The Objective
El purgatorio

Summers: «La censura hoy es psicológica, te condicionan para que digas 'a ver si la voy a liar'»

El líder de Hombres G se sienta en ‘El purgatorio’ para analizar un presente que le resulta desconcertante

Hay voces que forman parte del mapa sentimental de un país, y la de David Summers (Madrid, 1964) es, sin duda, una de ellas. Tras cuatro décadas sobre los escenarios y cerca de 4.000 conciertos a sus espaldas, el líder de Hombres G se sienta en El purgatorio de THE OBJECTIVE, no para mirar atrás con nostalgia, sino para analizar un presente que le resulta, cuanto menos, desconcertante.

En esta charla sincera y sin filtros, Summers huye de las banderas y de la politización extrema, reivindica la música como el último bálsamo capaz de salvarnos «de la mierda que es la vida normalmente», carga contra la hipocresía de la cancelación y lanza un dardo directo al corazón del sistema: «La gran cagada es que los políticos son malas personas». Pero hay mucho más que crítica bajo la piel del músico. Entre confidencias sobre el futuro distópico que nos augura la inteligencia artificial y la ternura infinita al hablar de su hijo Dani, David regala una lección de vida: la importancia de «coleccionar buenas personas».

PREGUNTA.- David Summers, bienvenido a El purgatorio.

RESPUESTA.- ¿Cómo estás, Mateo?

P.- Muy bien, con muchas ganas de que te pasaras por aquí. Vamos a hablar un poquito de música. Esta semana ha sido la Super Bowl de Bad Bunny. Ha estado medio mundo pegado al televisor. Ha sido el Halftime Show, como lo llaman, más visto de la historia. Lo ha hecho un latino y esto ha cabreado a mucha gente. Frank Zappa decía que la política es el departamento de entretenimiento de la industria, y en España, que también ocurre, vemos un fenómeno. La pregunta es si sientes que hoy, para que un artista sea reconocido, realmente tiene que salir con una bandera o apoyando a algún tipo de colectivo o algo por el estilo.

R.- Espero que no, porque yo no pienso hacerlo nunca. Cada uno puede hacer lo que quiera y apoyar lo que quiera y salir con las banderas que quiera; yo no voy a dar lecciones a nadie de lo que tiene que hacer. Pero yo entiendo la música como un bálsamo, como una manera de escapar de todo eso, de los políticos y todas sus tribulaciones; de todas las cosas que pasan en el mundo por las decisiones de unos pocos. Entonces, yo con mis canciones lo que intento es que la gente venga a los conciertos y se ponga a cantar con nosotros y a bailar y que piense que la vida es maravillosa durante dos horas. Los artistas, los músicos sobre todo, nos dedicamos a hacer a la gente feliz, a intentar salvarles un poco de la mierda que es la vida normalmente.

P.- Sí, es por lo que me fascina el tema de que se esté politizando tanto algo como puede ser el arte.

R.- Es que últimamente politizan absolutamente todo, ¿sabes? Es como si la política fuera la cosa más importante del mundo y a mí, la verdad, es que no me importa nada.

P.- Hay un caso que lo tenemos en España, que es Eurovisión, por ejemplo. El que no vayamos a participar en algo como Eurovisión está bastante politizado. No sé qué opinas al respecto del asunto.

R.- A ver, la verdad es que Eurovisión me da igual, pero me parece muy tonto el motivo por el cual no se quieren ir a ciertos festivales y, sin embargo, luego se hacen otras cosas. Es muy hipócrita todo. Tenemos que pensar que los cantantes y los artistas que van a Eurovisión no tienen por qué representar las ideas políticas del país de donde vienen. Es como si tú fueras a cantar a cualquier sitio y, por tanto, representaras al Gobierno de Pedro Sánchez porque estás cantando en este festival en no sé dónde. Pues para nada, tú puedes ser español y no sentirte representado por un cierto Gobierno, ¿no?

P.- ¿Crees que se ha perdido quizás esa cosa que había en los ochenta de libertad? Cuando empezabas con el grupo y demás y salíais a cantar o ibais al Rock-Ola y demás. ¿Crees que se ha perdido esa esencia de libertad?

R.- Pues por supuesto que sí. Es que ahora no se puede estar en desacuerdo. El rollo es: «conmigo o contra mí». No se admiten opiniones diferentes y cada vez parece más difícil que se pueda llegar a un entendimiento a base de diálogo. A mí me parece muy difícil que un político de derechas intente dialogar con uno de izquierdas y el uno al otro le diga: «Oye, pues tienes razón, no había pensado en eso, es verdad». Ahora mismo la política es como el Real Madrid y el Barça: tú eres del Barça, yo soy del Madrid, no nos vamos a entender nunca. Es una estupidez. Las ideas son las ideas, las palabras son las palabras y las personas son personas. Y por mucho que seas de una cosa o de otra, realmente lo que hay que intentar es ser buena persona y ya está.

P.- Se ha perdido el ser buena persona…

R.- Es que esa es la gran cagada de la política en España y en todo el mundo, porque esto es una cosa global: el problema es que los políticos son malas personas. Porque si fueran buenas personas no harían lo que hacen; si pensaran de verdad en el bienestar del pueblo al que les ha tocado gobernar y en cosas buenas para la gente e intentar mejorar la vida de las personas, no harían lo que hacen.

P.- ¿Qué mejorarías tú a día de hoy?

R.- Pero claro, son malas personas y entonces encuentran en el camino de la política una manera fácil de enriquecerse y de actuar como tales.

P.- Por eso, ¿qué mejorarías si tuvieses que mejorar algo de a día de hoy, por ejemplo?

R.- Lo primero, lo que estábamos hablando: el entendimiento. Poder sentarme con gente de distintas ideologías y que podamos compartir una idea. Me parece que el Congreso debería ser un sitio donde van los políticos de distintos partidos políticos y dijeran: «Mira, tenemos un problema con la vivienda, ¿qué hacemos? ¿Cómo lo podemos solucionar entre todos? Oye, pues yo propongo esto, oye, pues tal…». Que pudieran dialogar entre ellos y pensar en arreglar los problemas. Ahora mismo, ¿qué es el Congreso? Una guerra de zascas. ¿Pero a qué están jugando? ¡Es absurdo! Eso es lo primero que había que arreglar. A partir de ahí, cuando se consigue el entendimiento y el diálogo y el pensar en intentar encontrar en el prójimo lo bueno que hay en esa persona e intentar sacarlo y aprovecharlo y entender que todos podemos apoyar y todos podemos ayudarnos entre nosotros en vez de estar enfrentados, en vez de estar con la camiseta del Madrid o la del Barça.

«La política ahora mismo es como el Real Madrid y el Barça: no nos vamos a entender nunca, es una estupidez»

P.- ¿Y estos enfrentamientos no crees que también pueden llevar a que sea la época con más censura de la historia de nuestro país?

R.- Pues sí, es como una censura psicológica. A mí no me afecta nada, yo sigo escribiendo lo que me da la gana y utilizando las palabras que quiero y no pienso cambiar ni una coma de todo lo que he escrito en mi vida. Realmente es una censura psicológica, sí. Es como que te condicionan y dices: «Voy a escribir esto… mejor no, a ver si la voy a liar», ¿entiendes? Pero realmente no hay nadie que te diga: «Eso prohibido». Eso de momento creo que no ha pasado.

P.- Notamos que es más pasivo-agresivo, ¿no? Quizás el qué dirán un poco, el que te cancelen en esta guerra digital que tenemos. Muchas veces yo lo leo y es: no va a haber una guerra civil física, pero sí una guerra digital.

R.- Es muy feo lo de la cancelación, porque es como si fuera acoso. Tanto luchar contra el acoso y por la igualdad e inclusión —que me parece cojonudo—, y luego, sin embargo, esos mismos que abanderan esas luchas cancelan a la gente.

P.- Hay una persona que no aguantaría ningún tipo de censura a día de hoy, que era tu padre. Una persona que toda censura que le pudieran poner se la saltaría por cualquier lado. ¿Qué te diría a día de hoy si se sentase aquí y hablásemos de esto de la censura?

R.- No sé, mi padre creo que esta época no la llevaría muy bien. Imagínate los chistes que haría… Sería casi incomprensible para él. Ya se quejaba en su día. Mi padre, cuando trabajaba en la época de Franco, tenía que luchar contra la censura, que luchar era jugar, e intentar a ver si se la podían colar.

David Summers. | Carmen Suárez

P.- Sí, también se cuenta que los censores muchas veces ponían pelis y se quedaban dormidos y entonces la pasaban y pasaba lista. Esa historia la he escuchado yo un montón de veces.

R.- Mi padre, ¿sabes lo que hacía? Le daba un papel en la película a un censor.

P.- Esa es buena, esa es muy buena, sí.

R.- Y se hacía amigo de ellos y tal. Pero luego, cuando llegó la democracia, me acuerdo de que mi padre me decía: «Joder, es que ahora es como torear sin toro». Eso fue un reto que desapareció para él.

P.- Pero quizás el problema no reside realmente en, muchas veces, los políticos o la censura que nos puedan aplicar, sino en el sistema. En los sistemas, por ejemplo. Yo noto, y quiero que me digas qué piensas acerca de esta reflexión, que quizás el liberalismo pueda apretar también estos sistemas de políticos que no se entienden bien, que solo y únicamente juegan por el dinero…

R.- El liberalismo no existe prácticamente. Ahora solo hay extremos: derecha radical, izquierda radical, realmente es lo que hay. Porque realmente no hay mucha moderación, y el liberalismo lo entiendo como algo más moderado.

P.- ¿Y te da miedo la polarización?

R.- Pues me da miedo porque estas cosas acaban mal. Cuando te vas confrontando tanto, al final hay un choque, aunque espero que no lleguemos nunca a eso.

P.- En la época del Rock-Ola supongo que el choque no era tanto. Mi padre también se paseaba por ahí, estabais todos ahí metidos en la movida. ¿Recuerdas esos momentos como más de unión, quizás? Había uno de su padre y uno de su madre… estaban los punks, estaban los rockeros normales, los chavales más pijos que ibais por ahí también… Claro, era una época de unión mayor, me imagino.

R.- A ver, todo lo que se recuerda con nostalgia, pues siempre recuerdas las cosas bonitas y lo divertido que era, pero en los ochenta también había mucho gilipollas y de todo. Había punkis y rockers y no sé cuántos, y se pegaban. Se pegaban y quedaban para pegarse en Malasaña y se pegaban unas palizas tremendas y había mucha violencia en los ochenta. Había mucho colorín, pero también mucha droga y mucha violencia.

P.- Mucha gente se quedó por el camino

R.- Claro, en muchos conciertos había violencia. La gente iba a los conciertos a liarla. No nos creamos que los ochenta eran tan idílicos como la gente piensa. Había música muy buena, pero también había muy mala.

P.- ¿El mejor que recuerdes de esa época? No será el más famoso, por supuesto.

R.- Yo vivía muy cerca del Rock-Ola, en el Parque de las Avenidas, así que iba prácticamente todas las semanas varias veces porque iba andando desde mi casa. Pude ver a Depeche Mode, a Spandau Ballet, a UK Subs, a The Pretenders, a Los Rezillos y vi una cantidad de grupos buenísimos que venían a tocar al Rock-Ola, que era una sala de 500 personas… había mucho movimiento musical y luego aquí en Madrid había muchos grupos buenísimos. Pero también había cosas horribles, como en todas las épocas.

P.- Vamos a irnos al pasado. Hace ya mucho tiempo que salió Sufre mamón y volvéis a los cines dentro de nada con Los mejores años de nuestra vida. ¿Cómo se siente el volver a la pantalla? ¿Había ganas?

R.- Bueno, esto es un documental, pero es muy bonito. Nosotros cuando hablamos con los chicos que han hecho el documental, les dijimos: «Mira, nosotros no queremos un documental así de un grupito y no sé qué». O sea, no. Queremos un documental emocionante, que sea una película bonita, que cuente una historia de una amistad de cuatro tíos de ya más de cuarenta y tantos años de amistad.

P.- Y de grupo.

R.- Y tocando juntos, y recorriendo el mundo, y con una relación entre nosotros casi fraternal. Es una historia muy bonita porque cuatro amigos recorriendo el planeta durante 40 años y cantando canciones, pues imagínate las anécdotas y las cosas que da. Pero yo quería algo así, redondo, con momentos emocionantes, risas… Y ha salido un documental precioso: Los mejores años de nuestra vida.

P.- ¿Qué crees que ha sido el éxito de Hombres G para a día de hoy todavía estar llenando salas, conciertos, siempre que anunciáis fechas, sold out total y absoluto? Porque es una locura, gente joven de mi edad, de 23 años, yendo a los conciertos, reventándolo… ¿Cuál crees que es el éxito? Porque es flipante.

R.- El éxito es que la ilusión sigue intacta. Ese es el éxito, el no haber perdido nunca la ilusión. Porque esto que dicen que «de ilusiones se vive» es la verdad. Es la verdad, mientras tengas una ilusión… Vamos a estrenar este documental en abril, estoy terminando en estos días un disco nuevo de Hombres G que me tiene loco, más ilusionado que el primero. Estoy trabajando en unas canciones preciosas, tengo un material extraordinario y estoy superfeliz con lo que estamos haciendo. Tengo una gira de 60 conciertos este año por España y América, tengo unas ganas de tocar, de salir al escenario… Tengo 62 años, llevo 43 años haciendo esto, cerca de 4.000 conciertos en mi vida, y este año tengo una ilusión de la hostia por salir de gira y por cantar las canciones nuevas y porque la gente vea el documental. Y eso es el gran éxito de Hombres G, que la ilusión no la perdemos nunca.

P.- ¿Qué queda de esos chavales que tocaban en el Parque de las Avenidas?

R.- Casi todo, porque lo que nos unió fue el amor por la música, el rollo de que la música no te canse nunca, de que siempre tengas ganas de cantar y siempre tengas ganas de hacer una canción nueva. Y eso sigue exactamente igual.

P.- ¿Sigue siendo el amor y la mala leche lo que impulsa a hacer las canciones de este álbum nuevo o ya no?

R.- El amor es muy importante en las canciones porque es lo único. Cuando escribes una canción de amor, nadie te puede decir: «Eso no es así». ¡Claro que es así! El amor es como tú lo ves, el amor es como tú lo sientes. Tú sientes el amor de una manera y yo de otra. Yo lo que cuento es mi visión, ¿entiendes? Lo que cuento en una canción de amor es cómo lo veo yo o, mejor dicho, cómo quisiera que la gente pensara que yo lo pienso. Intentando ser lo más tierno posible, lo más romántico posible, pero no cursi, sino como debe ser. Y así planteo las canciones de amor para que les lleguen a todo el mundo. Cuento una historia mía personal porque sé que cada uno se va a identificar. Pero la mala hostia también es importante.

P.- Y volviendo al tema del inicio, hace poco te has vuelto a casar, con Cris. ¿Qué tiene de diferente el amor cuando ya no tienes que demostrarle nada a nadie?

R.- Yo creo que sí tienes que demostrar. O, al menos, tienes que dar, estar ahí y responsabilizarte. En mi caso, que estoy con una mujer que es un tesoro absolutamente, pues intento cuidarla. Me siento muy afortunado por tenerla.

P.- ¿Y cuando estás en casa, quién es tu mayor crítica? ¿Es ella?

R.- No, ella me apoya en casi todo. Ella no me critica nada, al revés. Está presente cuando estoy componiendo y estoy dándole vueltas a una canción. A lo mejor la canto 200 veces seguidas. Y de repente se da la vuelta y me dice: «Me gusta».

P.- Luego está tu hijo Dani: el mejor músico que he conocido en mi vida, y ya no el mejor músico, sino la mejor persona también que conozco y que está en mi vida. ¿Crees que hay un reflejo de ti en él o lo ves que te ha superado ya o que te va a superar en unos años?

R – Creo que él quiere ser como yo. Y no me extraña porque yo también quería ser como mi padre. Cuando tienes un padre en casa que está constantemente creando y haciendo cosas y metido en el mundo del arte y de la música… mi casa es una explosión de arte y de cosas bonitas y eso influye muchísimo. Entonces él dice: «A mí me gustaría ser como mi padre y tener una casa como esta, llena de arte y de cosas bonitas y rodeado de música». Y esa sensibilidad… Por eso tanto él como Lucía, porque Lucía, aunque estudia veterinaria, como sabes, le encanta la música y le gusta muchísimo escuchar música y canta muy bien. Pero Dani, es que la música es un lenguaje que él entiende mejor que muchos otros lenguajes en la vida. Para él es fácil, coge un piano y no sabe nada, pero hace así y empieza a tocarlo. Cuando era un bebé estaba en la cuna y cantaba melodías con sentido; no hacía «eh», cantaba una melodía. El niño tenía la música dentro de él desde que nació. Igual que yo, la verdad, yo desde que era un chiquitín soy músico.

P.- Con eso se nace, no hay otra. ¿Cuál es la lección más importante que te ha dado Dani en tu vida?

R.- Te voy a decir una cosa que además es personal, pero la manera que él entendió cuando me divorcié me dejó alucinado, porque estábamos en un momento muy delicado en la familia… él tiene problemas y yo no sabía cómo iba a reaccionar. Y no sabía cómo decirle que su madre y yo nos íbamos a separar. Así, un día, me armé de valor y se lo dije: «Mira, Dani, tengo que decirte esto». Él dijo: «Papá, yo lo que quiero es que tú seas feliz. Cuenta con mi apoyo en todo y en lo que necesites».

P.- Sí, no…

R.- Y yo me quedé de piedra, de repente tuve así como un atisbo de una madurez increíble. Con lo chiquitín e inmaduro que parece ser y, de pronto, se me hizo la persona más madura e inteligente del mundo. Le abracé llorando y casi me lo como.

David Summers. | Carmen Suárez

P.- Hay una fundación con la que trabaja Dani y trabajas tú también, Rock a la Par. Quiero que me cuentes un poco de la iniciativa porque me parece algo muy bonito. Cambiando de tema para irnos a algo menos emocional y salir de este charco de lágrimas porque me puedo echar a llorar… Quiero que me hables de Fundación A la par.

R.- La Fundación A la Par es una fundación de gente maravillosa que ayuda no a niños, sino a adultos. Porque claro, estos chavales que tienen Asperger o tienen algún tipo de problema de ese tipo neurológico, pues mientras tienen a sus padres o mientras son niños y son adolescentes, tienen a sus padres que les cuidan. Pero llega un momento en que los padres son mayores y se mueren, y entonces estos chavales ya no son chavales, son adultos y están en la vida, y alguien tiene que cuidar de ellos. A la par lo que hace es ayudar a estos jóvenes a que cuando sean adultos sean capaces y se puedan integrar en la sociedad. Entonces les enseñan a ser útiles para la sociedad y hacen un trabajo extraordinario. Yo les tengo muchísimo cariño y les ayudo en todo lo que puedo.

P.- ¿Colaboras con ellos de vez en cuando, ¿no?

R.- Y colaboro con ellos. Entonces esto de Rock a la Par surgió porque el año anterior Augusto Ferrer-Dalmau, que es mi hermano, mi mejor amigo, gran pintor, dijo: «Voy a crear un taller de pintura para que chicos como Dani, que tienen un talento enorme para la pintura, puedan aprender a pintar y yo les voy a enseñar». Un proyecto precioso. Entonces cogimos a chavales con problemas y Augusto les enseñaba allí a pintar. Fue un éxito enorme, hicieron una exposición preciosa. Entonces, al año siguiente, dije: «Pues ahora me toca a mí». Voy a montar un grupo de rock con chavales con discapacidad para demostrarle al mundo que estos chicos pueden tocar la guitarra, pueden tocar la batería, pueden tocar y hacer y cantar y crear música. Y que realmente puede que tengan discapacidad, pero no para la música. Hicimos un casting precioso con mi gran amigo Pedro Andrea y se presentaron un montón. Y entonces montamos una banda de rock que es Rock a la Par, que no para de hacer bolos, están haciendo conciertos todo el rato.

P.- Sí, cada vez que llamo a Dani me dice: «No, que estoy ensayando, que tengo un concierto en Zaragoza». Y le digo: «Bueno, pues nada, pues no te llamo».

«Llegará un momento en que la inteligencia artificial lo controlará todo. Incluso va a gobernar»

R.- Sí. Están haciendo ahora conciertos haciendo como covers y versiones de Hombres G, pero ya les estoy animando para que se pongan a componer y a hacer su música propia.

P.- En esto de A la Par hay también una persona que, bueno, has dejado saber por redes sociales que es bastante cercana a ti, que es Isabel Díaz Ayuso. ¿Cómo es Isabel en el día a día, en la cercanía?

R.- A ver, tampoco tengo tanta cercanía, pero solo puedo decir maravillas de ella porque conmigo es muy cariñosa y, sobre todo, con mi hijo. Eso lo aprecio mucho, porque cuando una persona, sea quien sea, muestra mucho cariño por mi hijo, por mis hijos, para mí ya gana muchísimo. Durante el confinamiento me llamó cuando estábamos todos encerrados y digo: «¿Qué querrá?», y cojo el teléfono y me llamaba para preguntarme por Dani. Para ver cómo estaba llevando el confinamiento Dani. «Es que estoy aquí pensando y estoy preocupada por él». Digo: «Isabel, tú no tienes otra cosa que hacer que preocuparte…». Me pareció muy bonito. Cada vez que la veo en cualquier cosa, pues nos saludamos con mucho cariño.

P.- ¿La ves algún día llegando a presidenta del Gobierno?

R.- Creo que si ella se lo propusiera, tendría bastantes posibilidades porque es una tía que aquí en Madrid es bastante querida por la mayoría.

P.- ¿Te asusta que tus hijos tengan que navegar en una industria musical, tu hijo, en una industria tan efímera y tan voraz?

R.- Bueno, me asusta más que vuestra generación está viviendo, bueno, todos estamos viviendo, supongo… estamos en el fin de una era y el principio de otra. El mundo tal y como lo conocíamos se acabó. Queda muy poco, los Hombres G y algo más… El mundo está cambiando radicalmente. La inteligencia artificial ha llegado y dado un golpe en la mesa. Todos los parámetros anteriores no van a valer para nada y van a ser otros. Entonces me preocupa la capacidad de adaptación que puedan tener no solo mis hijos, sino también tú y todos tus amigos y esta generación que, hombre, os veo perfectamente capaces de hacerlo, pero que va a ser un cambio radical totalmente.

P.- Nos estamos volviendo tontos…

R.- Va a ser un cambio tan radical que nosotros, vuestros padres, no vamos a saber explicaros qué es lo que hay que hacer. Recuerdo que mi padre me dijo: «Mira, tienes que hacer esto. Tienes que ser buena persona. Tienes que trabajar mucho. Tienes que no sé qué…». Y me dio una serie de consejos muy importantes. Pero si el mundo cambia radicalmente, yo no te puedo decir: «Mateo, deberías hacer esto», porque no tengo ni idea, porque todo es nuevo para mí también.

P.- Quizás nos estamos volviendo más tontos, puede ser.

R.- Hombre, a mí me parece que nos vamos a volver cada vez más tontos, cada vez más, más, más… porque va a llegar un momento en que la inteligencia artificial lo va a controlar todo. Incluso va a gobernar. Ahora mismo, es una herramienta muy buena para trabajar, pero dentro de poco nosotros vamos a ser completamente inservibles. Los músicos, los compositores…

P.- ¿Os están retirando o todavía no?

R.- Ahora mismo yo uso la IA para que me ayude a trabajar.

David Summers. | Carmen Suárez

P.- ¿No para escribir, no? ¿O sí?

R.- No, para escribir no. Pero, por ejemplo, tú fíjate cómo es el rollo. Yo cojo una canción ahora y cojo la guitarra, un tema nuevo, la canto, me canto la letra, me canto no sé qué, pum, y la grabo en mi móvil. Ahora se la paso al ordenador y hay una aplicación que tú le dices: «A ver, quiero escuchar esta canción, pero en formato rock, con unas guitarras muy potentes y una batería acojonante y un final apoteósico». Y ya no lo tienes que hacer tú, claro. Y en tres segundos está sonando la canción, la que acabas de hacer tú. Y dices: «Me gusta, pero quiero una versión reggae a ver qué tal». Y te la da. Y no una chapucita, no, no, sonando como musicazos profesionales tocando reggae. Es increíble. Pues estamos en el minuto cero de la IA ahora mismo. Estamos empezando con la IA. Imagínate lo que será el mundo dentro de no 20 años, dentro de 12 meses. Va a toda velocidad…

P.- Es así. Hablando de empezar, hay artistas, por ejemplo, yo qué sé, te puedo decir Mick Jagger, que con 80 años está en un puntazo de la vida. ¿Te sigues viendo a ese nivel durante muchos años más?

R.- Sí, ojalá. Es lo que me gustaría a mí, ser como Mick.

P.- No hay retiro.

R.- Mira, yo soy amigo de su mánager personal, que es un italoamericano, Dominic, un tío fantástico. Y estuve con él el verano pasado en Ibiza y le digo: «Tío, ¿qué están haciendo los Rolling ahora?». Dice: «Están grabando un disco». Digo: «¿Están grabando un disco nuevo?». Dice: «Sí, sí, están en el estudio ahí superenrollados ahí grabando un disco nuevo». 83 años.

P.- No son pocos.

R.- Y grabando un disco nuevo. Eso es lo que me gustaría a mí, que algún día me dijeran: «Oye, ¿qué hacen los Hombres G? Están grabando los cabrones». Y tienen 83 años y están grabando un disco nuevo. Eso es lo que me gustaría a mí.

P.- Te voy a hacer las preguntas clásicas del programa esta temporada. Si tuvieras que enviar a alguien al cielo, ¿a quién sería?

R.- ¿Al cielo? Pero por buena persona, dices.

P.- Sí, sí, en el sentido metafórico.

R.- Hombre, a mis hijos y a mi mujer, sin duda, porque me cuidan y me quieren y son mi vida, mi familia. Pero a muchos también. Yo, gracias a Dios, intento ser buena persona y eso me ha hecho tener una gran colección de buenas personas. Tengo amigos muy buenos y gente estupenda a mi alrededor. Mi padre me decía siempre: «Intenta coleccionar buenas personas». Cuando tú conozcas a alguien que sea muy buena gente, que sea para ti. Intenta no perder el contacto con él porque te va a dar y tú le das a él y va a ser una buena relación.

P.- ¿Y si tuvieses que enviar a alguien al infierno?

R.- También a muchos. A muchos.

P.- Con uno me vale.

R.- Ya sabemos a quién. Ya sabemos a quién, ¿no?

P.- ¿Y si tuvieras que enviar a alguien al purgatorio?

R.- A casi todo el mundo, y yo incluido.

P.- Pues ya has estado aquí.

R.- Claro. Quien esté libre de pecado, que tire la primera piedra. Yo intento mejorar como persona cada día, te lo juro, y además cuando eres más mayor te das cuenta de que es lo único válido en la vida, ser buena persona de verdad. Pero no he sido un santo tampoco. He tenido mis errores y mis faltas y me arrepiento de ello, la verdad.

P.- David Summers, ha sido un placer tenerte en El purgatorio y espero que vuelvas alguna otra vez.

R.- Cuando quieras, siempre. Gracias.

[¿Eres anunciante y quieres patrocinar este programa? Escríbenos a [email protected]]

Publicidad