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Cultura

¿Vuelve el cine político?

La Rusia de Putin, el Irán de los ayatolás y la franja de Gaza, presentes en la cartelera y en las candidaturas a los Oscar

¿Vuelve el cine político?

El documental 'Mr Nobody contra Putin'.

El cine político no es que vuelva, sino que siempre ha estado ahí. La diferencia es que ahora, dada la situación del mundo, le prestamos más atención. Ya sé que todo cine es político, pero hay un cine político más explícito y otro más sutil. Hablo del más explícito. No tanto del de trinchera de Ken Loach, Michael Moore o el último Oliver Stone, que tienen su espacio, sino de acercamientos cinematográficos a la realidad sin la caspa del panfleto.

La película más interesante estrenada este fin de semana ha sido El mago del Kremlin. Mauricio Bach daba buena cuenta de ella aquí en su reseña. Pocas historias explican mejor la evolución de la Rusia comunista a la que ahora combate en Ucrania. Jugando entre la realidad y la ficción verosímil, la película de Olivier Assayas reconstruye el personaje de Vladislav Surkov, el hombre que no solo construyó al Putin que conocemos, sino que fabricó su relato.

No hay personaje más fascinante que los del spin doctor o los puppet masters —los titiriteros—. El pasado miércoles, cuando Conversaciones con y DeAPlaneta mostraba la película a los periodistas, Fernando Ónega, nuestro pionero constructor de lo que hoy se llaman relatos, acababa de morir. Fue inevitable recordarle al hilo de la historia del asesor de Putin. A Ónega y a los que lo siguieron: Enrique Beotas (Manuel Fraga), Pedro Arriola (Aznar), Miguel Ángel Rodríguez (Aznar y Ayuso), Miguel Barroso (Zapatero), Iván Redondo (Sánchez), entre otros.

Husmeando en la lista de las candidaturas al Óscar, que se entregan el domingo, encontramos otra película clave para entender la Rusia actual: el documental checo Mr. Nobody contra Putin, que se puede ver en Filmin. La película aborda la invasión de Ucrania a través de los dilemas éticos que se plantean en una escuela rusa, transformada en centro de reclutamiento y adoctrinamiento de niños y adolescentes.

En esa misma lista de los Óscar, se encuentra Un simple accidente, del perseguido y varias veces encarcelado director iraní Jafar Panahi, de la que ya hablamos aquí a propósito del cine sobre la realidad de su país. La historia, entre la comedia y el drama, cuenta la peripecia de unos antiguos presos que secuestran a un hombre, que creen que fue su torturador, y se plantean si aplicarle la misma medicina que el verdugo les aplicó a ellos. 

Que yo sepa, Panahi no se ha pronunciado sobre el ataque conjunto de Estados Unidos e Israel a su país. Y eso que estuvo en Barcelona en la ceremonia de los Goya. Será muy interesante oírle en la ceremonia de los Oscar, si es que su película gana el premio al mejor film en lengua no inglesa. Lo último que dijo, tras ganar la Palma de Oro en Cannes, fue: «Siempre he dicho que este régimen caerá. Es imposible que no caiga, porque es un estado fallido en todos los sentidos […]. Lo que me importa es el futuro de mi país. Quiero que el país se mantenga en pie. Quiero que haya paz y quiero que nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos no enfrenten balas».

El ataque a Irán ha dejado el conflicto en Gaza en un segundo plano. Sin embargo, la película tunecina La voz de Hind competirá directamente el domingo por la estatuilla con Un simple accidente. Cuenta los escalofriantes momentos finales de Hind, una niña de 6 años que quedó atrapada en un coche bajo fuego israelí en Gaza. Durante 70 minutos, suplicó telefónicamente que la rescataran, mientras miembros de la Media Luna Roja intentaban mantener el contacto y enviar una ambulancia, que también fue atacada.

El cine se sigue mostrando imprescindible para iluminarnos un mundo cada vez más oscuro y confuso. Entre la avalancha de información segmentada y sesgada, el cine nos ofrece una reflexión más serena y reposada de la actualidad que nos ha tocado vivir.

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