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Economía

La deuda pública por español crece el doble de rápido que el PIB per cápita desde 2018

Los expertos alertan de la imprudencia que supone endeudarse a las puertas de la jubilación del ‘baby boom’

La deuda pública por español crece el doble de rápido que el PIB per cápita desde 2018

La vicepresidenta María Jesús Montero en una imagen de archivo.

La carga que supone la deuda pública para cada español ha crecido el doble de rápido que la renta per cápita en los últimos siete años. Numerosos economistas llevan tiempo advirtiendo de que el producto interior bruto (PIB) per cápita está estancado en términos reales, es decir, si se tiene en cuenta el aumento de precios. Sin embargo, la carga que el endeudamiento público va a tener en cada contribuyente en el futuro indica un relativo empobrecimiento.

La última actualización de Eurostat sobre la evolución de la deuda gubernamental general apunta que España debía 1,7 billones de euros en el tercer trimestre de 2025, es decir, 493.850 millones (casi medio billón) más que a la misma altura del año 2018. Ello implica que la carga por cada español ha ascendido en cerca de 10.000 euros, mientras que los ingresos per cápita solo se han incrementado en cerca de 5.000 euros. En este periodo, el incremento del endeudamiento nacional ha sido del 40,6%, por encima del 37,1% que marca la media de la eurozona.

«En términos financieros, estamos peor», señala el economista Javier Santacruz, que añade: «Es como si digo que me han subido el sueldo 5.000 euros, pero me he endeudado 10.000 euros más. Es una carga financiera». «Las familias sufren un perjuicio: sí tienen una subida de renta, pero les estás cargando con el doble de deuda», explica el analista financiero y profesor universitario.

En su Observatorio de Deuda de diciembre, la Autoridad Independiente de Responsabilidad Fiscal (Airef) ya alertó de que, si bien el peso de la deuda sobre el PIB ha decrecido un punto porcentual en el último año hasta el 103%, en términos nominales el endeudamiento sigue incrementándose, en este caso a un ritmo de cuatro puntos porcentuales interanuales. El organismo constató un descenso de 21 puntos porcentuales en la ratio de deuda sobre PIB desde el peor año, 2021, aunque destacó las mejoras superiores de Grecia y Portugal gracias a ajustes en el déficit público e incluso superávits.

«La ratio de deuda sobre el PIB desciende porque el PIB nominal aumenta por encima de la deuda, pero en condiciones normales, la deuda ya tendría que estar bastante por debajo del 100% del PIB», alerta Santacruz. Y es que «el coste de oportunidad de no reducir la deuda es inmenso y cuando vengan mal dadas tendremos un país como Italia o Francia con una ratio de deuda por encima del 100%, pero no somos Italia ni Francia». «O nos trata bien el BCE o estamos bastante perdidos».

El economista considera que «hemos perdido la prudencia fiscal», ya que «estamos hipotecando lo que suceda a partir de 2030 o 2035», momento en que «la mitad de la recaudación fiscal que existe en España tendrá que ir a pensiones cuando se jubile el baby boom». De hecho, no oculta su preocupación por este escenario: «Hay que tener nervios de acero para estar tranquilo ante esta situación».

El académico denuncia que «no tiene sentido» que «con la recaudación subiendo a doble dígito no hayan sido capaces de reducir el déficit público hasta tal punto que en vez de emitir nueva deuda se amortice la deuda», ya que entiende que «no deberíamos estar emitiendo» y «si lo estamos haciendo es porque en el fondo las cuentas públicas no están saneadas». En otras palabras, eludir el saneamiento fiscal en un momento de crecimiento económico puede condenarnos a serios problemas en un escenario de recesión o de gran incremento del gasto en pensiones.

«Los baby boomers se empiezan a jubilar ahora, pero son 20 años. Es largo, pero irá empeorando», indica Ció Patxot, profesora de Economía de la Universidad de Barcelona, que no ve «buena idea aumentar la deuda, pero si no, tienes que bajar las pensiones» y las últimas reformas en esta línea «se han suspendido porque hubo protestas». Añade que «si aumentas las cotizaciones, pones la carga sobre los jóvenes y no los mayores» y opina que lo óptimo sería una reforma a la sueca que combinase capitalización —si solo se aplica esta, como hizo Chile, se condena a una generación a pagar dos veces— y mecanismos automáticos de estabilización, incluyendo retrasos en la edad de jubilación, bajadas en las pensiones o aumentos en los años a cotizar para percibir la retribución en función de la evolución de factores como la esperanza de vida, el número de cotizantes o la fertilidad.

El ajuste de sostenibilidad y el índice de revalorización de las pensiones eran «una forma de arreglar esto. Pusieron un límite para que como mucho subiesen un 0,25%, pero lo han suspendido y no era una reforma ideal porque no era demasiado transparente», sopesa Patxó. En cualquier caso, tacha de «ridícula» la reforma que se aplicó porque «no arregló casi nada» y recuerda que «subir las cotizaciones no es la vía», porque «España tiene uno de los envejecimientos más fuertes de Europa y pretender arreglarlo todo con las cotizaciones es salvaje para las generaciones que vendrán». La inmensa mayoría de países de la OCDE no han incrementado las cotizaciones y se han limitado a ajustar las pensiones.

Otro elemento del que habla Santacruz es el «efecto bola de nieve», ya que en la medida en que nuestra deuda escala, la factura de los intereses es cada vez mayor. Aunque el peso de los pasivos que hay que devolver en menos de un año no es excesivamente alto en el caso de España, la deuda que venza y que haya que ir refinanciando será más cara. El reciente Informe de Riesgos de Davos alertaba precisamente de ello: en los próximos dos años, los países deberán refinanciar deuda que se emitió durante la pandemia y que llega a su fecha de devolución, y que no se puede atender por los déficits fiscales que tienen la mayoría de los Estados, incluyendo España. Ante esta situación, solo queda un parche temporal: emitir todavía más deuda en niveles considerables.

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