Un siglo que aún florece: las vanguardias toman Madrid
La exposición del galerista Jordi Pascual recorre el diálogo internacional del arte en la Fundación Manuel Benedito

Detalle de ’Paysage animé', óleo sobre lienzo de Fernand Léger. | Galería Jordi Pascual
Marzo empieza a cambiar el pulso de Madrid. La luz se vuelve más amable, las calles recuperan tránsito y la ciudad se prepara para una de sus semanas culturales más intensas. En ese clima de primavera incipiente, la Galería Jordi Pascual inauguró este lunes en la Fundación Manuel Benedito una exposición que propone algo más que una reunión de grandes nombres: un recorrido por el siglo XX entendido como conversación internacional.
La muestra reúne más de medio centenar de obras de arte moderno y contemporáneo de primer nivel, articuladas bajo una idea clara: la vanguardia como fenómeno expansivo, transnacional y todavía vivo. Concebida como un diálogo entre distintas geografías y generaciones, la exposición traza la circulación de ideas entre Europa y Estados Unidos, situando la ciudad de Madrid como punto de encuentro de ese intercambio artístico.
El núcleo histórico lo forman algunas de las figuras que redefinieron el lenguaje plástico del siglo pasado. Pablo Picasso, Joan Miró, Salvador Dalí, Max Ernst o Fernand Léger cuestionaron las formas tradicionales de representación mediante la experimentación formal y la innovación técnica, con París como uno de los principales centros de irradiación de ese espíritu de ruptura. No son aquí iconos repetidos hasta el desgaste, sino piezas concretas que permiten comprender cómo se fue construyendo ese nuevo idioma visual.
Entre las obras destacadas figuran Paysage animé (1937) de Fernand Léger, Materia de la cara (1987) de Antoni Tàpies, Personnage, oiseau III (1973) de Joan Miró o Coral (1966) de Salvador Dalí. Cada una condensa un momento decisivo: la síntesis formal, la exploración matérica, la tensión entre figura y signo, la pulsión onírica convertida en lenguaje.
La exposición subraya también la aportación fundamental de los artistas españoles a ese diálogo internacional. Figuras como Antoni Tàpies, Manolo Millares, Esteban Vicente o Antoni Clavé desarrollaron lenguajes visuales de gran intensidad, donde la materia, la textura y el gesto adquirieron protagonismo autónomo. En sus obras, la pintura deja de ser mera representación para convertirse en superficie intervenida, casi herida, donde el soporte —arena, arpillera, pigmento— se carga de significado.
El relato no se detiene en Europa. Tras la Segunda Guerra Mundial, el eje de la experimentación artística se desplaza hacia Estados Unidos, fenómeno que la muestra refleja a través de nombres como Sam Francis, Alexander Calder o José Guerrero. El diálogo atlántico amplía el vocabulario de la abstracción y consolida un nuevo mapa cultural. Al mismo tiempo, la presencia de artistas contemporáneos como Miquel Barceló, Juan Uslé o Manolo Valdés subraya que la vanguardia no es una conversación concluida, sino un diálogo constante, en permanente reinterpretación.

La Fundación Manuel Benedito actúa como escenario idóneo para este recorrido. El espacio favorece una contemplación pausada, lejos de la saturación visual que a menudo acompaña a los grandes eventos. En plena Semana del Arte, cuando Madrid concentra ferias, inauguraciones y encuentros profesionales, la propuesta de Jordi Pascual reivindica la atención detenida y el diálogo entre obras.
Esa apuesta cultural convive, sin embargo, con una realidad estructural menos visible: la fiscalidad del mercado artístico en España. En nuestro país, buena parte de las ventas de obras realizadas por galerías tributan al tipo general del 21% de IVA, una cifra que el sector considera desventajosa frente a otros países europeos que aplican tipos reducidos de manera más amplia. Aunque existen supuestos específicos al 10%, el marco general sigue situando a España en una posición poco competitiva dentro del mercado internacional.
El debate no es menor. Un IVA elevado encarece la adquisición, dificulta la atracción de coleccionismo extranjero y afecta tanto a galerías de arte moderno como a anticuarios que sostienen una auténtica economía circular cultural: restaurar, conservar, documentar y volver a poner en circulación patrimonio histórico. Si la política cultural aspira a fomentar la creación y la difusión artística, la fiscalidad se convierte en una herramienta determinante para favorecer o limitar esa circulación.

Mientras esa discusión sigue abierta, la exposición ofrece una evidencia inmediata: la modernidad no se marchita. Con la primavera asomando y la ciudad abierta al arte, el visitante puede recorrer casi un siglo de transformaciones estéticas concentradas en una sola sala y comprobar que las preguntas que plantearon las vanguardias —sobre la forma, el sentido, la materia o la libertad— siguen interpelando al presente.
La muestra puede visitarse en la Fundación Manuel Benedito del 3 al 7 de marzo, de 11 a 21 horas, y el 8 de marzo, de 11 a 19 horas. En una semana en la que Madrid vuelve a convertirse en capital cultural, este siglo —el de las rupturas, el unilateralismo y la invención constante de nuevos lenguajes— demuestra que aún florece.
