George Orwell y su '1984' protagonizan un documental y una novela
La desigual película de Raoul Peck abarca demasiado y el libro de Miquel Berga se centra en la mujer del escritor

Una estatua de George Orwell junto a una de sus citas sobre la libertad. | EP
Los lemas del Partido Único imaginado por George Orwell en su 1984 decían lindezas como que ‘La Guerra es Paz’, ‘La Libertad es Esclavitud’ y ‘La Ignorancia es Fuerza’. Hace unos días, nuestra izquierda radical decidió lanzar un nuevo eslogan orwelliano deliciosamente siniestro: ‘El Burka es Libertad’. Lo malo es que no se trataba de un juguetón homenaje al escritor, sino que lo decían en serio. Lo cual es una demostración más de que las advertencias del autor británico en su novela distópica sobre la manipulación del lenguaje y la verdad, el empeño en reescribir el pasado y de controlar a los ciudadanos no han perdido vigencia.
Dos novedades —una cinematográfica y otra literaria— nos lo recuerdan. El cineasta haitiano Raoul Peck —que fue ministro de cultura de su país durante un breve periodo— estrena este viernes el documental Orwell 2 + 2 = 5, y Miquel Berga acaba de publicar la novela Eilleen (Tusquets), centrada en la esposa del escritor.
Raoul Peck ha dirigido películas de ficción —Lumumba, El joven Karl Marx—, pero es conocido sobre todo como documentalista. Cosechó merecidos elogios por I’m Not Your Negro, que contaba la vida y obra del novelista afroamericano James Baldwin y, a través de su figura, abordaba el racismo en Estados Unidos. Con Orwell 2 + 2 = 5 intenta repetir la jugada, combinando la aproximación al escritor y su novela más emblemática con una reflexión sobre lo muy orwelliano que es el mundo en el que vivimos. En este caso la jugada no le sale tan bien.
Es muy solvente la reconstrucción de los últimos años de la vida de Orwell, marcados por el proceso de escritura de 1984 en la isla de Jura, el fallecimiento de su esposa Eileen con solo 39 años en un quirófano por la reacción adversa a la anestesia, el cuidado del niño que habían adoptado y la tuberculosis que lo mandó a un sanatorio. Y es interesante el rastreo de los orígenes de su compromiso político en su ubicación en la clasista sociedad británica —un vástago de la clase media con ínfulas aristocráticas, pero sin recursos económicos— y en su alistamiento en la policía colonial del imperio en Birmania, donde acabó entendiendo que él formaba parte de los opresores.
Sin embargo, cuando llega el momento clave, que transformó su visión política y generó la última y más relevante etapa de su producción literaria, es decir, su paso como voluntario antifascista por la guerra civil española, a Peck le agarran unas inauditas prisas por ventilarse el asunto lo más rápido posible. Dejémoslo claro, por si queda algún despistado: como otros jóvenes británicos idealistas y de izquierdas, Orwell llegó a Barcelona con su esposa Eileen para luchar contra el fascismo. Pero lo que descubrió fue el estalinismo.
Sesgo
Peck está más interesado en mostrar las preceptivas imágenes de Franco a modo de rostro del fascismo que en explicar con razonable detalle la precipitada huida de Orwell y Eileen después de que los comisarios soviéticos torturaran y asesinaran a Andreu Nin y procedieran a la aniquilación de los miembros del POUM, en cuya milicia luchaba el escritor en el frente de Aragón, donde fue herido de bala.
Orwell explicó sus experiencias en Homenaje a Cataluña, libro que su editor habitual —Victor Golantz, compañero de viaje del comunismo— se negó a publicarle y que cuando finalmente apareció en Secker & Warburg fue un estrepitoso fracaso. El modo en que el documental aborda el paso del escritor por la guerra civil española deja entrever el sesgo de Peck, que vuelve a aparecer cuando aborda la realidad orwelliana en la que vivimos. Aparecen muchos más dictadores, autócratas y populistas de derechas que de izquierdas. El director parece creer, parafraseando el célebre pasaje de Rebelíón en la granja, que «todos los tiranos son malos, pero algunos tiranos son más malos que otros».
En su análisis sobre el presente orwelliano, el cineasta empieza bien y aporta ideas interesantes. Aborda el crecimiento del autoritarismo y pone ejemplos de la manipulación de la realidad a través de la manipulación del lenguaje. Por ejemplo, cuando, con cinismo, Putin denomina «operación especial para salvaguardar la paz» a la invasión de Ucrania. Pero mientras que en I’m Not Your Negro la concreción del tema —el racismo a través de la figura de James Baldwin— le facilitaba centrar el tiro, en Orwell 2 + 2 = 5 pretende abarcar demasiado y el material se le va de las manos por su magnitud.
Acumula un batiburrillo de imágenes impactantes, acompañadas de un difuso discurso: el asalto al Capitolio, ciudades arrasadas por bombardeos —del Berlín del final de la Segunda Guerra Mundial a la franja de Gaza—, desfiles militares, emigrantes en pateras… Todo ello mezclado con fragmentos de las adaptaciones al cine de las novelas de Orwell. El acopio de documentos visuales procedentes de épocas y contextos muy diferentes acaba demostrando que la máxima de que «una imagen vale por mil palabras» solo es válida en cuanto al impacto emocional. Se echa en falta la debida contextualización y una reflexión sosegada que las dote de verdadero sentido.
Últimos años decisivos
Contextualización y reflexión sí están presentes en la breve novela Eileen de Miquel Berga, escrita en catalán —y ganadora del Premio Joanot Martorell— y publicada al mismo tiempo en castellano por Tusquets. El libro se centra en los decisivos 15 años finales de Orwell, desde que conoció a su futura esposa Eileen O’Shaughnessy en 1935 hasta su fallecimiento en 1950. La pareja tuvo una peculiar luna de miel en la Guerra Civil española y él escribió sus dos libros más relevantes, antiestalinistas y antitotalitarios: la fábula Rebelión en la granja y la novela distópica 1984.
La novela tiene una estructura dual: en los capítulos pares se da la voz a Eileen, en forma de cartas inspiradas en las que le escribió a su amiga Norah Myles, descubiertas en 2005. Mientras que los capítulos impares sintetizan el recorrido político y literario de Orwell en su etapa final.
El libro tiene una peculiaridad: mientras que los capítulos narrados con la voz de Eileen tienen un tono literario, los otros plantean una escritura más cercana al ensayo biográfico que a la narración. Lo cual tiene su explicación en el hecho de que Berga, profesor ya jubilado de literatura inglesa, es un gran especialista en Orwell y —tal como explica en el epílogo— su novela no tiene ni un gramo de ficción y está minuciosamente documentada. Eileen puede leerse como una prolongación del espléndido ensayo que el autor publicó en 2020: Cuando la historia te quema las manos (Tusquets). En él exploraba los antagónicos posicionamientos políticos de los dos británicos que quisieron luchar contra el fascismo en España: George Orwell y el poeta W. H. Auden (él no combatió, actuó como sanitario en la retaguardia).
Auden optó por renunciar al sentido crítico y escribir el panfletario poema Spain, del que acabó renegando. En cambio, Orwell entendió en seguida el peligro del estalinismo. En una airada carta a Nancy Cunard escrita en plena guerra y recogida por Berga en Eileen, afirma: «Sé lo que ocurre en el bando del Gobierno, es decir, la imposición del fascismo a los trabajadores con el pretexto de la resistencia al fascismo; también sé que, desde el mes de mayo, se ha impuesto un reino de terror (se refiere a los llamados Hechos de mayo, cuando en la Barcelona de 1937 los comunistas guiados por los comisarios políticos soviéticos procedieron a la aniquilación del POUM por desviarse de la ortodoxia estalinista) y todas las cárceles y cualquier local que sirva de cárcel están saturados de prisioneros, que están ahí sin ningún tipo de juicio previo, muertos de hambre, insultados y golpeados».
Y en su ensayo de 1946 Por qué escribo apuntará: «La Guerra Civil española y otros acontecimientos de los años 1936-1937 cambiaron las cosas y desde entonces he sabido cuál era mi posición. Cada línea de trabajo serio que he escrito desde 1936 ha sido escrita, directa o indirectamente, contra el totalitarismo y a favor del socialismo democrático, tal como yo lo entiendo». En esos años, en la Unión Soviética se estaban llevando a cabo las purgas estalinistas y los procesos de Moscú en los que los acusados confesaban bajo tortura terribles crímenes que no habían cometido. Orwell transformó ese horror en literatura: en 1984, la Policía del Pensamiento, con las torturas llevadas a cabo en el Ministerio del Amor, conseguía que los sospechosos de disidencia acabasen proclamando que 2 + 2 = 5. La verdad ya no existe. Se fabrica y se impone.
