La dureza del Bernabéu y la llegada de Arbeloa rescatan la mejor versión de Vinícius
La cercanía del Mundial y su renovación en el horizonte también parecen afectar al rendimiento del brasileño

Vinicius Jr. durante un partido. | Tomás Garrido (Zuma Press)
A Vini Junior, definitivamente, le va la marcha. Solo así alcanzo a explicar cómo, en el momento más convulso entre la grada y el jugador y con su renovación en punto muerto, el brasileño ha empezado a mostrar ramalazos de su mejor versión.
Un avezado madridista podría argumentar que todavía está lejos de aquel excelso Vinícius de 2024, y no le faltaría razón, pero tampoco podría negar que el Vini de estos 34 días de existencia de 2026 es mucho mejor que el que penó por los terrenos de juego durante todo 2025.
Y es que, a pesar del errante devenir del Real Madrid en el mes de enero, Vinícius nos ha dejado ya una colección de highlights para el recuerdo: su golazo frente al Barça en Arabia, el escuadrazo y hat-trick de asistencias ante el Mónaco en la Champions League y su obra de arte del domingo contra el Rayo Vallecano.
Una tendencia que, por muy romántico que suene, no puede sustentarse simplemente desde la motivación del inconforme a la que al inicio hacía referencia y con la que tantas veces nos han callado la boca las estrellas del deporte. Tiene que haber algo más. Y vamos a tratar de explicarlo.
Callar a los críticos
No sin antes insistir en que lo primero es la vocación de silenciar a los críticos. Esto es humano y, hasta hace 15 días, algo simplemente anecdótico para el carioca. Porque Vini había escuchado silbidos del Bernabéu, sí, pero tímidos, muy al comienzo, con cero galones y todo por demostrar. La pitada del día del Levante fue otra cosa. Significó un señalamiento del minuto 1 al 90, donde tus propios aficionados establecieron una escala de culpabilidad en la que tú eras el primer y principal damnificado por no estar a la altura.
Con el Mónaco, el 7 sacó su mejor versión y gran parte del público demostró estar deseoso de perdonarle, brindándole una sonora ovación. Vinícius seguía picado y no celebró ni interactuó con la tribuna al marcar, algo radicalmente opuesto a lo de este fin de semana contra los vallecanos.
Y eso que la tarde empezó calentita. Sonora pitada en la alineación y más gente chiflando al tocar sus primeros balones. Entonces llegó el zambombazo al ángulo, los besos al escudo y, por fin, la interacción con la grada: «¡Vamos, caralho! ¡Ya está, caralho, estamos jugando!». Así gritaba Vini mientras agitaba los brazos arriba y abajo, pidiendo al madridismo que olvidara ya las críticas y los apoyara.
El apoyo de Arbeloa
Una reacción en positivo a los pitos en la que, sin duda, ha tenido que ver su segunda motivación más inmediata: Álvaro Arbeloa. El técnico salmantino ha cerrado filas desde el minuto uno con su estrella, elevándolo al estatus de «intocable». Prueba de ello es que lleva seis partidos en el cargo y ha disputado todos y cada uno de los minutos. Ni suplencias ni sustituciones como en la etapa de Alonso. Si Vini está disponible, Vini está sobre el césped.
La cercanía del Mundial 2026
Algo fundamental para alcanzar el pico de forma idóneo pensando en lo que viene por delante. Y no hablo solo de la Liga y la Copa de Europa en clave Real Madrid; me refiero al tercer argumento al que se agarra Vinícius: la cercanía del Mundial de 2026. En solo cinco meses llega la cita con la que sueña todo futbolista —y más un brasileño— desde niño y en la que Vinícius aspira a salir campeón, dirigido por el técnico que mejor le ha entendido en su carrera, Carlo Ancelotti.
Vini sabe que todo el planeta fútbol estará mirando y que lo sucedido allí puede ser clave en su futuro más inmediato, haya renovado o no para entonces con la entidad de Concha Espina.
La renovación soñada
Creo no equivocarme al asegurar que en solucionar su estancada renovación puede estar el principal estímulo de Vinícius, al mismo tiempo que el fin a muchos de los problemas del Real Madrid. Las posturas de las partes, a nivel de intención, siguen claras. El club quiere que Vinícius renueve y el canarinho transmite en público («Quiero seguir aquí mucho tiempo. Confío en el presi y él en mí») y en privado que quiere continuar en La Castellana. El problema es que, de momento, no se llega a un acuerdo económico. El jugador sueña con algo que se acerque a los 30 kilos, mientras que el Madrid ofrece poco más de 20.
Urge encontrar un punto de encuentro, porque si la soñada firma sigue sin producirse, ni todos los avisos de Chamartín ni los cariños de Arbeloa serán capaces de enderezar el rumbo por mucho tiempo.
