El número de hogares unipersonales en España crecerá de manera significativa en los próximos años. Según proyecciones oficiales del Instituto Nacional de Estadística (INE) analizadas por THE OBJECTIVE, entre 2024 y 2039 los hogares de una sola persona aumentarán un 42 %, hasta alcanzar los 7,7 millones, lo que representará el 33,5 % de todos los hogares del país. Este crecimiento supera con creces el ritmo de la población total, que se espera que crezca solo un 10,6 % en el mismo periodo, consolidando a los hogares unipersonales como el tipo de hogar de mayor expansión relativa y absoluta.
Según estas proyecciones, el tamaño medio de los hogares continuará reduciéndose para pasar de unas 2,50 personas por hogar en 2024 a aproximadamente 2,32 personas en 2039, reflejo de este aumento de hogares más pequeños. Los datos de 2025 muestran que los hogares unipersonales ya representan una proporción muy alta del total (alrededor del 28%) y están casi igualándose con los hogares de dos personas, lo que indica una tendencia consolidada. El fenómeno tiene un impacto directo en la crisis de vivienda. Más hogares individuales significan más demanda de unidades de vivienda, incluso si la población no aumenta al mismo ritmo, lo que contribuye a encarecer precios y tensionar el mercado, especialmente en ciudades grandes y zonas de alta demanda, según los expertos consultados.
Estos expertos destacan que factores como el retraso en la edad de matrimonio, el aumento de separaciones, la mayor esperanza de vida y los cambios culturales que favorecen la autonomía individual seguirán impulsando esta tendencia, con implicaciones profundas para políticas de vivienda, planificación urbana y disponibilidad de pisos en alquiler y compra. De hecho, el cambio ya ha sido significativo en los últimos 50 años.
Se han multiplicado por ocho
El número de personas que viven solas en España se ha multiplicado por ocho en las últimas cinco décadas. Mientras en 1970 apenas 660.000 españoles residían en hogares unipersonales, hoy son 5,5 millones, según un estudio de Alejandro Macarrón, responsable de Estudios y Análisis Social de CEU-CEFAS y autor del informe ‘El problema de la vivienda en España’. El estudio de Macarrón subraya que comprender esta transformación demográfica es clave para diseñar políticas de vivienda y planificación urbana adaptadas a la nueva realidad española, ya que esta realidad impacta directamente en el mercado de vivienda.
«La proliferación de hogares unipersonales o monoparentales incrementa la demanda de vivienda, especialmente en grandes núcleos urbanos, dificultando aún más el acceso para jóvenes y familias», asegura Macarrón a este diario. Una realidad demográfica de la que ya se está haciendo eco la industria del sector, como se puso de manifiesto en el último The District, uno de los eventos inmobiliarios de Europa desde la perspectiva del capital.
Las nuevas viviendas, unipersonales
Durante ese evento, Gary McLuskey, Director Global de Diseño de Greystar, puso de relieve los nuevos formatos habitacionales, como el flex living o el co-living, que especialmente se orientan a hogares unipersonales. En esta misma línea, Guillermo Prudenciano Martín, Business Developer Manager de 011H, indicó que «en Madrid, el 30% de las viviendas que desarrollamos están destinadas a hogares unipersonales», enfatizando la adaptación de la industria a las necesidades actuales del mercado. Mientras se producen estos cambios demográficos, el mercado de la vivienda atraviesa el mayor nivel de tensión de su historia. La demanda cuadruplica a la oferta y la distancia entre ambas nunca había sido tan grande.
Un desequilibrio que precisamente se incrementa debido a esos cambios demográficos y sociales, además de otras cuestiones. «España crece en población impulsada por flujos migratorios intensos, mientras avanza con fuerza la expansión de los hogares unipersonales, que en apenas una década han pasado de 4 a casi 8 millones. Esa evolución, por sí sola, incrementa de forma notable la necesidad de vivienda», tal y como apunta Fotocasa. Por lo tanto, y si no hay un cambio demográfico drástico o una aceleración notable y real en la construcción de viviendas, la creación de hogares seguirá avanzando a un ritmo que el mercado no podrá absorber, tal y como apuntan los expertos.