The Objective
Fórmula 1

Fernando Alonso y Carlos Sainz ya tienen coche para atacar el mundial de Fórmula 1

Los españoles rodarán con sus nuevos coches en los test de esta semana en Bahréin

Fernando Alonso y Carlos Sainz ya tienen coche para atacar el mundial de Fórmula 1

El nuevo Aston Martin AMR26 diseñado por Adrian Newey que pilotará Fernando Alonso esta temporada.

Ya tienen coche. Aún no sabemos si son rápidos, si podrán superar al resto de la jauría o si será posible ganar con ellos. Lo que sí sabemos es que, tanto para Fernando Alonso como para Carlos Sainz, sus nuevas mecánicas, el AMR26 como el FW48, deberían llevarles más allá de donde pudieron llegar el año pasado. Es lo que dicta la lógica, aunque habrá que esperar a que hable el cronómetro.

Es la temporada más compleja en décadas. Cambia el tamaño de los coches, cambia el peso, cambia el motor, cambia su batería, cambia la aerodinámica y cambia hasta la gasolina. La catarata de retos a los que se enfrentan las escuderías es de orden mayor y, con las mismas reglas para todos, será un título que no se lo lleven necesariamente los más rápidos, sino los más eficaces, los que antes den con soluciones y liquiden sus problemas con solvencia.

En el caso de los españoles, correrán bajo los mismos colores del año pasado, pero con dos planes muy alejados. En el caso de Alonso, su presentación no es un simple acto de protocolo. El AMR26 supone un cambio de orden mayor en el devenir de su escudería. Es el primero concebido bajo el mandato técnico de Adrian Newey. Si el ingeniero de los 25 títulos llega de nuevas al equipo verde, para Alonso podría ser su último año en la categoría, la última oportunidad de recaudar un tercer título o, al menos, su esperada victoria número 33.

El equipo de Silverstone eligió Arabia Saudí para desvelar su nuevo coche, un escenario alineado con su principal patrocinador, Aramco. El AMR26 apareció envuelto en un verde británico que vuelve a ganar presencia tras años de fibra desnuda y una regulación que exige más pintura.

Bajo esa carrocería se percibe la mano de Newey desde lejos. Ya visto en los test a puerta cerrada de Montmeló, es un coche compacto, atrevido en sus soluciones aerodinámicas y con decisiones que hacen revolverse en sus asientos a ingenieros de otros equipos. Suspensiones colocadas donde no deberían estar, tomas de aire reducidas al límite y un concepto global pensado para crecer y con miras a evoluciones. No es un monoplaza terminado, sino una base con recorrido, una idea embrionaria de lo que puede ser un coche dominador.

El propio piloto asturiano ha sido claro al expresarse tras sus primeras vueltas. Hay trabajo por hacer, ajustes de refrigeración y vibraciones que corregir o detalles de ergonomía que afinar. Nada fuera de lo normal en un estreno, pero suficiente para confirmar que el AMR26 exige lectura y kilómetros. Alonso no parece inquieto. Muy al contrario, su discurso transmite la calma de quien sabe interpretar coches incompletos y convertirlos en resultados.

La gran diferencia con etapas anteriores es el contexto. Este Aston Martin no nace para sobrevivir en la zona media, sino para aspirar a victorias si las piezas encajan. La asociación plena y de suministro prioritario con Honda, y una estructura que empieza ya a estar asentada, colocan al equipo en un punto inédito. No es el favorito, pero tampoco el aspirante ingenuo. Está en tierra de nadie, ese lugar incómodo desde el que te puedes despeñar o dar el salto. Debería ser lo segundo.

Y ese es el escenario donde aparece el mejor Alonso. Si el coche se acerca, no necesitará adaptación. La experiencia acumulada en dos décadas le permite leer carreras que otros solo corren. Pero también flota una pregunta que nadie formula de forma directa. ¿Será este su último año? El rendimiento del AMR26 marcará la respuesta.

Mientras tanto, a unos cientos de kilómetros, Williams ha iniciado una historia muy distinta con el FW48. Sin grandes escenarios ni discursos épicos, el equipo de Grove ha puesto su coche en pista con discreción y pragmatismo. Retrasaron su aterrizaje sobre el asfalto y fallaron en tres pruebas de choque antes de poner su coche en pista. La lectura es que van muy al límite, lo que siempre resulta interesante. Y para Williams Racing, este monoplaza no representa un ataque a un título que se antoja lejano, sino un paso firme hacia la consolidación tras años grisáceos.

Retrasos justificados

El madrileño dejó destellos de brillantez el año pasado en su primera temporada con Williams. De su mano llegaron dos podios, cuando el mejor resultado el año previo fue un séptimo puesto. La cosa marcha. En cuanto a su monoplaza, el FW48 se ha dejado ver poco, pero lo suficiente para despertar interés técnico. Su suspensión delantera ha sido señalada como uno de los elementos más trabajados, que parece buscar los límites aunque implique asumir riesgos. James Vowles lo ha reconocido sin rodeos. Este año han forzado la máquina. No todo ha llegado a tiempo, pero prefieren fallar así antes que repetir inercias pasadas.

Para Sainz, este contexto encaja bien con su perfil. No necesita un coche ganador para rendir: necesita un proyecto al que aportar su hacer y criterio. Su capacidad para trabajar con ingenieros, interpretar datos y sostener el rendimiento domingo tras domingo es muy apreciada allá por donde pase. Si Williams logra asentarse en el top cinco —sextos el año pasado—, el impacto del español será lógico, aunque no se traduzca en podios constantes.

La comparación entre ambos españoles resulta inevitable, pero también injusta. Alonso y Sainz viven momentos distintos y persiguen objetivos adaptados a su realidad. Uno busca un golpe final, el otro sigue construyendo su recorrido. Uno requiere un coche capaz de ganar con celeridad, el otro ayuda a que su equipo llegue a poder hacerlo. Esa dualidad enriquece la presencia española en la parrilla.

Reglamento revolucionario

El nuevo reglamento introduce una variable extra. Con coches tan distintos y con la gestión energética como factor clave, la jerarquía puede alterarse más de lo habitual, con una gran variabilidad en las primeras citas y con visitas inesperadas al cajón. En ese escenario, la experiencia de Alonso y la inteligencia de carrera de Sainz adquieren un valor añadido. No todo dependerá del coche más rápido, sino del mejor interpretado.

Ambos equipos coinciden en algo. Los monoplazas que llegarán a Melbourne no serán los mismos que se han visto en los primeros test. Habrá evolución, ajustes y correcciones. Aston Martin confía en su potencial de desarrollo; Williams, en la solidez de sus cimientos. La pista dictará sentencia.

Cuando los semáforos rojos se apaguen, Alonso apretará cada resquicio del AMR26 en busca de la victoria que complete el círculo, y Sainz exprimirá el FW48 para llevar a Williams un paso más arriba. Y en ese contraste, entre la épica y la construcción paciente, se jugará buena parte del interés español del campeonato. En 2026, Alonso y Sainz ya tienen coche. Ahora falta saber hasta dónde les permitirá llegar.

La primera tanda de test de pretemporada se celebró en la última semana de enero en la pista de Montmeló. El segundo periodo de pruebas tendrá lugar entre el 11 y el 13 de febrero en el circuito de Shakir, Baréin, y el tercero, cuando tengamos ya una idea aproximada del rendimiento de las mecánicas, del 18 al 20 de este mismo mes. La temporada regular comenzará en Australia el fin de semana entre el 6 y el 8 de marzo.

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