Indra deberá vaciar la caja para que Moncloa apruebe la fusión con Escribano
Las presiones políticas retrasan la compra de EM&E pese a que los accionistas coinciden en que tiene sentido industrial

José Vicente de los Mozos, CEO de Indra; Ángel Escribano, presidente; y Joseph Oughourlian, dueño del 7,2% del capital | ILUSTRACIÓN: Alejandra Svriz
24 de abril de 2025.- La prensa económica publica que Indra está estudiando una integración con Escribano Mechanical & Engineering (EM&E Group) y que ha encargado a KPMG realizar un estudio preliminar a tales efectos. Una operación con lógica industrial, y una valoración de entre 1.000 y 1.500 millones, para crear un campeón nacional que absorba la inversión nacional en Defensa. Solo dos días antes, el propio presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, había anunciado 10.471 millones. No obstante, el movimiento planteaba grandes dudas de gobernanza y de conflicto de intereses ya que se producía solo tres meses después de que Ángel Escribano asumiera la presidencia de la tecnológica en su condición de fundador de EM&E y segundo máximo accionista con el 14,3%. Su hermano y CEO, Javier Escribano, también tenía un asiento en el Consejo de Administración.
26 de junio de 2025.- La Junta General de Accionistas de Indra ratifica la elección de Ángel Escribano como presidente ejecutivo con un apoyo del 98,49% de los accionistas. Con cinco meses en el cargo, esta designación callaba los rumores que hablaban de una mala relación con la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI), holding del Ministerio de Hacienda que controla el 28% como primer inversor. Su designación por la salida de Marc Murtra hacia Telefónica en enero se vio entonces como un movimiento de emergencia para evitar un vacío de poder e incluso en algunos sectores se indicó que sería un nombramiento provisional hasta la llegada de un directivo experimentado en el sector. Pero se consolidó en el cargo y logró el apoyo de los grandes accionistas, incluso tras conocerse el interés en EM&E y en medio de las dudas por la operación.
30 de julio de 2025.- Indra envía una comunicación al mercado en la que reconoce por primera vez de manera pública (y ante los inversores) que estudiarán «una potencial operación de integración» con EM&E. Se anuncia la creación de una comisión para analizar la adquisición y definir el protocolo que se seguirá. Se decide también que los hermanos Escribano (Ángel y Javier) estarán al margen de las reuniones y discusiones y que el encargado de representar a Indra será el consejero delegado José Vicente de los Mozos. Dos semanas antes se había dado luz verde a la constitución de este grupo de estudio (con cuatro vocales), pero en ese momento solo se dijo que era para «analizar integraciones y el posible conflicto de interés que pudiera haber en ellas». Las cartas ya estaban sobre la mesa y comenzaba la carrera por definir el valor de la empresa adquirida, pero lo más importante, por cómo se articularía la compra.
Indra y Escribano
En todo caso y pese a la designación de esta comisión, Indra y EM&E llevaban al menos un par de meses barajando opciones. En un principio se pensó que la mejor manera era una compra en metálico, aunque tras las reticencias iniciales de algunos accionistas la opción que cobró más fuerza fue la de una integración por canje de acciones y una ampliación de capital que evitaba quemar caja a los propietarios y a la compañía. Sin embargo, siempre estuvieron sobre la mesa las dudas y reticencias de la SEPI, SAPA (dueños del 7,94%), y buena parte de los consejeros independientes. Estos vocales no terminaban de entender una fusión de dos empresas presididas por dos hermanos y con el capital público y milmillonarios contratos en defensa de por medio. Tampoco veían claro el encaje que el movimiento podía tener en el mercado y avisaron de que el conflicto de intereses podría pasar factura a la confianza de inversores y analistas. La puesta en marcha de este grupo de estudio confirmaba que el gran objetivo no era tanto cerrar la operación, sino justificarla ante su consejo, sus accionistas y el mercado.
21 de octubre de 2025.- EM&E convoca un encuentro con medios de comunicación en el que su presidente, Javier Escribano, se muestra convencido de que habrá una fusión «rápida» con Indra, «dentro de un mes muy posiblemente» y, en todo caso, antes de que finalice el año. Revela que se ha entrado en la fase final de las negociaciones y aprovecha para desmentir que hubiese cualquier tipo de conflicto de interés. Unas palabras que no sentaron bien en el entorno del Gobierno y de la SEPI, ya que por esas fechas el consejo había planteado que la operación debía seguir revisándose y que lo mejor era esperar las cuentas de 2025. Esto suponía no solo retrasar todo otros seis meses, sino que seguía dejando en el aire la valoración de EM&E. La clave era ajustar lo más posible la realidad de la facturación de la compañía y no depender de futuros contratos que todavía no estaban ejecutados.
4 de noviembre de 2025.- La Junta de Accionistas Extraordinaria de Indra aprueba la compra de Hispasat por 725 millones y la designación de Arancha Díaz-Lladó y Mónica Espinosa como consejeras independientes en sustitución de Olga San Jacinto y Coloma Armero. Con estos dos movimientos ya eran cinco los cambios de vocales desde la designación de Ángel Escribano como presidente. En mayo salieron Luis Abril, CEO de Minsait, y Francisco Javier García Sanz, consejero independiente, que fueron reemplazados por Oriol Piña y Eva Fernández. Y en julio renunció Ángeles Santamaría —crítica con la fusión— a la que reemplazó Teresa Busto. Las fuentes consultadas indican que todos estos movimientos allanaron el camino para que el presidente tuviese un consejo más proclive a autorizar la integración ante las reticencias de la SEPI y SAPA. Estos dos últimos accionistas reúnen cuatro vocales y los hermanos no pueden participar en las votaciones de la fusión, por lo que es clave tener el apoyo del resto.
Valoración de EM&E
29 de enero de 2026.- Después de una semana de intenso ruido por parte del Gobierno, que filtra que no ve con buenos ojos la operación, el consejo de administración vuelve a confirmar —otra vez— que las negociaciones siguen en marcha, aunque con la salvedad de que ahora se ponía sobre la mesa una serie de alternativas para financiar la integración con EM&E. Opciones que van desde el canje de acciones hasta el pago en efectivo o en acciones de la compañía de los Escribano. Algunas crónicas hacen mención de un «pequeño avance» aunque la realidad es que el plazo se ha vuelto a retrasar y se habla de finales de semestre o incluso después del verano. La verdad es que las espadas siguen en alto y no parece haberse resuelto ninguno de los problemas de fondo: ni las dudas de Moncloa, ni el conflicto de interés, ni la valoración final.
Este diario ya advirtió hace un par de semanas de que —ahora mismo— las dudas del Gobierno y de la SEPI no tienen realmente que ver con el eventual conflicto de intereses, sino con el temor a perder el control de Indra tras la fusión. Desde que en 2022 dieron el golpe sobre la mesa con la expulsión de los entonces consejeros rebeldes, el plan pasa por construir un gigante de la defensa y de la tecnología, pero siempre bajo su supervisión y gestión. Para ello, Marc Murtra era la persona idónea, pero su salida y la entrada de Ángel Escribano trastocó los planes. En el Ejecutivo nunca se han fiado, y temen que el actual presidente termine apartando completamente a la sociedad pública. Un movimiento que podría consumarse con el eventual canje de acciones que se puso sobre la mesa. Los hermanos se comprometieron hace meses a no quedar por encima del 28% del Estado en el capital, pero su alianza nada disimulada con el díscolo Joseph Oughourlian (que controla el 7,2%) eleva las sospechas.
Y es que incluso en un escenario en el que los Escribano queden por debajo de la SEPI, una alianza con el presidente de Prisa les dejaría en inferioridad y les haría perder el control. Un presidente de Prisa con el que —por cierto— Moncloa lleva un año en guerra por la compañía de medios. El Gobierno, a través del hombre de confianza de Pedro Sánchez, Manuel de la Rocha, sugirió la salida de Ángel Escribano de la presidencia, algo que, por el momento, el segundo accionista no está dispuesto a conceder. A cambio, ha ofrecido asegurar que el Estado tenga cuatro consejeros (y por tanto poder de veto) aunque su porcentaje en el capital no sea equivalente después de la integración. Es este entendido, los hermanos y los consejeros que les apoyan ya han puesto encima de la mesa una batería de soluciones.
Exigencias de la SEPI
Ha perdido fuelle la alternativa original de ampliar capital y diluir a la SEPI y suben las opciones de una solución mixta que aseguraría que Oughourlian (Amber) y los hermanos Escribano nunca sumen más que el Estado en el futuro reparto accionarial. Esto implicaría un canje de acciones, pero también un pago en metálico para costear parte de la operación. Los Escribano sostienen —basándose en informes de la banca de inversión— que EM&E ya vale más de 2.000 millones, aunque en el sector se cree que el precio final terminará siendo de entre 1.300 y 1.500. Esto supondría que Indra tenga que desembolsar en torno a los 1.000 millones para evitar que el canje perjudique a su accionista mayoritario.
El problema es que Indra acaba de comprometerse para adquirir Hispasat por 725 millones y la negociación con la banca para conseguir la liquidez no fue fácil. Sus cuentas del tercer trimestre (las últimas publicadas) indican que tiene un endeudamiento manejable de 716 millones y un capital y reservas de 1.548, además de un efectivo de 554 millones. Esto implicaría que, si la compañía no se endeuda, deberá contar con unos recursos propios que prácticamente dejarían vacía su caja (liquidez), algo que no aconseja ningún experto financiero. La SEPI se encuentra en la disyuntiva de necesitar la operación para que su campeón nacional tome peso, pero con el temor de perder el control, lo que obligaría a adoptar soluciones que pondrían en peligro la tranquilidad económica de la compañía. Un verdadero juego de ajedrez que obliga a retrasar la compra al menos en varios meses más de lo esperado. Incluso hay quien cree que, con todos estos condicionantes, será difícil que vea la luz antes de que finalice el año.
