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Economía

Los hoteles vuelven a firmas españolas tras una década en manos de fondos extranjeros

La inversión de carteras internacionales ha protagonizado una caída compensada por el auge de capital nacional

Los hoteles vuelven a firmas españolas tras una década en manos de fondos extranjeros

Hoteles en la Gran Vía de Madrid. | EP

El sector hotelero español vive un notable vuelco en cuanto a la procedencia del capital que lo impulsa: tras años dominadas por inversores foráneos, las firmas nacionales —desde cadenas hasta fórmulas de family office— están recuperando protagonismo. Según diversos consultores inmobiliarios especializados en turismo, España es en este momento el país de Europa que más inversión hotelera recibe, aunque con una curiosa paradoja: la inversión internacional ha descendido, mientras la inversión total se mantiene estable.

Las estimaciones de los especialistas apuntan a que este año la planta hotelera del país atraerá cerca de 4.000 millones de euros, aunque a diferencia de lo que ocurría hace unos años, más de un 60% procede de inversores nacionales. Este protagonismo de los compradores locales ya supone que tres de cada cuatro operaciones las realizan nacionales. En paralelo, los grandes fondos internacionales, especialmente los de tipo value added que entraron hace aproximadamente ocho años, y algunos de los estadounidenses que desembarcaron hace una década, están retirándose o redirigiendo su foco a mercados más rentables o con activos más alineados con su cartera como Grecia y Chipre.

La inversión extranjera en hoteles se ha visto reducida aproximadamente a la mitad en algunos casos, según fuentes de intermediación, que señalan que los inversores internacionales han decidido cerrar sus vehículos iniciales, vender su cartera tras reposicionamientos y no buscar nuevos activos en España con la misma intensidad. En cambio, cadenas hoteleras españolas, empresas patrimonialistas, family offices y pequeños inversores locales están aprovechando el auge turístico de los últimos tres años para lanzar modelos de negocio inmobiliario-hotelero propios o reforzarlos tras unos años de extensión del modelo de separación entre gestión y propiedad.

En los nueve primeros meses de 2025 el volumen de inversión hotelera rozó los 2.800 millones de euros, lo que representa un aumento del 20% respecto al mismo periodo del año anterior. En ese montante, cerca del 64% del total corresponde a carteras nacionales.

Las cadenas españolas que ya tienen presencia fuera encuentran más sencillo invertir al disponer de liquidez y experiencia internacional; las que no han salido se muestran más prudentes y actúan únicamente en el mercado doméstico. En paralelo, se señala que los vehículos de value added de hace siete u ocho años en España ya han vendido muchos hoteles reposicionados, y esos inversores están hoy más motivados por operaciones de core o core plus, que ofrecen rentabilidades más moderadas pero mayor seguridad, perfil más alineado con wealthy families o family offices.

Este cambio de paradigma está favoreciendo la recuperación del control nacional: las grandes operaciones en el sector empiezan a firmarse entre compañías españolas. Al mismo tiempo, España consolida su posición como uno de los destinos europeos más activos en inversión hotelera: supera a Francia e Italia y se sitúa por detrás únicamente del mercado británico. Los números lo confirman: la inversión de 3.330 millones en 2024 y los datos provisionales de 2025 apuntan a que podrían acercarse o superar los 4.000 millones de euros, impulsados principalmente por actores nacionales.

A pesar de este dinamismo, no todas las señales son tan optimistas. El descenso de la participación extranjera implica o que se asume menor riesgo desde fuera o un agotamiento de la oferta de activos que interesan a los inversores, lo que podría limitar la variedad y escala de las operaciones. Además, la elevada liquidez de las cadenas nacionales convive con el reto de mantener rentabilidades elevadas en un contexto de inflación, tipos de interés y competencia creciente. Sin embargo, los indicadores de explotación hotelera acompañan: los ingresos por habitación han crecido un 7% en el último año, y la tarifa media diaria ha ascendido un 6,5% a lo largo del mismo periodo.

Tras una década marcada por la llegada de capital extranjero, la inversión hotelera en España experimenta un claro retorno al protagonismo de las compañías españolas. Este fenómeno se enmarca en un sector que sigue vivo y atractivo para el inversor, pero cuyo perfil está cambiando: menos fondos internacionales, más cadenas y patrimonios locales, y un entorno que combina estabilidad turística y oportunidades de crecimiento. El resultado es una España que lidera en volumen dentro de Europa por el propio impulso interno de sus empresas y abre un nuevo capítulo en la gestión de sus activos hoteleros.

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