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Arte

Costus y Juan O., cuando la Movida madrileña llega a Barcelona

La galería Imago Dei reúne piezas inéditas y joyas reconstruidas que traen a la actualidad el imaginario del dúo artístico

Costus y Juan O., cuando la Movida madrileña llega a Barcelona

Exposición de Costus y Juan O.

La galería Imago Dei inauguró la muestra Costus – Juan de O., un ejercicio de lectura del presente a través de una obra que nunca terminó de ocupar su lugar. La exposición, disponible hasta el 10 de enero de 2026, reúne piezas que pertenecen en su mayoría a la producción individual de Juan Carrero mejor conocido bajo el nombre Juan de O.

Son obras que pasaron décadas entre colecciones familiares, depósitos y museos, y que ahora reaparecen en un contexto que parece necesitar su forma directa de mirar el cuerpo, los símbolos y el deseo de uno de los dúos artísticos más representantes de la famosa Movida madrileña, Costus integrado por Juan Carrero y Enrique Naya.

La muestra nace de una motivación clara: rescatar una voz que se mantiene incómoda y vigente. Gabi Serrano, comisario de la exposición, explica que «reivindicar a Costus ahora significa defender la libertad, la tolerancia y valores que hoy son necesarios, en un momento donde la censura vuelve a aparecer de forma galopante». La frase, más que un eslogan, enmarca toda la propuesta curatorial. La exposición recuerda que el dúo artístico  trabajó en una época donde la libertad se entendía como un riesgo personal y colectivo, y no como un concepto abstracto.

La muestra, mayoritariamente de la obra de Juan de O., desvela que una de las claves del montaje fue entender el espacio de la galería, donde la iluminación juega un papel importante para dar vida y calidez a las piezas. «Había que ver qué podíamos encontrar que generara un discurso coherente», explica Serrano, quien utilizó iluminación en casi toda la sala, excepto en el último espacio, donde encontramos una luz azul que permite apreciar los lienzos realizados con pintura neón. Este detalle otorga intimidad al espacio donde inclusive encontramos un retrato en óleo de un joven Pedro Almodóvar.

Un archivo vivo

El discurso expositivo se articula a través de la mezcla de técnicas —lienzos en óleo, dibujo y fotografías contextuales— y de un elemento nuevo: las joyas creadas por Costus —un pequeño bestiario doméstico— donde cabezas de toros, rostros humanos y picos de aves son reinterpretados en plata. Costus trabajaba con materiales populares: bisutería, cerámica o una pintura que se solidificaba. A partir de estas pequeñas figuras coloridas, es que la galería decide transformarlas y crear unos moldes para obtener unas piezas nuevas en plata, desvelando cómo era el proceso completo realizado por los artistas hasta finalmente tener la pieza acabada.

En la procedencia de las piezas también se explica el enfoque de la exposición. Tras la muerte de Enrique y Juan en 1989, la producción se dividió entre ambas familias. Buena parte de las obras conjuntas fueron cedidas a instituciones; lo que aún queda en manos familiares corresponde sobre todo a Carrero. «Cuando firma Juan de O. es obra de Juan», recuerda Fuentenebro. Esa distinción es crucial para entender la muestra, que pone a la vista una voz que a menudo quedó absorbida por la marca compartida del dúo.

Costus hoy: nuevas miradas sobre un legado que no se agotó

Las obras seleccionadas para esta muestra enfatizan la estética folclórica y camp a través de una serie de animales mitológicos que hilan la búsqueda artística del dúo. No son referencias taurinas, como a veces se ha supuesto. «Son animales imaginarios, cabras faraónicas, metafóricas, más mitológicos que taurinos», explica Serrano al señalar la pieza Hombre pájaro (1985) o Minotauro pensante (1985) expuestas en Imago Dei. Estas figuras no solo funcionan como metáforas del cuerpo queer: cuerpos transformables, híbridos, casi teatrales. Son parte de la lectura contemporánea que da a entender la obra de Costus, y en especial de Juan de O., no como reflejo de la Movida madrileña, sino como exploración de identidades que hoy día siguen en disputa.

La conversación a la que invita Costus – Juan de O. permite comprender cómo funciona el concepto de vigencia. Los organizadores hablan de un público inesperado en la galería barcelonesa: jóvenes de entre 19 y 25 años que llegan a la galería ya sabiendo quiénes fueron Costus. La demanda de catálogos desde distintas ciudades confirma que el interés no es local ni generacional. Esta reaparición se explica, en parte, por el rol que la Movida madrileña ocupa en la narrativa cultural española: un punto de inflexión que aún se estudia para entender cómo se producen los cambios sociales. «La calle cambia antes que los políticos», afirma Gabi Serrano, y Costus estaban en esa calle, no en las instituciones, ni en los museos.

Además, la muestra rehúye del tono heroico. En lugar de eso, recupera el contexto a través de fotografías con integrantes del fenomenológicos social: casas convertidas en estudios, fiestas para evitar salir a la noche madrileña, encuentros con amigos como Tino Casal, Alaska, McNamara, tertulias improvisadas, el cruce entre arte y vida cotidiana que definió a la pareja. El archivo artístico recuerda, con crudeza, que ese entorno posfranquista también se vio atravesado por la epidemia de sida y por el desgaste emocional y físico que supuso para ambos artistas. Contarlo no romantiza su historia; la devuelve a la dimensión humana desde la que trabajaron.

Observar la muestra dentro de los metros cuadrados de Imago Dei deja la sensación de que el interés por Costus no es un rescate, sino un reencuentro. La obra mantiene su capacidad para incomodar, no solo con los seres mitológicos, con algunas piezas que nos recuerdan a las famosas chochonis o, con desnudos que no son interpretables desde lo sexual ni lo pornográfico; fomentando nuevas miradas que, a su vez, insertan nuevas preguntas en un tiempo que parece repetir viejos gestos de control cultural. La exposición no convierte el legado de Costus ni de Juan de O. en reliquia; lo coloca en presente, donde el cuerpo, la identidad y la libertad siguen siendo territorios que fomentan nuevas conversaciones

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