The Objective
La otra cara del dinero

Libre y global para perder tu dinero al número de córners en un partido de la liga moldava

La IA provoca un desmesurado y surrealista crecimiento del lucrativo negocio de las apuestas deportivas online

Libre y global para perder tu dinero al número de córners en un partido de la liga moldava

Un local de apuestas deportivas en Madrid en una imagen de archivo. | EP

Daniel Pennac es un peculiar novelista francés, creador de la saga sobre la familia Malassane, que acaba de concluir con Término Malassène (Random House). Ya explicamos por aquí de qué va. Me quedó en el tintero (y rondándome el inconsciente) una variable de su genialidad narrativa. El villano de la novela: el Yayo, de los mejores que he leído en los últimos tiempos, alecciona a los alumnos de su escuela de delincuentes en lo que su talento y experiencia perciben como la gran veta del crimen actual: las apuestas deportivas.  

Tiene su método. «Dejar de lado a los grandes clubes y organizar apuestas en divisiones menores, en partidos pequeños, en las competiciones de nivel muy modesto, por ejemplo en los partidos amistosos entre pueblos, los que no se retransmiten y que nadie ve, excepto, si acaso, las familias», alecciona. «Y ahí, ¿se puede apostar?», alucina uno de los alumnos. «Sí, pero cantidades muy pequeñas, entre colegas de bar». Entonces, «¿qué sacamos de recoger esas migajas?» La clave está en el número de apostantes: «Eso es lo que tiene que ser enorme, no la cifra de la apuesta». 

La globalización, fíjate… Y la tecnología, claro. «Correcto —dice Yayo—, y gracias a Mehdi y su equipo, nuestros campeones de lo digital, que han sabido poner el Big Data al servicio de los pequeños apostadores, ahora a esos apostadores los tenemos. Cientos de miles. En todo el mundo. Por poner un ejemplo, la semana pasada registramos dos millones de apuestas en el partido entre Solonge y Buguet». Fascinante partido de las más profundas ligas regionales de la Francia más profunda. Usted, querido lector, podría haber apostado ahí. ¡Espabile!

Vamos un poquito más al este. Leo en SportBusiness un reportaje titulado De los datos a las experiencias: cómo Sportradar y la Bundesliga están dando forma al futuro del fútbol. Sportradar se define en su web como «una destacada empresa global de tecnología deportiva que crea experiencias inmersivas para los aficionados al deporte y los apostadores». Se sitúa «en la intersección de las industrias del deporte, los medios de comunicación y las apuestas». Y ofrece a (atentos) «las federaciones deportivas, los medios de noticias, las plataformas de consumo y los operadores de apuestas deportivas una gama de soluciones de primera clase para ayudar a hacer crecer sus negocios». Presume de su asociación con la ATP, la NBA y la WNBA, la NHL, la MLB, la MLS, el PGA TOUR, la UEFA, la FIFA, la CONMEBOL, la AFC y la Bundesliga.

El subtítulo del reportaje cita a su vicepresidente de Fan Engagement [sic], Patrick Mostboeck, que asegura que su asociación con la liga alemana de fútbol «ofrece productos de última generación que reinventan la forma en que los aficionados experimentan el fútbol». La experiencia. Ya no se venden bienes y servicios. Qué antiguo eso. Ahora se comercializan experiencias. ¿Leerán los directores de marketing a Henri Bergson (o, los españoles, por lo menos, a Ortega y Gasset)

Dice SportBusiness que «la tecnología que sustenta la industria del deporte ha evolucionado enormemente desde 2005», al igual que las demandas de los aficionados. Las estadísticas básicas y las actualizaciones de resultados que eran habituales hace 20 años se han transformado en la asombrosa cifra de 3,6 millones de puntos de datos capturados por Sportradar en cada partido de la Bundesliga. Esos son muchos datos. «Además, el proveedor de apuestas deportivas, datos y tecnología ahora ofrece cobertura de más de 150.000 partidos al año en más de 900 ligas». Esos son muchos partidos.   

No sabemos si a Mostboeck le gusta mucho el deporte. A lo mejor sale a correr todos los días por las mañanas, yo qué sé. En el reportaje dice: «Al principio, las apuestas se consideraban un pequeño canal de distribución adicional en la retransmisión deportiva, pero ahora se han convertido en un canal vertical propio». El dinero. El juego. La adrenalina. Y la banca ya sabe lo que hace: el que parte y reparte… La expresión fundamental aquí es «añadir valor». O sea: «El objetivo principal del trabajo de Sportradar en el fútbol sigue siendo el mismo: agregar valor a las propiedades deportivas, a las empresas orientadas al público, a las entidades comerciales y de medios, y a los propios aficionados». 

Vamos al ejemplo de la Bundesliga. El acuerdo ampliado con ellos «se centra en acelerar la innovación a través de datos y experiencias digitales de próxima generación para el mercado de apuestas y juegos a través de un conjunto de productos». Al grano: estos incluyen los Live Player Markets, «que aprovechan datos de seguimiento y capacidades avanzadas de IA [inteligencia artificial] en tiempo real para crear aproximadamente 240 oportunidades de apuestas adicionales por partido». Multiplicamos por los 150.000 partidos de las 900 ligas y sale… Un montón. 

En un contexto de apuestas deportivas, siguen, «información como esta puede servir de base para una variedad de apuestas. Estos varían desde las apuestas de jugador cada vez más populares (que se centran en el rendimiento de un jugador individual) hasta las oportunidades de microapuestas, que aparecen y desaparecen constantemente durante un juego». Concluye el reportaje con la pregunta inevitable por el siguiente paso. La respuesta: «Seguiremos trabajando con socios como la Bundesliga, y con el fútbol y el deporte en general, para ofrecer experiencias mejores y más inmersivas a los aficionados». 

Excelente. Si ya podemos apostar por el número de córners del FC Codru Călărași II vs FC Stăuceni de la tercera división moldava (y sí, esos clubes existen, y no es que yo sea el siguiente Maldini: están a tiro de Google…), ¿a dónde nos podría llevar el ayuntamiento digital entre la IA y el deporte? 

En la novela de Pennac que comentábamos al principio, se relamen: «En el partido SolongeBuguet, propusimos apuestas por el resultado final, claro, pero también por el número de goles marcados en la primera y la segunda parte, el número de tiros a puerta, el número de pases, el número de córneres, el número de balones tocados por un portero o por el otro, el número de lesiones eventuales, puesto que nuestros apostadores, ya sean de Maraponga en Brasil, de Dalat en Vietnam, de Abengourou en Costa de Marfil o de Cagnes-sur-Mer en nuestro país, tienen todos algo en común: lo que les divierte es apostar, el porqué les da lo mismo. Eso tenéis que entenderlo bien, hijos míos: apostar es jugar, y apostar por lo que sea… es jugar el doble. Cuanto más original, incluso cuanto más extravagante sea la apuesta, más atractiva resulta. Es un juego dentro del juego. Cada uno de vosotros podéis proponer un nuevo concepto de apuesta, siempre que sea divertido para el apostado». El Yayo pide ideas y uno de los alumnos «sonríe: ¡Por el número de botas de colores!»

Más adelante, el impecable seminario del Yayo deriva hacia la «orientación» de los resultados para sacar mayor tajada. Como caso práctico, la impecable rotura de una pierna a un delantero que no hizo lo que tenía que hacer en el momento en que tenía que hacerlo pese a que se le había pagado religiosamente por ello. 

La semana pasada trascendió una trama de manipulación de datos para apuestas en el baloncesto universitario estadounidense. Hay 39 jugadores-estudiantes involucrados. La universidad, ya se sabe, ese templo del saber y la formación en valores. 

Por supuesto, hay que diferenciar las tramas criminales de empresas perfectamente legales que no se dedican a romper piernas ni corromper jóvenes universitarios. Si el juego propicia o no determinados comportamientos es un debate social diferente. En principio, si el que apuesta es mayor de edad, hoy por hoy se trata de una actividad completamente legal. 

Muy lucrativa. Eso sí. Y se veía venir que cada vez más. Hace 10 años, Forbes anunciaba a bombo y platillo que la empresa 888 Holdings había comprado a su rival Bwin.Party Digital Entertainment por 1.400 millones de dólares, «ganando una batalla de adquisición y revolucionando el panorama mundial de los juegos de azar en línea de manera importante». 

888 Holdings creció y creció y ahora se llama Evoke y presume en su web de cotizar en la Bolsa de Londres. Se le supone total transparencia, por lo tanto. Aunque también dice estar «constituida en Gibraltar». No es la única empresa del sector radicada en este Wall Street andaluz. El diario local Europa Sur propone aquí una explicación de «por qué Gibraltar es la capital mundial de las apuestas online». Cita, entre otras cosas, un comunicado del Gobierno del Peñón que «afirmaba que el sector de los juegos de azar es tan importante que representa alrededor del 28% del PIB del territorio». 

No es ilegal tener tu sede en Gibraltar. Ni mucho menos. Yo solo me pregunto por qué se da esa coincidencia.

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