Quizá compensa ser buena persona... como Pereira
Antonio Tabucchi no requería de más 200 páginas para escribir una historia tan sencilla como absorbente

El escritor Antonio Tabucchi. | Wikimedia Commons
Una confesión pública es impudorosa, pero inocultable para quien pretende ser valorado por la sinceridad de su crítica, en este caso literaria. Confieso que no conocía a Antonio Tabucchi. Ninguno de sus libros, todos publicados por Anagrama, había caído en mis manos. Estaba en el estante más alto, de la librería, pero de semi-puntillas lo extraje y me llamó la atención: Sostiene Pereira. En la contraportada el editor apuesta fuerte: «Con esta novela, una de las cumbres de la literatura de las últimas décadas, Antonio Tabucchi logró la unanimidad de la crítica, los más prestigiosos galardones y la respuesta masiva de los lectores». Imposible no devorarlo como hice. Y no hay publicidad engañosa, ni exagerada hipérbole mayestática del responsable de marketing de la editorial. Una obra maestra, imprescindible, y además contenida en poco menos de 200 páginas. Tabucchi no requería de más letras para escribir una historia tan sencilla en las formas como absorbente en su discurrir.
El personaje solo tiene apellido, Pereira, un periodista ya entrado en años que, tras una larga carrera de cronista de sucesos, asume la delicada responsabilidad de la sección cultural de un periódico vespertino, Lisboa. Es viudo, aunque logra comunicarse con su esposa a través de su retrato al que cuenta sus cuitas y dudas y del que demanda consejo. Vive muy austeramente y sus movimientos son recurrentes: su modesto pisito, el no menos sencillo en el que se encuentra la redacción, el bar Orquídea en el que come a diario la omelette a las finas hierbas.
Encuadramos al personaje en la capital de Portugal en 1938. Oliveira Salazar había llegado al poder en 1932 y como primer ministro, impulsó de inmediato la redacción de una Constitución que fue plebiscitada en 1933, dando lugar al nacimiento del llamado Estado Novo, que no era otra cosa que una férrea dictadura que llegaría hasta la Revolución de los Claveles, el 25 de abril de 1974. Aunque con alguna pequeña diferencia en el tiempo, el paralelismo en España es inequívoco.
Pues bien, aquellos años Portugal vivía un ambiente opresivo, no ya solo para la libertad de expresión sino incluso para la misma de pensamiento: escuchas, censura previa, delaciones, informadores policiales por doquier… Pereira se refugia en su página cultural que dedica a reproducir cuentos de autores franceses que él mismo traduce, como Balzac, Daudet o Bernanos, y a preparar necrológicas anticipadas.
Despertar
Un joven licenciado irrumpe en la monótona y redundante vida de Pereira. Aunque no comparte prácticamente nada del osado joven, se va dejando cautivar por él, por su atrevimiento y su rebeldía. Le ayuda tanto en las propuestas más peligrosas en aquel Portugal oscuro en el que el control del Estado está penetra en todos los poros. Quizás en «la confederación de las almas» aparece otro yo que estaba retraído o adormilado, y Pereira acaba por encontrarlo, arrepintiéndose de todo su pasado y sacrificando su futuro.
Pereira aprendió del joven filósofo su compromiso con la vida. En Pereira, el vitalismo, el deseo, la curiosidad se habían diluido y renacen gracias a la cercanía de Montero Rossi, que provoca en él un despertar abierto a una etapa tan nueva como apasionante. El joven, presuntamente inmaduro, es un revulsivo para el adulto, supuestamente maduro.
Antonio Tabucchi nació en Pisa, pero aun siendo italiano por los cuatro costados convive con su alma portuguesa, cuya lengua y literatura le cautivaron de un nombre inolvidable: Fernando Pessoa, el más universal de los poetas del país vecino, al que Bloom bautizó como «Whitman renacido». En Tabucchi nació el personaje de Pereira, azarosamente, por la lectura de un periódico lisboeta en el que da cuenta del fallecimiento de un periodista que estuvo exiliado en París durante la dictadura salazarista. Hasta aquí debo leer, pues sería tanto como ayudar a desvelar no poca parte de la historia de una magnífica persona, aún poco valorada, pero que sigue mereciendo la pena.
