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Cine

Verdades y mentiras de 'El sendero de la sal'

Marianne Elliott realiza una emotiva y edificante película sin referencia alguna a la polémica sobre la historia real

Verdades y mentiras de ‘El sendero de la sal’

Fotograma de 'El sendero de la sal'. | Adso Films

El sendero de la sal, libro autobiográfico sobre el coraje ante las adversidades, se convirtió en Inglaterra primero en un best seller y después en un escándalo periodístico que todavía colea. Entre medias, la historia se adaptó al cine y la película se estrena hoy en España, donde la polémica que envuelve a la autora apenas ha tenido eco. Les cuento la historia desde el principio.

En 2018 Raynor Winn publicó El sendero de la sal. Aquí lo editó Capitán Swing en 2021, pero ni de lejos tuvo la repercusión que alcanzó en Inglaterra. Las ventas en el mercado anglosajón llegaron a los dos millones de ejemplares. El libro se convirtió en un fenómeno editorial y su inspiradora historia fue comentada en innumerables de clubs de lectura.

La que narra es lo siguiente: en 2013 Raynor y su marido perdieron la granja en la que vivían, porque fueron víctimas del engaño económico de un conocido, que los dejó en la ruina. Para colmo, al marido le diagnosticaron una enfermedad degenerativa muy poco común y de pronóstico mortal a medio plazo. Sin casa y con negras perspectivas, decidieron lanzarse a caminar. Recorrieron durante semanas la costa del suroeste de Inglaterra, desde Somerset a Dorset, pasando por Cornualles. El título del libro y de la película se explica hacia el final, cuando una lugareña les pronostica que ya nunca se marcharán de allí, porque ve en sus miradas que han quedado impregnados por la sal de la brisa marina que corre por esos bellísimos paisajes.

Durante la larga caminata, la salud del marido pareció mejorar de forma inesperada y, acabada la ruta, la pareja encontró acomodo temporal en la casa de una amiga. Tiempo después, Raynor decidió contar ese inspirador periplo costero en un libro que emocionó a los lectores y arrasó en ventas. El éxito fue tal que se puso en marcha la adaptación al cine y la autora escribió otros dos libros tirando del mismo hilo. El conmovido propietario de una casa en los parajes que habían recorrido les ofreció vivir en ella gratuitamente si se la cuidaban. Además, la fascinación empujó a algunos lectores a trasladarse a vivir en la zona, que creció como destino turístico.

Un cuento de hadas, vaya. Hasta que una periodista de The Observer pidió entrevistar a la autora en su casa y conocer al marido, cuya enfermedad parecía progresar mucho más lentamente de lo que la ciencia pronosticaba. En el último momento, la escritora cambió el lugar de la cita, la periodista no pudo ver al marido y ante algunas de sus preguntas recibió respuestas evasivas. De modo que empezó a husmear.

Dudas sobre su veracidad

Lo que salió a la luz no cuestiona el grueso de la historia, pero sí un par de puntos relevantes. Por un lado, la estafa que presuntamente los había dejado sin casa no fue tal; al parecer fue la autora la que robó dinero de la oficina en la que trabajaba para afrontar las deudas que la pareja había acumulado. De modo que en el origen de la ruina familiar no había un villano, sino una lianta con la mano muy larga. El otro asunto que despertó dudas fue la enfermedad del marido. Según documentos que presentó la escritora, un médico le había diagnosticado esa enfermedad, pero según los especialistas era imposible que un paciente de esa dolencia siguiera vivo después de tantos años. Acaso el diagnóstico inicial no fue correcto y la enfermedad que sufre es menos grave de lo que se cuenta en el libro y la película.

Raynor Winn se escuda en que ella ha contado su verdad. No es el primer escándalo de una obra supuestamente testimonial cuya veracidad se pone en duda. De hecho, hay casos mucho más graves. Por ejemplo, En mil pedazos de James Frey, impactante testimonio de un adicto que se enfrenta a sus demonios —que también se adaptó al cine— resultó contener no pocas exageraciones y unas cuantas trolas. Todavía peor fue el caso de JT LeRoy, jovencísimo adicto trans, que contaba en una estremecedora narración titulada Sarah los abusos que sufrió y cómo se vio obligado a prostituirse siendo menor de edad. Hasta que se destapó que su historia era un fake total. No es que hubiera exageraciones, es que el personaje era un invento de una escritora en paro, que después enredó a una amiga para que en las entrevistas se hiciera pasar por el atormentado adolescente, que protegía su identidad con capucha y gafas de sol. Antes de que se desvelara la patraña, llegó a publicar tres libros. Hay una película sobre este asunto: JT LeRoy: engañando a Hollywood, con Laura Dern y Kristen Stewart, disponible en Filmin.

Comparado con estos casos, lo de El sendero de la sal es peccata minuta. Lo más delicado es lo que concierne a la supuesta enfermedad, porque el libro dio esperanzas de curación a pacientes que la padecen. Surge la pregunta de hasta qué punto se pueden edulcorar u ocultar determinados aspectos incómodos en una obra testimonial.

En medio de todo este lío, se rodó la película, en la que no se hace ninguna mención a la polémica. El espectador que se acerque a ella sin conocer lo que les he contado se encontrará con la emotiva y edificante historia de un matrimonio de cincuentones capaces de poner al mal tiempo buena cara. Una bonita historia de amor, bien contada por la debutante cineasta Marianne Elliott, que tiene a sus espaldas una larga y sólida carrera como directora teatral en el West End londinense y en Broadway.

Paisaje espectacular

A la pareja protagonista la interpretan la estadounidense Gillian Anderson (Scully en Expendiente X, que ya demostró su capacidad para impostar un acento británico impecable cuando interpretó a Margaret Thatcher en The Crown) y Jason Isaacs (en un papel muy distinto al del millonario que lo va a perder todo y piensa en suicidarse de la última temporada de The White Lotus). El tercer personaje es el paisaje costero, que siempre luce espectacular.

La pareja camina sin apenas dinero. Dependen de un ingreso semanal de 40 libras que les llega a la cuenta bancaria. Cuando en cierto momento se quedan sin un penique, él se pone a recitar el Beowulf subido a una caja para recaudar unas monedas y poder comer… Se ven sometidos a las inclemencias del tiempo, con abundante lluvia. Y una noche de tormenta en la que han acampado en una playa, sube la marea y casi se los lleva.

Por el camino tienen encuentros variopintos. Un sofisticado londinense los invita a su casa de veraneo porque confunde al marido con un poeta muy célebre en la zona; unos hippies los ayudan a recuperarse cuando ella cae sobre unas zarzas venenosas; una sintecho los acompaña un trecho; una chica enamorada les ofrece comida; varios vecinos se muestran mucho menos amables porque acampan donde no está permitido hacerlo… Resultado: una bonita historia que acaso contiene algunas mentirijillas.

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