lanzarlo». Yo venía con una fecha de regreso. No me podía quedar. Y aun así, son de esos éxitos curiosos porque tú estás todos los días en un teatro lleno, invariablemente lleno, en una obra exitosa. Sin embargo, yo decía: «Bueno, ¿cuánto más lo voy a hacer?». Ya hice 700 funciones.
P.- Hubiese sido curioso porque hubieses sido el Simba más longevo, más viejo.
R.- Si ese es tu objetivo, es maravilloso, porque estás cumpliendo tu sueño. Yo sí pienso, y muchos de teatro musical estarán en contra de lo que voy a decir, pero para mí el mejor papel que existe en el teatro musical es Simba, o El Rey León. También hay varios; el de Billy Elliot es maravilloso. Pero de Billy Elliot ya me había pasado la edad. A lo que voy: hay pocas cosas más, como papel, como esa. Si yo me hubiera dedicado solo al teatro, probablemente hubiera dicho: «Sí, no importa cuántos años haga a Simba». Yo era feliz. Nunca me cansé, jamás lo dejé porque me aburrí o porque estuviera harto de hacerlo. A los dos años se pone en México El Rey León y me vuelven a llamar. Hago otras 300 funciones más. Dije: «Bueno, ahora sí ya llegué a 1.000 funciones». Ya cumplí el récord, que ya no lo tengo yo; me lo quitó un gran amigo mío que ahora está aquí en España: casi 2.000 funciones de Simba. Él se quedó en mi lugar cuando yo dejé el musical en México y lo llamaron aquí hace unos años y ahora él es el Simba. Me lo llevo con un gran recuerdo y con grandes anécdotas de haber estado acá. Y después, cuando me fui a México, sí tuve cierto sentimiento de que yo tenía que volver a mi país porque tenía que lograr triunfar en mi país.
P.- En España recibimos que es más fácil, siendo europeo, irse a México, Colombia u otros países de Latinoamérica para triunfar allí antes que en España. Por eso me parece muy curioso que triunfases más aquí en España de primeras que en México y que luego en México fuese el boom.
R.- En algún momento pasa. Tal vez ni siquiera era decir: «Estoy triunfando más aquí o allá», sino un sentimiento personal de sentirme más valorado aquí que allá. Y ese sentimiento tenía una razón de ser: al final, haber salido de un programa donde hubo muchísima gente ultratalentosa, pero que al final es un programa de tele y tiene que haber todo tipo de personajes. Entonces eso le va quitando un poco de credibilidad. A todos nos meten en un general: «Ah, si estuvo ahí, tal vez no es tan bueno». Ya hay un precedente. Aquí no lo había. Aquí el referente era: «Es el Simba de El Rey León». Había otro filtro. Yo empezaba a cantar y te podía gustar o no, pero sentía que se me valoraba más. Saqué esa canción, el disco funcionó, empecé a tener un público, empecé a hacer mis primeras giras. Ayer, con lo de Fitur, me tocó la fiesta de «México está de moda» y se hizo en el Joy Eslava. Bueno, ahora se llama Teatro Eslava, pero el Joy Eslava fue mi primer venue donde canté en Madrid en un concierto propio. Eso fue en 2013. Luego hice otro más; lo llené dos veces. De ahí pasé al Circo Price. Los primeros palacios de los deportes, que han cambiado de nombre tantas veces. Pasé desde el Barclaycard Center al WiZink Center y por último al Movistar. El último fue lleno al 100%, una maravilla. Los dos primeros fueron en formato ring, 5.000-6.000 personas, y esta vez fue la primera vez que lo llené al 100% y fue impresionante.
«Mientras más van pasando los años, la gente te idealiza de tal manera que te convierte casi en un personaje»
P.- Yo he estado una vez. Toqué una vez por una cosa benéfica con unos amigos, a lleno, y no he pasado tanto miedo en mi vida. Has estado encima de los escenarios, pero quiero hablar también de cuando te bajas. Cuando ya eres Carlos: Carlos papá, Carlos marido. Estás en casa, tienes a Cynthia, tu mujer, y a tu hijo León. En este mundo tan de egos como son la televisión, la música… ¿cómo ha cambiado el león al rey?
R.- Es saber diferenciar al artista de la persona. Aunque en teoría somos los mismos, sí es cierto que mientras más van pasando los años la gente te idealiza de tal manera que te convierte casi en un personaje. Esperan de ti ciertas cosas. Si tal artista baila, esperan que baile. Lo hablaba con un colega comediante y me decía: «Tú imagínate si a ti todo el tiempo esperan que estés sonriendo». A mí me han pedido fotos en velorios. Y quieren que te sonrías y te tomes la foto. Me dice: «Pues tú imagínate yo, que soy comediante, que esperan que yo les diga un chiste en el aeropuerto». Y sí, es cierto. Hay un público que espera de ti ciertas cosas, te idealiza. El problema es cuando el personaje le gana a la persona. No porque te pongas una máscara, sino por entender: «Hoy soy artista, hoy me toca cantar, es mi profesión».
P.- Mañana a cambiar pañales, que es tu nuevo oficio.
R.- Absolutamente. Y jugar. Jugar a lo que mi hijo quiera. Hoy soy un pollo y mañana soy una oveja, o lo que él quiera que sea.
P.- ¿Cómo te ha cambiado la vida?
R.- En todo. Antes estaba demasiado volcado en mi carrera. Era mi prioridad número uno, siempre. No había nada que me hiciera cambiar una gira, un concierto, algo de trabajo, especialmente cuando era una gira. Cuando nació, pedí que me separaran fechas y pudiera pasar más tiempo en casa de lo que estaba fuera. Hoy tengo la consigna de que no estoy más de una semana o dos, a lo sumo, sin poder regresar a casa. O que si voy a estar más tiempo, entonces me puedan alcanzar.
P.- Ahora arrancamos con el tema de la gira: son 11 ciudades, que no son pocas. ¿Cómo lo vas a hacer? ¿Te los vas a traer?
R.- Sí, vienen para acá. Ahí sí los traigo.
P.- Pasas por recintos míticos como el Sant Jordi Club o Starlite. A Starlite te prometo que me pasaré por allí.
R.- Ahí la pasan bien siempre.

P.- ¿Qué versión de México nos traes esta vez a España?
R.- Yo diría que la mejor de todas. Esta gira me da la oportunidad de traer el mariachi, que es lo que más me apasiona cantar en la vida. Lo hacía desde niño. Aunque mi género siempre se fue hacia la balada, porque es lo que sé escribir y lo que sé cantar, el mariachi nunca lo dejé de lado. Mi segundo disco fue un disco de mariachi que se llama Mexicano. Siempre saqué una que otra canción con mariachi: desde Recuérdame, de Coco, que tiene tintes de mariachi con pop. La única canción que tengo grabada con Maluma, curiosamente, es con mariachi. Siempre he tenido la pasión de no perder mi raíz. Este álbum se llama Vida México. Empezó por ser un EP que se llama Vida, para que ahora en marzo llegue la segunda parte y complemente para ser Vida México, como el nombre de la gira. Es un álbum completo de más o menos 14 canciones, incluyendo las que se lanzaron: No es para menos, Almas, Calavera, etcétera. Me emociona mucho. Viene un dueto con Alejandro Fernández, que es un gran amigo, y después de tantos años de amistad nunca habíamos grabado. Por fin lo hacemos: una canción que se llama Sin despedida, que se va a lanzar ahora en febrero. Lo que van a tener es la parte pop de mis baladas y luego entra la parte del mariachi, que será muy emocionante, para que vengan a brindar con nosotros, porque eso va a ser una gran fiesta.
P.- Arrancas el 21 de junio en Navarra Arena, en Pamplona, y es una plaza de toros, entre otras muchas cosas. Son escenarios de pasión, sangre y arena, con energía muy física. ¿Por qué elegir Pamplona para empezar?
R.- La realidad es que es una casualidad, y me ilusiona porque nunca he estado allí. Nunca he estado en Navarra. A Pamplona y a mi tierra, Huamantla, nos conectan varias cosas. Yo no soy taurino, pero se hacen encierros muy parecidos en Huamantla; se llama «la huamantlada», que viene inspirada en la pamplonada.
P.- ¿Cómo funciona? ¿Cómo es?
R.- Sueltan toros, solo que allí lo cierran para que los aficionados los puedan torear.
P.- Ah, y saltan desde la grada a…
R.- Exactamente. Son calles cerradas y también hacen encierro tipo Pamplona.
P.- Como los Sanfermines, sí.
R.- Exactamente, es muy parecido. Mi familia, mi papá, trabajó muchos años en eso. En su momento sí lo fui, pero después ya no, ya lo he dejado.
P.- Vámonos a México. Siendo una persona que tanto viaja, que tanto se va, ahora que estás en Fitur, México como país invitado. A veces cuando uno se va echa mucho de menos de dónde viene. Con este tour Vida México, ¿sientes la necesidad de reivindicar tu tierra con más fuerza por el hecho de estar lejos?
R.- Yo creo que sí. La inspiración de poder hacer un álbum que se llame Vida México, con una gira que trae el mariachi, tiene que ver con la manera en la que me tocó representar a México en ocasiones, como con Coco. Cuando Disney me eligió para cantar Recuérdame, el tema principal, a donde quiera que fui… Esa canción llegó mucho a los corazones de la gente. Disney tiene una penetración muy grande en todos lados.
«El Día de Muertos nace de honrar la vida de los que se fueron. Si nosotros los recordamos, ellos no mueren jamás»
P.- ¡Qué película…!
R.- Y fue un hit gigantesco. Hablar de Día de Muertos, hablar de nuestras tradiciones. Compartir en los conciertos que nosotros no celebramos a la muerte, sino a la vida. Por eso el álbum se llama Vida y no «Muerte». Esa celebración nace de honrar la vida de los que se fueron, pero si nosotros los recordamos, ellos no mueren jamás. Esa es, a grandes rasgos, la idea de un Día de Muertos. El álbum es como si fuera una gran ofrenda. Habla de la pérdida, habla del amor. A veces cuando hablas del desamor, piensas que es porque se te rompió el corazón por una pareja que se separa, te engaña o lo que sea, y entonces se escriben canciones de desamor. Aquí son canciones de un corazón roto, pero no porque te lo haya roto una persona, sino porque hubo una pérdida de por medio: una muerte. Cuando murió mi papá hace tres años, mucho de lo que vino a mi cabeza fue cómo se vive un duelo. Yo lo transformé en canciones. Así nace No es para menos; así nace Almas. Viene de ahí que algunas canciones tuvieran que ver con ello, como Sin despedida. Hay otra que se llama El bolero de la muerte. Son canciones que van a venir en el álbum y tienen que ver con ello, aunque no necesariamente todas hablan de un duelo. Para muchas personas que han tenido una separación, para ellos también es un duelo. Viven un duelo en una separación. Siento que el álbum se redondea a partir de la idea de un duelo en todas las maneras en las que eso se vive.
P.- A día de hoy, hablando de México, ¿qué es lo que más te duele y lo que más te enorgullece del país?
R.- Me duele la violencia y me duele toda la parte que hoy sufre mi país. Creo que no se lo merece un país tan bueno y de gente tan maravillosa y trabajadora. Y lo que más me enorgullece, al mismo tiempo, es esa gente que, pase lo que pase, siempre sale adelante. Eso es algo que siempre voy a sentir orgullo: ver cómo, a pesar de todo, siempre salen adelante. Creo que eso es un gran ejemplo para todas las generaciones.
P.- Eres uno de los últimos caballeros de la canción romántica que existen en el mundo. En tiempos de amores rápidos y líquidos, ¿crees que amar a la antigua y entregarse del todo es el verdadero acto de rebeldía en una sociedad como esta?
R.- Yo creo que sí. Hoy, incluso hacer música de amor es un acto de rebeldía. Estamos casi en contra de hacia dónde van las cosas, que son tan efímeras. Yo me niego a hacer música que sea para un momento o para una plataforma de duración corta. No creo que eso pueda trascender. Antes, cuando eras un número uno, eso te convertía en un artista que podía llenar conciertos donde quiera que se parara. Hoy no es así. Hoy un número uno no necesariamente te hace conocido. Es conocida la canción, pero ¿quién la canta? Y si viene a un lugar, ¿por qué voy a comprar una entrada? Ahí es apostar por lo atemporal, por lo que es para siempre. Mi apuesta está en la emoción. Algo que te toca el corazón nunca se te va a olvidar.
«Enamórate mucho. Enamórate de sobra. Uno viene al mundo a vivir. Vivir está en eso. No importa si te rompen el corazón»
P.- Vengo de un discurso que nos han pasado nuestros padres: «No te enamores tanto, ten más cuidado, disfruta, pásalo bien». Yo vivo enamorado, tengo una novia maravillosa, María. Como otros muchos jóvenes, queremos mantener relaciones largas y duraderas. ¿Qué consejo le darías a un joven para que esto sea así?
R.- Principalmente, no limitarse. Eso de «no te enamores mucho»… No. Enamórate mucho. Enamórate de sobra. Uno viene al mundo a vivir. Vivir está en eso. No importa si te rompen el corazón. Es mejor que pase a que nunca hayas sabido cómo amar. Como dicen, es mejor morir de amor a nunca haber amado. Leí una frase hace poquito que decía que al final lo único que queda es el amor que dimos. Eso es lo que hay que hacer: amar mucho, pase lo que pase.
P.- ¿Dices mucho «Te quiero»?
R.- Sí, y «te amo». Muchísimo. Todo el tiempo. Especialmente a mi familia. A mi papá no se me quedó ningún «te amo». Se los dije todos. A mi madre se los digo todo el tiempo; a mis hermanos; a mi esposa; a mi hijo. Todo el tiempo es una frase recurrente en mi vocabulario.
P.- ¿Y a qué le tiene miedo Carlos Rivera?
R.- Le tengo miedo al miedo. No me gusta tener miedo. Me da miedo que el miedo me paralice y no me haga hacer muchas más cosas de las que tal vez sea capaz de hacer. Cosas buenas, por supuesto.
P.- Vamos a hablar un poquito de España, ya que te tenemos por aquí. Lugares de España que más te gustan, ciudades, aparte de Madrid.
R.- Me encanta Andalucía. No podría elegir una sola ciudad porque son muchas. Tengo muchos lugares que me han fascinado, pero si tuviera que elegir, después de Madrid, probablemente Sevilla. Me encanta.
P.- ¿Y dentro de Madrid? Dime un restaurante.
R.- Dentro de Madrid hay varios, pero Tatel me gusta mucho. Y Leña.
P.- Leña, el asador. Muy buen restaurante.
R.- Ese también me gusta mucho.
«Madrid es ahora la capital latina»
P.- ¿Recuerdos bonitos de Madrid? Un recuerdo con el que te vayas de aquí.
R.- Aquí pedí matrimonio. Me tengo que quedar con ese recuerdo.
P.- Vamos a hablar de algo muy interesante: no traemos a mucha gente latinoamericana por aquí y la gran mayoría son españoles. Madrid se está convirtiendo un poco en este nuevo Miami. ¿Por qué crees que hay tanto interés del latino o del mexicano por venir a Madrid?
R.- Es ahora la capital latina. Más que latina, es la capital de España, donde nace nuestra lengua, una lengua que se reparte por prácticamente todo el continente americano. Cuando llegué a vivir aquí hace 15 años, decía: «Esto es el secreto mejor guardado», porque todos los que veníamos nos enamorábamos de esta ciudad o de España en general. Pero Madrid siempre tuvo algo. Y siento que le pasa mucho a los españoles cuando van a México, que se enamoran también de México. México recibió a muchos españoles durante grandes momentos de su historia: desde la Guerra Civil, exiliados, refugiados. Recuerdo que cuando yo llegué aquí, en 2011, atravesaban una crisis tremenda en la que se vivió una de las migraciones más grandes de españoles hacia México. Y también ya nos tocaba ahora a nosotros ser recibidos por tantos movimientos políticos en Latinoamérica. Por eso no es casualidad que la mayoría de la gente que está llegando acá venga de países tan específicos.
P.- Claro, con temas de seguridad. Yo veo, por ejemplo, en el Instituto de Empresa, tengo un montón de amigos que están estudiando. Por eso me interesaba: ¿por qué Madrid? The place to be.
R.- Yo creo que es eso. Personalmente te podría decir mil razones por qué España, por qué nos gusta. Es una ciudad segura, hermosa, se come espectacular. Si tienes la oportunidad, qué mejor que elegir. Yo, de manera personal, siempre elegiría mil veces cualquier ciudad de España antes que cualquier ciudad de Estados Unidos, aunque hay lugares espectaculares allá. Pero aquí hay algo distinto. Y también, por los movimientos políticos que vive Latinoamérica, no es casualidad que mucha gente esté llegando de países tan específicos.
P.- ¿Volverías a vivir en Madrid?
R.- Sin duda.
P.- ¿100%?
R.- 100%, sin duda.
P.- Cuando pasen 50 años, Carlos, ¿quieres que te recuerden como una gran estrella de la música o como un hombre que quiso mucho todo, desde una ciudad hasta…?
R.- Que me recuerden como alguien que amó mucho.

P.- Te voy a hacer una última pregunta, que es la pregunta del Purgatorio. Lo primero: ¿en qué crees?
R.- Creo en Dios. Y de ahí para abajo.
P.- Hablando de Dios, ¿a quién enviarías al cielo?
R.- A nadie vivo, de entrada. Por ahora. Cuando le llegue su momento, a todos mis seres queridos. Cuando murió mi papá, oré mucho por él para que lo recibieran allá arriba. Fue muy travieso. Espero que esté por allá.
P.- ¿Y a quién enviarías al infierno?
R.- Dios mío. No lo puedo decir en cámara. Pero hay una lista de unos cuantos.
P.- Habría unos cuantos. ¿Y si tuvieses que enviar a alguien a El purgatorio aquí para que fuese purgado?
R.- A una amiga. Voy a mandar a una amiga. ¿Ya tuvieron aquí a Vanesa Martín?
P.- No, no hemos tenido a Vanesa, pero debería venir.
R.- Es estupenda. Tiene mucho que decir y es una artista que admiro y una mejor persona aún.
P.- Carlos, ha sido un placer. Mi padre te vio nacer artísticamente; hoy me toca cerrar el círculo. Mucha vida, mucha suerte y nos veremos pronto.
R.- Así sea. Gracias, muchas gracias a ti, Mateo. Un placer.
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