The Objective
Cine

'Proyecto Salvación': ciencia ficción apocalíptica y amistad intergaláctica

La película, protagonizada por Ryan Gosling, funciona como una aventura espacial visualmente deslumbrante

‘Proyecto Salvación’: ciencia ficción apocalíptica y amistad intergaláctica

'Proyecto Salvación'. | Sony Pictures

Misión: salvar el planeta Tierra. Unas partículas espaciales están devorando la energía solar y pintan bastos para la humanidad. La única esperanza está en averiguar por qué este fenómeno, que afecta a todo el universo conocido, no se está produciendo en un planeta remoto y tomarlo como modelo. Para ello mandan a Ryan Gosling, que es el prototípico héroe recalcitrante. Es decir, que no quiere ir, pero acaba cumpliendo con su deber. Y en su largo y solitario periplo espacial entablará amistad con un peculiarísimo alienígena —una de las propuestas más singulares de vida inteligente que se han visto en pantalla—, cuyo planeta está en la misma situación que el nuestro.

Proyecto Salvación, que llega a los cines este próximo viernes, se basa en la novela Proyecto Hail Mary (aquí publicada por Ediciones B), que tiene una legión de lectores entusiastas. Es la tercera que escribe su autor, Andy Weir, quien con su debut literario protagonizó un cuento de hadas. Había escrito una novela de ciencia ficción titulada El marciano, que fue sistemáticamente rechazada por todas las editoriales a las que la envió. Optó entonces por lo que hacen la mayoría de escritores despechados: la colgó en Amazon y la puso a la venta al módico precio de 0,99 dólares. El libro digital empezó a venderse como churros. Y entonces se produjo un giro digno de la Cenicienta: nada menos que Ridley Scott compró los derechos para cine y de ahí salió Marte, con Matt Damon de protagonista.

¿Se acuerdan? La historia de aquel desgraciado al que sus compañeros de misión, de vuelta a casa, dan por muerto y olvidan en el planeta rojo. El tipo tiene que tirar de ingenio para sobrevivir y tratar de regresar a la Tierra por su cuenta. Ya con la adaptación a la pantalla en marcha, entonces sí, las mismas visionarias editoriales que le habían rechazado el manuscrito cuando era un don nadie se rifaron a Andy Weir. La novela se tradujo en 40 países y vendió más de tres millones de ejemplares. Lo dicho, un cuento de hadas hecho realidad.

Weir publicó una segunda novela, Artemisa, esta vez situada en la Luna y que no se ha llevado al cine. Con la tercera, Proyecto Hail Mary, publicada en mayo de 2021, entró una semana después de su aparición en la lista de más vendidos del New York Times. Y ahora llega la película. A este escritor se lo suele meter dentro de lo que se denomina hard science fiction (ciencia ficción dura). Los miembros de esta corriente —formada en su mayoría por escritores con algún tipo de bagaje científico, como el clásico Arthur C. Clarke— se toman la molestia de construir escenarios científicamente plausibles, aunque al final tiren de imaginación. Porque, a día de hoy, los viajes a otros planetas no pasan de ser una hipótesis que plantea serios problemas, desde los efectos de la radiación hasta el tiempo requerido por este tipo de misiones.

En Proyecto Hail Mary, Weir hace un despliegue de pretendida seriedad científica. Por ejemplo, crea una rotación de efecto centrífugo para justificar la presencia de gravedad en la nave, detalle que se mantiene en la película. Y pone empeño en imaginar un extraterrestre plausible procedente de un planeta real, llamado 40 Eridani. En la novela se dan montones de detalles sobre la atmósfera, la gravedad y la temperatura de ese entorno, y a partir de ahí el autor perfila qué forma de vida inteligente podría desarrollarse en esas condiciones. El resultado es un ser de lo más peculiar, una suerte de ente rocoso con cinco extremidades, sin rostro ni ojos, capaz de ver a través de las ondas sonoras. Es como un cangrejo o una araña de piedra.

Ryan Gosling y Sandra Hüller en ‘Proyecto Salvación’. | Sony Pictures

Sin pretensiones metafísicas

Uno de los méritos de la película es conseguir que este ser tan raro resulte simpático y hasta entrañable. Eso sí, como en pantalla no hay tiempo para largas explicaciones, se opta por la vía expeditiva en ciertos asuntos. Por ejemplo, Gosling y su nuevo amigo logran comunicarse a través de un software de traducción de lenguajes con una rapidez inaudita. Y el tema de las distintas atmósferas que requieren uno y otro para sobrevivir (la del extraterrestre es de altas temperaturas y rica en amoniaco) se resuelve mediante unos envoltorios protectores sobre cuyo funcionamiento mejor no hacer muchas preguntas. De modo que, aunque el autor pertenezca a la corriente de la hard science fiction, diría que un astrofísico que vea la película esbozará alguna que otra sonrisa malévola.

Proyecto Salvación funciona como aventura espacial visualmente deslumbrante —si pueden, véanla en IMAX—, aunque un poco lastrada por la excesiva duración; supera las dos horas y media, de forma innecesaria. Y se sostiene en gran parte gracias al encanto y empeño de Ryan Gosling, que se pasa la mayor parte del metraje solo o acompañado por su peculiar compinche extraterrestre. También rema a favor el talento actoral de la alemana Sandra Hüller, en el papel secundario de la científica que encabeza la misión para salvar la Tierra. La estructura de la película alterna dos tiempos: el astronauta que despierta solo en una nave -sus dos compañeros han muerto en la hibernación-, sin saber muy bien dónde está y qué hace allí, y una sucesión de flashbacks que reconstruyen el origen de la misión y cómo ha acabado él allí.

Proyecto Salvación no se adentra en las profundidades metafísicas de obras mayores como Interestelar de Nolan o La llegada de Villeneuve. Sí plantea la angustia existencial de que toda misión al espacio lejano es suicida, algo que también estaba presente, de un modo angustiante, en la infravalorada Sunshine de Danny Boyle. Aunque aquí hay un giro final en positivo. Porque, por encima de todo, la película es una suerte de buddy movie espacial. Su centro de gravedad es la amistad y colaboración entre el solitario astronauta y el alienígena de aspecto rocoso. Si funciona en pantalla, es gracias a Gosling y a que, en lugar de tirar de efectos digitales para visualizar al extraterrestre, se optó por un títere articulado manejado por un especialista. De modo que el actor no interactuaba con una pantalla verde de croma, sino con una presencia real. Y eso ayuda a crear una complicidad verosímil y cálida entre ambos náufragos del espacio.

El guion es de Drew Goddard —algunos malvados se refieren a él como «el Godard bueno de verdad», aunque él lleva una “d” doble en el apellido—, director de inteligentes películas de género como La cabaña en el bosque y Malos tiempos en El Royal. Y dirigen Phil Lord y Christopher Miller, que vienen del cine de animación y la comedia, con lo que, más que la tensión dramática o las complejidades científicas, lo que mejor se les da es mostrar la complicidad y los malentendidos entre un ser humano y un extraterrestre. La impresionante fotografía es de Greig Fraser, el responsable del Dune de Villeneuve (el estreno de cuya tercera y última parte está anunciado para diciembre de este año).

Y permítanme un apunte final: junto con este espectacular y entretenido estreno hollywoodiense para la Semana Santa, llega a los cines una película mucho más pequeña, austera y sombría que nos habla no del futuro, sino del pasado: Dos fiscales, del ucraniano de origen bielorruso Sergei Loznitsa. Aborda los años del gran terror estalinista con un rigor formal y una parsimonia que combinan una puesta en escena deudora de Robert Bresson y un clima de metódica pesadilla burocrática que nos lleva directamente a Kafka. Las desventuras de un joven e ingenuo fiscal que cree en la justicia y la revolución y lleva hasta su máximo superior jerárquico las quejas de un preso político torturado recuerdan a las del agrimensor K de El castillo. Dos fiscales es una película exigente y vocacionalmente minoritaria, pero que merecería no pasar desapercibida, tanto por el tema que aborda como, sobre todo, por la inteligencia con la que lo hace.

Publicidad