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Economía

Inflación, vivienda, IA y guerra comercial: así viene la economía en 2026

España, Europa y el mundo inician el año con varias amenazas para la industria, el comercio y los mercados

Inflación, vivienda, IA y guerra comercial: así viene la economía en 2026

Ilustración de Alejandra Svriz.

¿Cuáles serán las noticias más recurrentes de este año en las páginas salmón? Aunque muchas nos tomarán por sorpresa, resulta probable que entre ellas se encuentren el imparable aumento del coste de vida, las turbulencias macroeconómicas en Europa, la inaccesibilidad de la vivienda, el debate sobre el modelo turístico español, la consolidación de la IA, la guerra arancelaria, las grandes operaciones inversoras en el sector del entretenimiento, las guerras y pugnas por control territorial y de recursos mineros, y la reconfiguración logística.

Según las estimaciones de The Economist Intelligence Unit, España ha cerrado 2025 con un crecimiento económico del 2,8%, una inflación del 2,5% y un superávit en la balanza comercial del 2,7% del PIB, lo que indica que el valor de las importaciones ha superado el de las importaciones, aunque no al mismo nivel de naciones especializadas en productos de mayor valor añadido, como Alemania o Dinamarca. El déficit público se ha situado en un 2,8% del PIB. En su informe para el año que iniciamos, Caixabank Research prevé una consolidación de un ciclo expansivo sólido, acompañada de confianza por parte de hogares, empresas e inversores, aunque esta situación convivirá con una creciente incertidumbre internacional.

El imparable aumento del coste de vida

España se perfila para encabezar el crecimiento del PIB en la eurozona por encima de otras potencias del Viejo Continente, pero el índice de precios del consumidor, si bien ha moderado su crecimiento, mantiene su escalada tras varios años en los que ha subido más rápido que los salarios, lo que implica una pérdida de poder adquisitivo para millones de consumidores, una tendencia que se espera que continúe al menos en los primeros meses de 2026. Todo ello en un año en que Hacienda se prepara para un mayor control digital a los contribuyentes: aumentará el control sobre Bizum, tarjetas virtuales y plataformas de pago para combatir el fraude.

Turbulencias macroeconómicas

La decadencia de la industria europea es una realidad ineludible que el rearme no ha logrado revertir: las inversiones anunciadas para mejorar la defensa ante amenazas como la Rusia de Putin no han alcanzado por ahora la envergadura necesaria para actuar como el revulsivo que el Banco Central Europeo esperaba para la economía continental. Todos los ojos están ahora fijados en esta institución, el BCE, en un momento en que se teme un incremento de los tipos de interés y preocupa el endeudamiento de varios socios de la UE, en particular Alemania por su débil situación económica que podría llegar a arrastrar otros mercados en caso de tropezar.

En España, la evolución de los datos macroeconómicos es más prometedora, aunque no deja de estar sostenida por un crecimiento poblacional aportado por la inmigración. En este escenario, existe riesgo de crecer a costa de producir bajo valor añadido con salarios bajos, y el fin de los Next Generation o de la energía barata tras el gran apagón suponen la retirada de otros dos propulsores del cohete económico.

La inaccesibilidad de la vivienda

El precio de la vivienda ya crece a doble dígito, con un aumento interanual de cerca del 13%, superior al del boom inmobiliario, pero con una diferencia: en vez de una burbuja especulativa, esta vez nos encontramos ante un crecimiento de demanda real por crecimiento poblacional, especialmente en las ciudades más dinámicas del país. Esta demanda no está siendo atendida por una llegada de oferta de nueva construcción en niveles suficientes, de modo que se espera que la situación se cronifique este 2026. La mayoría de expertos son escépticos con las medidas aplicadas por el Gobierno central para contener los precios y reclaman la construcción de más vivienda social o la flexibilización de la normativa del suelo.

El debate del modelo turístico

Uno de los principales motores económicos de España es actualmente el turismo, que ha protagonizado un crecimiento, si bien en muchos destinos este ha estado ligado al low cost. Aunque varias plazas han logrado reforzar el segmento del lujo, la masificación ha provocado presión sobre los residentes, protestas e incluso incidentes de turismofobia. Nada hace pensar que estas tensiones se reduzcan este año.

La consolidación de la IA

La inteligencia artificial ya ha transformado sectores como la programación, la consultoría o el audiovisual, y seguirá desarrollándose en 2026. El foco puede pasar del asombro por los modelos de lenguaje a la implementación práctica en empresas para mejorar la productividad real. Sin embargo, se teme un pinchazo de una burbuja inversora por la posible sobrevaloración de compañías especializadas en esta tecnología. Silicon Valley ha liderado los avances por ahora, con China poniéndose al día. Más recientemente, Arabia Saudí se ha unido a esta carrera en un intento de albergar los centros de datos más baratos del mundo, alimentados por energía solar, lo que podría abaratar los altos costes de la IA.

Un año de guerras comerciales

Los aranceles ya han marcado 2025 y la tensión entre Europa, Estados Unidos y China por los aranceles a productos como coches eléctricos y tecnología será un titular recurrente este año, en un contexto de creciente volatilidad del dólar. No será un año fácil para los fabricantes de automóviles europeos: aunque han logrado flexibilizar la postura de Bruselas sobre la futura prohibición de los coches de combustión, que han vuelto a ganar terreno en mercados como España, podrían quedarse atrás en la venta de eléctricos frente a los fabricantes chinos, que ya han superado el 10% de cuota de mercado en este segmento en el continente. Sin embargo, los problemas demográficos y de consumo interno en China seguirán siendo una preocupación constante para los mercados globales. Como muestra de lo que viene, los aranceles ya se han convertido en un auténtico rompecabezas para los fabricantes y distribuidores de juguetes estas Navidades.

La pugna por liderar el entretenimiento

Es probable que este 2026 el sector del entretenimiento atraiga inversores o protagonice operaciones de consolidación empresarial que impliquen un gran movimiento de capital. Dos muestras recientes de ello son la pugna entre Netflix y Paramount por hacerse con Warner Bros Discovery —una de las joyas de la corona de Hollywood, que incluye la plataforma HBO— o la toma de los derechos de Snoopy por parte de Sony.

Control territorial y de recursos

Las guerras, la reconfiguración logística y el control de los recursos naturales —en particular los minerales— también darán de qué hablar este año. Aunque hay muchas esperanzas depositadas en las negociaciones de paz para Ucrania, Rusia ha dado con una economía de guerra que le podría interesar mantener para reforzar su área de influencia en zonas como el norte de África, en cuyos conflictos ya tiene presencia, al tiempo que diversifica sus exportaciones más allá de los hidrocarburos gracias a su tecnología militar testada en combate. Además, las contiendas bélicas recorren el mundo y pueden tener implicaciones económicas, como podría tenerlo una escalada de la tensión entre China y Taiwán, una isla fundamental para la industria tecnológica mundial.

En paralelo, las nuevas rutas marítimas por el deshielo del Ártico acortan a casi la mitad los envíos desde China hasta Europa, lo que puede incrementar el transporte de mercancías por este camino y reducirlo en el mar Rojo y el canal de Suez, donde las guerras y la piratería complican la llegada de los contenedores. También los recursos naturales serán protagonistas: todas las miradas están pendientes del precio del crudo ahora que Donald Trump ha intensificado su presión sobre el narcotráfico en el Caribe y el régimen de Maduro en Venezuela, el país con mayores reservas del mundo. Mientras tanto, Brasil se prepara para una expansión del negocio petrolero en el Amazonas, y vuelve la carrera entre compañías europeas, estadounidenses, chinas y rusas por controlar explotaciones mineras en continentes como África o Latinoamérica en un momento de creciente interés por las tierras raras.

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