Inyecciones de ácido hialurónico en el pene: la polémica en los Juegos Olímpicos de Invierno
La AMA investigará las sospechas que ayudan a obtener una ventaja competitiva a los saltadores de esquí

El austriaco Daniel Tschofenig practicando un salto de esquí para los Juegos Olímpicos de Invierno | Kacper Pempel (Reuters)
Posible escándalo a las puertas de empezar. Los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina 2026, que reúnen a más de 3.500 deportistas de 95 países en 15 sedes del norte de Italia, comienzan oficialmente este viernes con la ceremonia de inauguración en el estadio San Siro de la ciudad. Aunque antes dar el primer salto, ha surgido la primera polémica.
Si en los Juegos Olímpicos de París 2024 la gran polémica fue la boxeadora argelina Imane Khelif, la cual ha defendido en una entrevista al L’Equipe que «no soy transexual, soy una mujer». Ahora la controversia se traslada a los saltadores de esquí con una supuesta práctica que les permite tener ventaja. Es por eso que, La Agencia Mundial Antidopaje (AMA) ha confirmado que investigará las sospechas de que los deportistas de salto de esquí utilizan inyecciones en el pene para obtener ventaja competitiva, pero solo si se presenta una denuncia formal.
La BBC y The Athletic publicaron quela AMA estará muy atenta en los Juegos Olímpicos de Invierno Milán-Cortina d’Ampezzo 2026 a la posibilidad de que saltadores de esquí masculinos se inyecten ácido hialurónico en el pene para mejorar su rendimiento deportivo. Aunque esto viene de lejos, ya que hace unas semanas saltó el escándalo cuando Bild destapó que saltadores se inyectaban ácido hialurónico en el pene antes de medirse sus trajes, donde la Federación Internacional de Esquí (FIS) ha endurecido los controles.
Así funcionan las inyecciones de ácido hialurónico
El ácido hialurónico, cuyo uso no está vetado en el ámbito deportivo, puede emplearse para incrementar el perímetro del pene entre uno y dos centímetros. Este aumento supondría una mayor superficie en los trajes durante la competición, algo que, de acuerdo con la FIS (Federación Internacional de Esquí y Snowboard), podría traducirse en una mejora de la capacidad de vuelo.
Antes de cada temporada, los saltadores de esquí son sometidos a mediciones corporales mediante escáneres 3D, para lo cual deben vestir únicamente ropa interior elástica y ceñida al cuerpo. La normativa indica que los trajes solo pueden presentar una holgura limitada, de entre dos y cuatro centímetros, donde también se toma como referencia la distancia de la entrepierna. En el caso de los hombres, la longitud de la entrepierna del traje debe corresponderse con la del atleta, permitiéndose un margen adicional de tres centímetros.
En el salto de esquí, adoptar la posición en V con los esquís abiertos permite aumentar la resistencia al aire. Un mayor volumen del traje en la zona de la ingle funciona como una superficie extra, lo que ayuda a alargar el tiempo en el aire y la longitud del salto. Sandro Pertile, representante de la FIS, lo resumió así: «Cada centímetro extra en un traje cuenta. Si tu traje tiene una superficie un 5 % mayor, vuelas más lejos».
Este tipo de ventaja no influye en el peso del deportista, un factor decisivo, especialmente en atletas por debajo de los 60 kilos, pero sí modifica el comportamiento aerodinámico del traje, un aspecto que la normativa controla con especial rigor desde 2019, tras el caso de dopaje noruego relacionado con el gel Leki.
No es la primera vez
En años anteriores, cuando las mediciones se realizaban de forma manual, al parecer existía un mayor margen para cometer irregularidades. Presuntamente, algunos deportistas recurrían al uso de preservativos rellenos de silicona para obtener unos milímetros extra durante el proceso de medición.
Las sospechas de irregularidades en el salto de esquí no son nuevas. En marzo de 2025, cinco deportistas noruegos junto a tres integrantes de su cuerpo técnico fueron sancionados tras detectarse manipulaciones en los trajes utilizados en competición. A raíz de este caso, la Federación Internacional de Esquí y Snowboard (FIS) actualizó la normativa e implantó una política de tolerancia cero frente a cualquier alteración del equipamiento.
Meses después, en agosto, los campeones olímpicos noruegos Marius Lindvik y Johann Andre Forfang aceptaron una suspensión de tres meses por la alteración de datos durante el Campeonato Mundial de Trondheim, celebrado en marzo. Aunque la investigación concluyó que los atletas no eran conscientes de dichas prácticas, la FIS sostuvo que su equipo técnico “intentó engañar al sistema” mediante la incorporación de cables reforzados en el material.
