El coste del absentismo equivale a la mitad del gasto en educación y a un tercio del sanitario
Las bajas laborales ya cuesta casi 129.000 millones y las ausencias al trabajos alcanzan máximos históricos

Alejandra Svriz
El coste del absentismo laboral en España ha alcanzado una dimensión que lo sitúa al nivel de las grandes magnitudes del gasto público. Las horas de trabajo perdidas por ausencias —principalmente por bajas médicas— suponen ya un impacto económico equivalente a una parte sustancial de los presupuestos de educación y sanidad. El fenómeno ha dejado de ser un indicador sectorial para convertirse en una variable con efectos directos sobre productividad, organización empresarial y sostenibilidad del sistema laboral.
Un informe del think tank Foro Regulación Inteligente (FRI), analizado por THE OBJECTIVE, cuantifica ese impacto en 128.600 millones de euros anuales. La cifra equivale aproximadamente al 51% del gasto público en educación y al 31% del sanitario, lo que permite dimensionar el peso económico del absentismo. El estudio subraya que la incapacidad temporal se ha consolidado como el principal motor del incremento de ausencias, con una tendencia sostenida que apunta a un cambio estructural más que a un repunte coyuntural.
Desde 2019, la tasa de horas perdidas por absentismo mantiene una trayectoria claramente ascendente, con una aceleración tras la pandemia. En el segundo trimestre de 2025 se registró el nivel más alto de la serie histórica: el 7% de las horas pactadas no se trabajó por ausencias, de las cuales un 5,5% correspondió a bajas médicas. Esto significa que la incapacidad temporal concentra hoy la mayor parte del fenómeno y explica buena parte del aumento del coste agregado.
Absentismo y bajas médicas
El análisis apunta a que el absentismo vinculado a procesos médicos prácticamente duplica los mínimos observados una década atrás. El sistema de protección social absorbe un volumen creciente de bajas, con mayor frecuencia y duración media, mientras las empresas asumen costes derivados de sustituciones, reorganización de turnos y pérdida de eficiencia. El impacto no se limita a las prestaciones: se traduce en menor capacidad productiva efectiva y mayor presión sobre la planificación operativa.
Ese efecto económico se despliega en dos niveles. Por un lado, los costes directos asociados a prestaciones, cotizaciones y gestión administrativa de las bajas. Por otro, los costes indirectos vinculados a productividad, competitividad y continuidad del servicio. Sectores intensivos en presencialidad —como industria, logística, limpieza o actividades sanitarias— son especialmente sensibles, ya que la ausencia de personal no siempre puede cubrirse sin sobrecostes o pérdida de rendimiento.
El informe también refleja una distribución territorial desigual. Algunas comunidades presentan un peso del absentismo superior al 2% de su producto interior bruto, en gran medida por la combinación de estructuras productivas dependientes de la presencialidad, perfiles demográficos y patrones de incapacidad temporal. Otras regiones, con mayor proporción de empleo cualificado o modelos organizativos más flexibles, registran ratios inferiores. Esta divergencia sugiere que el fenómeno responde a factores sectoriales y estructurales específicos.
Bajas médicas y menos horas trabajadas
Desde una perspectiva macroeconómica, el aumento sostenido de las bajas médicas introduce presión sobre el equilibrio del mercado laboral. Más procesos implican más gasto y menos horas efectivas trabajadas, lo que condiciona el potencial de crecimiento si no se compensa con incrementos de productividad. El absentismo pasa así a formar parte del debate sobre sostenibilidad económica, junto a otras variables estructurales del sistema de protección social.
Entre los factores que explican esta evolución figuran el envejecimiento de la población activa, la mayor incidencia de patologías de larga duración, los cambios en las condiciones de trabajo y los incentivos regulatorios que influyen en la gestión de la incapacidad temporal. También pesa la duración de los procedimientos administrativos y de control médico, que puede prolongar la ausencia del trabajador más allá del episodio clínico inicial.
La magnitud del coste —128.600 millones— sitúa el absentismo como un elemento central de la discusión económica. Cuando las horas perdidas alcanzan máximos históricos, el impacto se extiende a toda la cadena productiva: planificación empresarial, estabilidad presupuestaria y capacidad de generación de valor. La comparación con grandes partidas de gasto público ilustra que se trata de una presión económica de primer orden.
Costes a nivel récor
La incapacidad temporal cumple una función esencial de cobertura social, pero su expansión sostenida obliga a revisar mecanismos de seguimiento, prevención y gestión. La mejora de la salud laboral, la adaptación de puestos y la agilización administrativa aparecen como factores clave para contener la tendencia al alza del absentismo sin dañar los derechos laborales.
El absentismo laboral, impulsado por la incapacidad temporal y con costes en niveles récord, se consolida así como un fenómeno estructural. Su equivalencia con grandes partidas de educación y sanidad refleja una realidad económica que ya condiciona la productividad y la sostenibilidad financiera.
