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Cultura

Cuando la ciudad se convierte en lienzo

La exposición ‘Arte urbano. De los orígenes a Banksy’ analiza el paso del grafiti clandestino al reconocimiento artístico

Cuando la ciudad se convierte en lienzo

Sala sobre Banksy de la exposición. | Fundación Canal

Con motivo de su 25º aniversario, la Fundación Canal presenta, abierta al público hasta el 3 de mayo, una de sus exposiciones más ambiciosas y actuales: Arte urbano. De los orígenes a Banksy. Comisariada por Patrizia Cattaneo Moresi, directora de Artrust (Suiza), la muestra reúne alrededor de 60 obras de artistas influyentes y consagrados, desde Jean-Michel Basquiat, Keith Haring, Crash, Seen, Blek le Rat, Miss.Tic, Invader, RAVO, OBEY, JR, Os Gêmeos, Vhils, SUSO33 o El Xupet Negre, con una especial atención al mítico Banksy. 

«La exposición quiere llegar a un público amplio», explica la comisaria durante la visita guiada. Se propone un recorrido histórico y conceptual por una de las expresiones artísticas más influyentes del último medio siglo. Desde sus orígenes clandestinos hasta su plena institucionalización, la exposición plantea un viaje que es también una reflexión sobre el espacio público, la identidad y el poder.

«No solo a quienes ya están familiarizados con el arte contemporáneo, sino a todos aquellos que se preguntan qué es el arte urbano, cuándo surge y por qué hoy está presente en museos y grandes instituciones». Lejos de ofrecer una respuesta cerrada, el recorrido invita a comprender su complejidad, sus contradicciones y su evolución constante.

Sala en la exposición. | Fundación Canal

El origen: escribir para existir

El punto de partida se sitúa en el Nueva York de finales de los años sesenta y setenta, en barrios como el Bronx, marcados por la precariedad, la marginalidad y la ausencia de oportunidades. Antes de ser considerado arte, el grafiti fue escritura —el writing (acto de escribir el nombre o alias del autor)— y, sobre todo, una necesidad de afirmación personal. Jóvenes afroamericanos y puertorriqueños comenzaron a escribir sus nombres en muros, vagones y estaciones de metro como un acto de visibilidad.

La manifestación más temprana de este fenómeno fue el tag, la firma personal ejecutada de forma rápida mediante rotulador o pintura en aerosol. El caso de TAKI 183 resulta paradigmático. Su firma, formada por un apodo y el número de la calle donde vivía, se repetía por toda la ciudad. «Si no firmaban así, los arrestaban», recuerda Cattaneo Moresi. «Era un grito de ‘yo existo’, una manera de decir que estaban ahí, aunque nadie quisiera escucharlos, una manera de lanzar la voz contra los poderosos». En esta primera etapa, la experimentación se centra en las letras: el bubble lettering, la búsqueda de estilos propios y la diferenciación visual. Todavía no hay una intención artística consciente, sino una ocupación simbólica del espacio urbano.

Cuando la calle empieza a dialogar con el arte

El recorrido avanza hacia el momento en que esa escritura comienza a transformarse en lenguaje artístico. A finales de los años setenta y principios de los ochenta, algunos creadores dan el salto de la reivindicación anónima a la reflexión crítica. Figuras como Jean-Michel Basquiat, con su firma SAMO, o Keith Haring marcan este punto de inflexión.

Basquiat utilizó el grafiti como plataforma para lanzar mensajes cargados de ironía y crítica social antes de entrar en el circuito del arte contemporáneo. Haring, por su parte, llevó el museo a la calle, interviniendo espacios publicitarios y estaciones de metro con un lenguaje directo y accesible. «Son artistas que hoy figuran entre los mejor pagados del mercado», señala la comisaria, junto a Banksy. «Eso demuestra que el arte urbano ha sido aceptado socialmente, aunque su origen fuera completamente marginal».

Banksy. Pulp Fiction, 2006. Serigrafía sobre papel.

Hasta ese momento, el relato está dominado por nombres estadounidenses. La exposición explica también cómo el arte urbano llega a Europa, de la mano de artistas como Gabriel Heimler, que traslada el writing a ciudades como Berlín, Madrid, Marsella o Milán. En este contexto europeo surgen nuevas preocupaciones estéticas y conceptuales, vinculadas a la historia, la arquitectura y la memoria colectiva.

Del nombre al símbolo

Uno de los grandes cambios que subraya la muestra es el paso del nombre propio al icono. Ya no se trata solo de firmar, sino de comunicar. El ejemplo de El Xupet Negre, artista barcelonés que sustituye su nombre por un chupete negro, ilustra esta transformación. «Es un elemento reconocible por todos, que no necesita explicación», apunta Cattaneo Moresi. El arte urbano empieza a hablar de la sociedad en su conjunto.

Esta dimensión social se refuerza con obras que interpelan directamente al espectador. Artistas como BLU u Ozmo utilizan el muro como un espejo crítico del mundo contemporáneo, obligándonos a reflexionar sobre el poder, el consumo o la pérdida de valores. «El arte urbano no es complaciente: nos atraviesa el corazón y nos hace pensar», resume la comisaria.

El contexto importa

En el caso español, la figura de Suso33 ocupa un lugar destacado. Considerado uno de los pioneros, fue de los primeros en abandonar la letra para trabajar con siluetas, manchas y gestos. El artista, presente en la visita, explica que «no solo importa la imagen, sino el contexto». «La relación con el lugar, con el entorno, con lo que ha sucedido allí». Su lenguaje plástico y sintético refuerza la idea de que el arte urbano no puede desligarse del espacio que habita.

Ozmo (Gionata Gesi). Tú vales más que muchos gorriones (En el arte confiamos), 2016. Acrílico sobre PVC reciclado. Artrust. Ch ©
Cortesía del artista.

La exposición también aborda la dificultad de ser mujer en un ámbito tradicionalmente masculino, donde la presencia femenina ha sido históricamente minoritaria y a menudo invisibilizada. Algunas creadoras han utilizado la calle como espacio de reivindicación y de relato propio, incorporando experiencias personales y colectivas que amplían el discurso del arte urbano. 

Heridas, memoria y reconstrucción

En etapas más recientes, el arte urbano amplía sus soportes y técnicas. Las obras ya no se limitan al aerosol sobre muro, sino que incorporan madera, metal, collage o intervención escultórica. Aparecen artistas como Madame, cuya obra, Hogar, nace de un incendio en Suiza que dejó a toda una comunidad sin pan. «Desde las cenizas haremos un buen lugar», puede leerse en una pieza que combina dibujo, texto y collage con un fuerte componente narrativo.

SUSO33. i-Legal, 2004. Aerosol sobre madera y calle y fotografías. Cortesía del artista © SUSO33, VEGAP, Madrid, 2026.

El portugués Vhils, conocido por excavar rostros en muros deteriorados, vuelve a poner el foco en quienes no tienen voz. «Aportar belleza en lugares tristes», explica la comisaria, es una de las constantes del arte urbano contemporáneo. Sus obras han transformado ciudades como Lisboa en auténticos recorridos culturales al aire libre.

La dimensión política se hace explícita con artistas como Shepard Fairey (OBEY), capaz de movilizar masas y de influir en procesos electorales, como el de Obama, o ZEVS, que critica el poder de las grandes marcas derritiendo sus logotipos. La exposición recuerda también que el arte urbano es, por naturaleza, efímero. «En el momento en que una obra se coloca en la calle, deja de pertenecer a su autor», subraya Cattaneo Moresi. «Pasa a ser del público».

Madame. Hogar, 2022. Madera, metal y papel impreso. Artrust.Ch © Cortesía del artista.

Banksy y el impacto inmediato

El recorrido culmina con un espacio dedicado a Banksy, la figura más mediática del arte urbano. Su lenguaje directo, su uso limitado del color y su capacidad de síntesis convierten cada obra en un impacto inmediato. «Cuando el arte es tan directo, te llega como un puñetazo en el estómago», afirma la comisaria. Banksy no ha seguido el camino tradicional del mercado, y su fama se ha construido tanto por la difusión en redes sociales como por la censura y la desaparición de muchas de sus obras en las grandes ciudades.

Además de su crítica al consumismo y la guerra, Banksy destaca por su compromiso político y humanitario, financiando, entre otras acciones, embarcaciones de rescate en el Mediterráneo.

La exposición se cierra con una cuestión abierta: ¿qué es arte y qué es vandalismo? No hay una respuesta única. «No es el artista quien se autoproclama como tal», concluye Cattaneo Moresi. «Son las personas las que lo deciden». La clave está en el respeto al espacio público. Un street artist nunca busca estropear el entorno, sino dialogar con él. Así, Arte urbano. De los orígenes a Banksy invita al visitante a mirar la ciudad con otros ojos y a replantearse los límites —si es que existen— entre arte, sociedad y espacio público.

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