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Música

Marina Abramović estrena 'Balkan Erotic Epic' en el Liceu

Una experiencia inmersiva de cuatro horas sobre erotismo, memoria y tradición balcánica de la antigua Yugoslavia

Marina Abramović estrena ‘Balkan Erotic Epic’ en el Liceu

'Balkan Erotic Epic' de Marina Abramović en el Liceu de Barcelona. | © Marco Anelli

Balkan Erotic Epic llega al Gran Teatre del Liceu como una pieza pensada para romper el modo habitual de asistir a un espectáculo. La mayor artista del performance, Marina Abramović (Belgrado, 1946), estrena en Barcelona la versión teatral de una de sus creaciones más ambiciosas: un «ritual» de unas cuatro horas estructurado en 13 escenas, con acciones simultáneas y libertad de movimiento para el público, que podrá entrar y salir de la sala durante la representación. El dispositivo performático incluye, además, el precinto de los teléfonos móviles y la restricción de acceso a mayores de 18 años por la presencia de desnudos integrales y escenas sexuales simuladas. 

La propuesta se presenta entre el 24 y el 30 de enero, se anuncia como estreno teatral de Balkan Erotic Epic en un teatro «a la italiana», con el Liceu convertido en un espacio más cercano a la experiencia inmersiva que a la función frontal tradicional. Abramović firma la creación y la dirección de concepto y diseño, con coreografía de Blenard Azizaj y música de Marko Nikodijević, en un formato que cruza performance, danza, teatro, música y elementos audiovisuales. 

La obra nace de una investigación de largo recorrido sobre mitos, tradiciones y rituales de distintos territorios balcánicos. La artista explicó que el reto ha sido recuperar prácticas antiguas vinculadas al cuerpo, la fertilidad, el duelo o la relación con la naturaleza y ofrecerlas al público contemporáneo desde un marco escénico que no las trate como curiosidad etnográfica, sino como una forma de pensamiento físico. En su planteamiento, el erotismo no funciona como adorno ni como provocación aislada: es una energía y un lenguaje que atraviesa la vida y la muerte. 

Esa intención se ve desde el inicio. El acceso al mundo de Balkan Erotic Epic se abre con músicos que se desplazan por el espacio tocando una mezcla de instrumentos de viento, metal e instrumentos tradicionales de los Balcanes. A partir de ahí, el espectáculo arranca con un lamento fúnebre por Josip Broz Tito, figura que Abramović sitúa como símbolo de un ciclo personal y colectivo: el final de un país que ya no existe, el fin de una época y una herida identitaria que, según relató, sigue acompañándola. 

El recorrido por las 13 escenas combina imágenes arcaicas con una construcción teatral contemporánea. Entre los episodios centrales aparece Breast Massage, donde mujeres gesticulan sobre tumbas «para despertar la tierra», y Scaring the Gods, una acción en la que se muestran al cielo para ahuyentar tormentas que impedirían la siembra. Abramović insistió en que su objetivo es «elevar» el cuerpo humano hacia un sentido poético y combatir la lectura automática que asocia desnudez con pornografía, especialmente cuando se trata del cuerpo de la mujer

La violencia y el deseo

Hay también escenas que conectan el rito con la historia social de la región. En The Knife Dance aparece una danza tradicional con cuchillos vinculada a las «vírgenes juradas» (burrnesha), mujeres que asumían roles masculinos en su comunidad bajo un voto de castidad. Y en Black Wedding conviven el canto y el duelo: la cantante Dragana Jovanović interpretará un lamento fúnebre mientras parejas ejecutan una danza tradicional. A lo largo de la experiencia, la performer Elke Luyten actúa como narradora y guía, introduciendo claves mitológicas en un espectáculo que no se explica con una trama lineal, sino con acumulación de imágenes, ritmo y presencia física. 

Abramović remarca que esta pieza no es solo una exploración de erotismo, sino también de tensiones y contradicciones culturales: la vergüenza, el poder, la violencia, el deseo y el modo en que el cuerpo absorbe la historia. El Liceu lo presenta como un espectáculo sensorial y feminista, donde el cuerpo se reivindica como espacio de «poder, misterio y transformación». 

En la rueda de prensa, la artista subrayó el componente autobiográfico que atraviesa la obra y que, en Barcelona, adquiere un peso emocional particular. Una figura clave es su madre convertida aquí en personaje e interpretada por actrices: una mujer estricta, comunista convencida y heroína de guerra, cuya relación con Abramović estuvo marcada por la disciplina y la ausencia de gestos afectivos. En escena, Abramović imagina a esa madre «entregándose» a lo que en vida reprimió —la pasión, el sexo, las emociones— y definió ese gesto como una liberación personal y un proceso terapéutico. Este proceso es una especie de triple retorno «al origen del mundo», dice en referencia al famoso cuadro de Gustave Courbet, porque el triplete implica su casa, Yugoslavia, su madre y el sexo.

La pieza también marca una ampliación de herramientas en el universo Abramović. Junto a la performance, incorpora de forma explícita danza, teatro, música electrónica, banda en directo, cantantes, proyecciones audiovisuales y animación, con la voluntad de presentar una obra total, exigente para el público, pero diseñada como experiencia única más que como espectáculo de consumo rápido. En su discurso, el tiempo prolongado y la repetición no son exceso: son parte del método para alcanzar presencia y transformar la percepción del espectador. 

Balkan Erotic Epic se entiende mejor como la performer lo ha explicado en la rueda de prensa: si el público acepta sus reglas y deja el control, verá que no es una función para mirar a distancia, sino para que atraviese. Habrá momentos de humor y de incomodidad, de belleza y de choque, y un uso deliberado del desnudo que no busca el escándalo fácil, sino interrogar qué hacemos hoy con el cuerpo, qué le permitimos, qué le prohibimos, qué significados le imponemos, dentro y fuera de la escena. Esa pregunta, repetida a lo largo de cuatro horas, es el corazón del estreno de Abramović en el Liceu.

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