El absentismo en la construcción se ha duplicado desde 2018 y ya paraliza obras
Las especificidades laborales hacen que la ausencia de un solo trabajador obligue a detener la actividad

Operario de construcción. | EP
El aumento descontrolado del absentismo laboral se ha convertido en los últimos años en uno de los principales problemas para muchos sectores productivos. En la construcción, este problema adquiere características particulares. Las especificidades de una obra hacen que la ausencia de un solo trabajador pueda paralizarla por completo. La falta de un gruista o un operario de maquinaria pesada provoca, tal y como lamentan desde el sector, la paralización de los trabajos. «El incremento del coste es directo porque el impacto es brutal. Se producen cuellos de botella. Falta un oficio y se detiene todo lo demás; si es quien está manejando una máquina o una grúa, puede paralizar todo y la máquina se sigue pagando», según el presidente de CNC, Pedro Fernández Alén.
En primer lugar, la falta de un trabajador sensible en el sector supone reconsideraciones de seguridad para ver si se puede o no continuar con la obra. Todo esto provoca desviaciones de plazo en la finalización de la obra, un incremento de costes y las pertinentes penalizaciones, explica el presidente de la Confederación Nacional de la Construcción. Un sector en el que el efecto arrastre del aumento del absentismo afecta de una manera más directa que en otros sectores. Además, al igual que en los demás sectores, las pymes resultan especialmente golpeadas, dado que su tamaño más reducido conlleva una menor capacidad para sobrellevar la ausencia de un empleado.
El absentismo laboral en el sector de la construcción marcó en 2025 un nuevo máximo histórico, con casi 113 horas de trabajo perdidas por asalariado, el doble que hace una década, según los datos del último informe de la CNC que analiza la evolución de las horas no trabajadas para el período 2018-2025, y una estimación del coste del absentismo en el sector de la construcción. El 2025 fue, además, el segundo año consecutivo en el que se superan las 100 horas anuales por empleado sin trabajar, un umbral que no se alcanzó ni siquiera en 2020, durante la pandemia.
Incapacidad temporal
Aunque no hay una explicación única para el absentismo, en el estudio se analiza fundamentalmente el número de horas no trabajadas, pero sí pagadas. El aumento en el sector, según el informe, se explica casi en su totalidad por la incapacidad temporal derivada de enfermedad común o accidente no laboral. En los últimos diez años, las ‘horas perdidas’ por este motivo se duplicaron, al pasar de 45 a casi 94 horas anuales por trabajador (+110%). Este factor concentra cerca del 90% del incremento total del absentismo registrado en el sector.
El resto de las horas perdidas responde a otros motivos —permisos, licencias o conflictividad laboral— que también crecieron, aunque de forma más moderada: un 50% más en la última década, hasta rozar las 19 horas anuales por empleado, tal y como se desprende del informe analizado por THE OBJECTIVE. La CNC sostiene que el incremento del absentismo responde a una combinación de factores estructurales y coyunturales. Entre los principales destacan su relación positiva con el ciclo económico, el aumento de las listas de espera quirúrgicas, la mayor demora en el acceso a consultas con especialistas, el progresivo envejecimiento de la población ocupada y la ampliación de permisos legales, junto con la creación de nuevos derechos que, sin una adecuada gestión, inciden directamente en la organización del trabajo.
Impacto millonario en las pymes
El efecto económico del absentismo es ya muy relevante para las empresas constructoras. De media, cada firma soportó en 2025 un coste anual de 25.000 euros por este motivo, aunque las diferencias por tamaño son acusadas. Las pequeñas empresas asumieron un coste medio de 16.000 euros, un 129% más que en 2018, según el informe de la CNC. En el extremo opuesto, las grandes constructoras registraron un coste medio de 3,37 millones de euros, un 105% más que siete años atrás.
Las empresas medianas, por su parte, alcanzaron un coste anual cercano a los 370.000 euros, un 128% por encima del dato de 2018. Si el coste total se distribuye entre los asalariados del sector, el absentismo supone un gasto medio de 3.400 euros anuales por trabajador (+114%). En las grandes empresas, esta cifra asciende a 4.500 euros por empleado, frente a los 4.000 euros en las medianas y los 3.100 euros en las pequeñas.
Costes ocultos y tensión en el sector
A estos importes se suman los costes indirectos, que en 2025 alcanzaron una media de 2.825 euros por asalariado, también más del doble que en 2018. Dentro de esos costes indirectos se encuentran fundamentalmente dos componentes: el que surge de la inasistencia al puesto de trabajo derivado de incapacidad temporal, que es el segmento cuantitativamente más importante, y el de un conjunto de otros motivos. La mayor parte de este impacto vuelve a estar ligada a la incapacidad temporal, aunque incluye otros factores organizativos.
Estas cifras, sin embargo, no recogen todo el impacto real del absentismo, según la CNC, ya que quedan fuera los costes asumidos por las mutuas colaboradoras con la Seguridad Social, la propia Seguridad Social y otros efectos difíciles de cuantificar, como la sobrecarga del sistema sanitario, la gestión de las bajas o los problemas operativos y de planificación que genera la ausencia de trabajadores en obras en ejecución.
