Yasmina Reza reúne un catálogo de tristezas juzgadas en tribunales franceses
La periodista, escritora y dramaturga recoge en el libro ‘Casos reales’ notas de diferentes juicios

Yasmina Reza. | Wikipedia
Periodista, escritora y dramaturga aclamada en todo el mundo, Yasmina Reza (París, 1959) se declara amante de los hechos reales, esos sucesos que inspiran lo mismo al periodismo literario, que a novelas y películas. Fascinada por la mecánica de la Justicia en la que tantas personas se ven atrapadas, la escritora pasó más de 15 años tomando notas de juicios en diferentes judicaturas francesas. Asesinatos, delitos sexuales, estafas… El resultado de esas sesiones, «un catálogo de tristezas y de gente a la que la tragedia ha desbaratado su existencia», lleva por título Casos reales (Alfaguara). «He visto en los tribunales el juicio de la vida y sus imperfecciones», cuenta la autora en el libro recién publicado para justificar su fascinación por la crónica judicial.
Buena lectora del género y amante de las novelas detectivescas, Reza dedica Casos reales a los periodistas de tribunales Pascale Robert-Diard (Le Monde) y Stéphane Durant-Souffland (Le Figaro), «amigos y maestros». Más que juzgar, describe lo que ve, sin abusar de los adjetivos y recreando detalles en una mezcla de ternura y cotidianidad. La autora de obras como Arte o Un dios salvaje, representadas en teatros de todo el mundo y llevadas al cine por Roman Polanski, sitúa a sus personajes enmarcados en un escenario teatral. Entre familiares, jueces, abogados, acusados y víctimas, la autora busca, bajo la premisa de la ley, eso tan efímero que se llama verdad. ¿El mal puede explicarse? Sabe que eso tan manido de la objetividad no existe y que cada escritor deja su impronta, pero no se separa de los hechos. Desde el banco donde se sienta como testigo, frente a la maquinaria de la Justicia, ve como se desnuda a los reos. Mirar forma parte también del periodismo. Y es, precisamente, en esos momentos de vulnerabilidad —en los que se exhibe ante el tribunal el pasado, los desastres y las calamidades de los reos— donde encuentra algún rasgo del alma de las personas.
Casos reales se construye a base de piezas cortas, poco más de medio centenar de historias, algunas resueltas en un folio escaso mientras que la más larga no sobrepasa los diez folios. Brevedad y precisión. Amargura y sentido del humor. La técnica para describir cada una de las historias no varía en exceso. Descripción del suceso, declaraciones, apariencia física y vestuario de los implicados, todo ello plagado de detalles y trufado de sus atinadas deducciones, una especie de moraleja ante lo acontecido.
Como ejemplo, unas notas sobre una vista oral celebrada en Toulouse en 2018. Édith Scaravetti mató en plena noche a su marido, Lauren Baca, de un tiro en la sien con una carabina 22 Long Rifle. Tras el suceso, la autora dirige su mirada al entorno y la personalidad de los implicados. A la asesina la describe «con el pelo negro recogido, el cuerpo engurruñido, como helado, Édith mira fijamente un punto situado poco más allá de sus zapatos». Ella era auxiliar de enfermería y él trapicheaba, instalaba electrodomésticos en negro. Para unos, alcohol de la mañana a la noche, porros, coca, carácter obsesivo, violencia. Para otros, su madre: «Puro amor». Reza se recrea en escenas como que la psicóloga declare en bermudas y zapatos de charol o que el perito en balística se presente con un cráneo metido en una bolsa de plástico del supermercado Prodit. Como colofón concluye que la vida de la pareja es impenetrable en «una formación social que se afana en callar o deformar la realidad».
No falta, entre los sucesos elegidos, un litigio sobre la violencia de género, centrado en un caso de falsa personalidad en las webs de contactos en Montpellier. En la foto de su perfil, el reo muestra un trasunto de Richard Gere con bufanda de cachemir. Más de 300 mujeres entablaron conversaciones con el acusado, pero algunas optaron por algo más picante. A esas les propone un juego: usar un antifaz del que no pueden desprenderse. Las ata a la cama y ninguna tiene queja del desempeño sexual. Muchas incluso repitieron, pero dos de sus amantes se quitaron el velo antes de tiempo y, al descubrir el verdadero rostro de su adorado al otro lado de la cama, huyeron espantadas y lo acusaron de «violación por sorpresa (concepto reciente y difícil de aprehender)». Como colofón, Reza constata la mediocridad del tribunal y concluye que el exceso de exposición actual sobre estos temas puede llegar a deslumbrar.
La indefensión de la vejez también se juzga. Una anciana que fue una figura destacada de la Resistencia, torturada por la Gestapo, corresponsal de guerra, poeta y una auténtica heroína, contra una mujercilla anónima acusada de abuso de confianza contra una persona vulnerable. Su conclusión es que los héroes no se prolongan en el tiempo: «De la cama al sillón del salón, con pantuflas de Etam en los pies, los héroes acaban viviendo como cualquiera. Afrontan las mismas miserias, se rodean de quien acaricia su vanidad y de paso a veces los despluma».
Entre los procesos penales no podía faltar el de Nicolas Sarkozy por una presunta financiación libia en el Tribunal Correccional de París en diciembre de 2022. Reza lo conoce bien. Retrató al expresidente francés en Al alba, la tarde y la noche (Anagrama) cuando se presentó como candidato a la presidencia. El libro se publicó en agosto de 2007, y no había vuelto a verlo desde entonces. En el primer receso de la vista, el político se acerca a Reza comiendo una galleta de chocolate:
—¿Quieres una?
—Sí, gracias.
«Rebusca en su maletín y me ofrece una Petit Écolier de Lu. Le hago preguntas sobre su nueva familia, que no conozco, e intercambiamos fórmulas de cortesía sin dejar de mordisquear nuestras galletas con chocolate». Pero en Casos reales no todo son enjuiciamientos criminales. En paralelo a los procedimientos a los que acude, la escritora también se expone al juicio del lector. Mezcla escenas cotidianas, ambientadas en París y en Venecia —donde tiene una casa—, sacadas de su propia vida y su familia. No quería, ha asegurado en algunas entrevistas, limitarse a los juicios donde todo el mundo es observable ni estar al margen de la vida. Nada es ajeno a lo que ocurre fuera. Entre otras historias, escribe sobre la claudicación de la vejez, desvela una escena callejera que sugiere un abuso, visita una librería que cierra en Venecia y comparte hasta su sorpresa por esa colección de revistas que su marido se empeña en guardar entre traslados. Y cita encuentros con algunos de sus amigos más célebres como Kertesz, Calasso y Kundera (entre los muertos, tiene bastantes amigos). Ahora está leyendo El fin del homo sovieticus de la periodista Svetlana Aleksiévich, uno de los títulos más deslumbrantes del periodismo literario.
