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Economía

El fondo soberano de Sánchez seguirá las reglas de la fallida Reserva de las pensiones

Frente a fondos que parten de superávit y ahorro, este nace de ayuda europea que habrá que pagar como deuda

El fondo soberano de Sánchez seguirá las reglas de la fallida Reserva de las pensiones

Pedro Sánchez, presidente del Gobierno, en la en rueda de prensa tras el Consejo Europeo Extraordinario. | Europa Press

El pasado 15 de enero, el presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, aprovechaba la clausura de la XVI edición de Spain Investors Day para anunciar la creación de un fondo soberano dotado de una inyección de 10.500 millones de euros procedentes de una parte de los fondos Next Generation, que de no dirigirlos a esta partida habría que haber devuelto a la Comisión. En definitiva, una ayuda que emana del Mecanismo de Recuperación y Resiliencia como consecuencia de los efectos de la covid, y para cuya dotación han contribuido todos los socios europeos.

La intención de este fondo, calificado de soberano —lo que ha suscitado numerosas críticas por la falta de adecuación a la naturaleza de este tipo de producto de inversión estatal—, pretende movilizar 120.000 millones de euros. Es decir, multiplicar por 12 la cantidad inicial de la que parte el citado fondo.

La experiencia de España sobre este vehículo financiero no ha tenido especial éxito en la historia de la democracia. En cierta medida —explica el economista Javier Santacruz—, «porque esta modalidad de fondos debe tener una proyección de muy largo plazo, debe estar invertido en Bolsa, en activos de riesgo, para maximizar la rentabilidad. Y aquí, en España, se ha hecho todo lo contrario, y esa mala gestión ha hecho que fracase cualquier intento».

Uno de los ejemplos fallidos —aporta a este diario Santiago Calvo, doctor en Economía de la Universidad Hespérides— es el del Fondo de Reserva de Seguridad Social creado en el año 2000. Un fondo que, en realidad, «acumula 12.178 millones de euros, con una deuda que es de 115.967 millones de euros —las transferencias acumuladas del Estado desde el año 2005 son de 471.103 millones de euros—. Es decir, donde la deuda neta del sistema con las transferencias asciende a 574.891 millones de euros».

La nula rentabilidad de nuestro fondo de pensiones

Santacruz explica que la gestión de ese fondo, del de Reserva de la Seguridad Social y del de Enresa (Fondo para la financiación de las actividades del Plan General de Residuos Radiactivos, creado durante la etapa del Gobierno de Zapatero), «ha sido errática» y nos ha costado oportunidades, distinguiendo de partida que los fondos soberanos se dan en aquellos Estados en los que se deposita el ahorro de la venta de empresas públicas, el superávit de ese país, en el que no hay los niveles de deuda de España o bien en Estados que gozan de determinadas materias primas como el petróleo de Noruega.

La constatación de ese fracaso —anota Calvo— es que «los rendimientos de los fondos de pensiones de España son de los que tienen menor rentabilidad histórica, porque se basan en comprar deuda, pero no dan rendimiento. Y esto está pasando también con el MEI que, si al menos se invirtiera, pues tendrían rédito». Por tanto, «podemos decir que este fondo anunciado por Sánchez, [que] tiene poco de soberano, es más bien una campaña de marketing, o un vehículo financiero diseñado para no perder parte de los fondos Next Generation, que por cierto, no han cumplido con el crecimiento prometido, ya que, el crecimiento de España se debe fundamentalmente, a un crecimiento de manera extensiva por el incremento de la población».

Para Daniel Lacalle, economista jefe de Tressis, «el fondo soberano de Pedro Sánchez es otro subterfugio para evitar devolver los fondos Next Generation, y además, intentar con ello mantener apoyos empresariales y conexión empresarial. Y, de paso , intentar que el producto interior bruto (PIB) se dope con mayor inversión, al apalancarlo 10 veces. Luego el objetivo es político, de influencia, y de poner alguna excusa para no tener que devolver el dinero. Aunque va a ser muy difícil que eso vaya a tener un impacto relevante».

Cabe destacar que el Fondo de Reserva de la Seguridad Social se creó en el año 2000 para acumular excedentes de cotizaciones que servirían para afrontar pagos de pensiones en tiempos de dificultad. En 2012 se vino para abajo debido a la crisis, hasta al menos 2021, pero de todos modos, a día de hoy, su fondo apenas supone el 5% del total de los gastos en pensiones, y representa menos del 0,4%, según datos de la OCDE.

Cambiar por Murtras o Escribanos

Contundente, el economista José Ramón Riera entiende que «la idea de Sánchez del Fondo soberano de 120.000 millones es una manera de acobardar los presidentes y consejeros delegados del IBEX, como ya hizo demostrando su fuerza con el cese de Pallete por no querer lanzar ‘Tele Pedro’ en Movistar, cuando entonces no tenía el control sobre Telefónica». «El mensaje es muy claro: él piensa que puede tomar cuando quiera y como quiera el 10% o más de tu empresa y así los puestos dependen de él».

Ahora bien —concluye el también especialista en Gestión y Desarrollo de Negocios de Harvard Business School—, «este fondo no pretende dinamizar la economía española, pues para ello están los 90.000 millones del los Fondos Next Generation que no han llegado ni llegarán». «Esto es más bien un mensaje al IBEX 35, que viene a decir, ‘o me hacéis caso y no me ponéis ninguna traba, ni problema, u os cambiaré por Murtras o Escribanos‘». «Así que nada bueno nos espera si el fondo sale adelante, por lo que confío en que nadie confíe en él y meta su dinero en ese fondo. Pero como decía el Cantar del Mio Cid, ‘Cosas veredes buen Cid que faran fablar las piedras’».

Emilio Montilla, profesional del sector financiero, mantiene que este no es un fondo soberano, porque esos fondos se hacen con remanentes por superávit. «Y aquí Sánchez coge el dinero de la UE y en lugar de repartir, lo que hace es montar una estructura con lacito bonito, donde lo único que pretende es utilizar los fondos europeos para aquellas gestiones que le interesan a Pedro Sánchez». Es decir, «para empresas estratégicas, cambio climático… quiere utilizar en aspectos como vivienda y defensa, y en gasto corriente. Pero, ¡ojo!, porque en industria militar no encaja.». En definitiva, «lo que ha hecho es ponerle otro nombre a los fondos Next Generation, para de forma opaca repartirlo para sus promesas electorales. Por eso, estamos ante un tocomocho, y veremos a ver si la UE se lo permite, porque aquí hay más de envoltura de regalo que regalo».

«Una herramienta para coaccionar a empresas»

El profesor de Economía del CEU, Diego Barceló, aclara los distintos tipos de fondos soberanos que hay. Por un lado «están los que se crean para acumular los beneficios derivados de la explotación de recursos no renovables, con el objetivo de extender en el tiempo esos ingresos. Esos son los casos de los fondos de Kuwait o Noruega. Por otro, hay países que han creado fondos soberanos específicamente para garantizar las futuras pensiones, mediante la inversión de los excedentes que pudiera tener el sistema. De este tipo son los fondos de Japón y Canadá, entre otros. También lo fue el Fondo de Reserva de la Seguridad Social español cuando se creó en los años 2000. Pero todo lo ahorrado fue gastado durante la crisis 2008-2013».

Además, existe un tercer grupo que son los fondos creados con un fin puramente intervencionista, sea bajo el nombre de política industrial (como el BPIfrance) o incluso como instrumento de política exterior (como el China Investment Corporation).

Barceló explica que Pedro Sáncháez es «un Rey Midas sui generis (todo lo que toca no se convierte en oro, sino que se corrompe), [que] ha desfigurado la idea de fondo soberano». «Ya lo hizo con el Fondo de Reserva, que no acumula ningún excedente (el sistema de pensiones está en déficit), sino que es una forma de apuntalar la demanda por bonos del Tesoro financiada con impuestos (el MEI, en este caso)».

Y ahora «vuelve a hacerlo, porque el recién anunciado fondo soberano no es más que una forma de poner en una misma cuenta los fondos europeos no utilizados, una forma en definitiva de poder utilizarlos más allá del vencimiento de los mismos. Sin embargo, este fondo, en manos de Sánchez, será una herramienta para intervenir y coaccionar empresas, según su necesidad, porque tendrá a mano recursos para tomar participaciones accionarias como ya hiciera con Telefónica (sin necesidad de ningún fondo soberano, por cierto)».

Un déficit crónico que espanta el fondo soberano

Ppara el experto analista Eduardo López García de Jaime, «el anuncio del Gobierno sobre la creación de un supuesto ‘gran fondo soberano’ de 120.000 millones de euros no resiste el más mínimo análisis económico riguroso». Entre otras cuestiones, porque «el concepto es incorrecto, el diseño es débil y el relato es abiertamente engañoso».

Un fondo soberano «por definición, no se financia con deuda ni con transferencias extraordinarias, ni con fondos europeos condicionados. Surge de excedentes estructurales: superávits fiscales persistentes, rentas de recursos naturales o acumulación sostenida de reservas. «España no tiene nada de eso. Por el contrario, lo que tiene es déficit crónico, deuda pública elevada y dependencia de financiación externa».

Además, «la aportación pública anunciada —10.500 millones de euros es marginal hasta lo irrelevante—. Representa menos del 9% del volumen total prometido y no constituye capital soberano, sino apalancamiento político sobre dinero ajeno. El resto se pretende movilizar vía deuda privada e inversores institucionales, es decir, riesgo privatizado, control politizado».

Así pues, comparar este artefacto con los grandes fondos soberanos internacionales es directamente una burla al análisis económico. Véase: Noruega tiene cerca de 2 billones de euros acumulados gracias a superávits reales y disciplina fiscal. China Investment Corporation el equivalente a 1,3 billones de euros, transformando reservas exteriores en activos estratégicos globales. Kuwait Investment Authority: más de 1 billón de euros, gestionando riqueza para generaciones futuras desde 1953. ADIA (Abu Dabi): hasta 875.000 millones de euros, con una diversificación global y horizonte intergeneracional. Todos estos fondos, remarca López García, comparten tres pilares: origen en excedentes, independencia política y objetivo de preservación de riqueza a largo plazo. Y el fondo español no cumple ninguno.

Entre otras razones —expone este experto económico en geopolítica—, se debe a «que aquí no hay excedente, hay ingeniería institucional. No hay independencia, hay captura política del ICO y absorción progresiva de organismos públicos. No hay visión intergeneracional, hay uso táctico del capital para dirigir inversión según prioridades del Gobierno de turno». De ahí que «invocar a Mario Draghi como coartada intelectual tampoco salva el proyecto. Porque Draghi hablaba de movilizar capital europeo con credibilidad fiscal, mercados profundos y ahorro privado real. No de rebautizar deuda como soberanía ni de confundir tamaño anunciado con capacidad económica efectiva». De modo que «llamar a esto ‘fondo soberano’ es una manipulación semántica deliberada. En términos estrictos, estamos ante un vehículo financiero apalancado, dependiente de deuda y fondos externos, con control político y sin base patrimonial propia».

«Un vehículo de intervención pública con alcance incierto»

Finalmente, para el abogado y consultor experto en políticas públicas, Alex Cortés Fernández con todas las reservas y dudas, «el denominado fondo soberano es poco más que un anuncio sin desarrollo regulatorio ni detalles operativos conocidos. No se ha aclarado su fuente de financiación, su encaje presupuestario, su gobernanza ni los criterios de inversión, elementos esenciales -sostiene- para evaluar cualquier instrumento de este tipo».

⁠Sin información precisa y sin compromisos claros de disciplina, independencia y rentabilidad, -añade-, «resulta difícil distinguir si el fondo aspira a ser una herramienta de ahorro e inversión a largo plazo o un nuevo vehículo de intervención pública con alcance incierto».

«Esta indeterminación -prosigue el consultor- refuerza la impresión de que se trata, al menos en esta fase inicial, de una iniciativa más comunicativa que económica en el contexto de la celebración de elecciones autonómicas y el ciclo electoral que está por venir».

⁠Pero -advierte-, «la experiencia reciente aconseja cautela, ya que -observa-, la Reserva de la Seguridad Social nació también con una finalidad estratégica y reglas formales que acabaron siendo flexibles ante la presión política y fiscal». No sin también subrayar -apostilla-, «otra duda, y en este caso, pertinente sobre la financiación, pues este fondo no parte de excedentes fiscales, sino de la reutilización de fondos europeos ya comprometidos (y hay que tener en cuenta que parte de ellos no han estado bien ejecutados) y, de una movilización futura de deuda e inversión privada que aún no está garantizada». «Esto -defiende Cortés- dificulta considerarlo un fondo soberano y lo acerca más a un instrumento de política pública industrial, con el riesgo de que el Estado termine asumiendo costes si la rentabilidad esperada no se materializa».

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