España necesitó 15,6 millones de contratos en 2025 para crear apenas 500.000 empleos
La reforma laboral ha reducido la temporalidad, pero el volumen de puestos de trabajo generado refleja una alta rotación

Ilustración de Alejandra Svriz.
España firmó más de 15,6 millones de contratos en 2025 para crear 500.000 empleos, según los datos oficiales del Servicio Público de Empleo Estatal (SEPE) y la Encuesta de Población Activa (EPA). Los datos, analizados por THE OBJECTIVE, reflejan un uso intensivo de la contratación para generar empleo neto.
El mercado laboral español mantiene una evolución positiva en términos agregados, con aumento del empleo, descenso del paro y niveles de afiliación en máximos históricos. Sin embargo, este avance convive con una dinámica estructural marcada por una elevada rotación y una menor eficiencia en la creación de empleo. El crecimiento se sostiene, pero no siempre se traduce en relaciones laborales estables o de larga duración.
En términos agregados, la evolución es positiva, aunque con señales de fondo menos favorables. La Seguridad Social cerró el ejercicio 2025 con cerca de 21,9 millones de afiliados, con medio millón de cotizantes más que el año anterior, mientras que la tasa de paro descendió por debajo del 10% por primera vez desde antes de la crisis financiera. A ello se suma el efecto de la reforma laboral de 2021, que ha reducido de forma significativa la temporalidad formal, situada en el entorno del 12% al 15%.
Empleo vs. contratación
Sin embargo, esta mejora convive con una dinámica menos visible: el volumen de contratación apunta a una elevada rotación en amplios segmentos del mercado de trabajo. Aunque los contratos indefinidos han ganado peso en el empleo total, cerca del 60% de los contratos firmados en 2025 fueron temporales, especialmente vinculados a necesidades puntuales de producción. Es decir, la temporalidad ha caído en términos estadísticos, pero sigue siendo dominante en el flujo de contratación.
La normativa ha limitado el uso de contratos temporales y ha impulsado el indefinido, pero no ha eliminado completamente la lógica de contratación asociada a picos de actividad. En la práctica, parte de los contratos temporales han sido sustituidos por fórmulas indefinidas que mantienen una utilización intermitente del empleo.
Entre ellas destaca el peso creciente del contrato fijo discontinuo, que permite a las empresas adaptar la plantilla a la demanda en sectores estacionales sin recurrir a contratos temporales tradicionales. Este tipo de contrato es indefinido en términos jurídicos, pero implica periodos de inactividad que reflejan una continuidad laboral más limitada en la práctica.
Un mercado laboral complejo
El resultado es un mercado laboral cada vez más complejo. Por un lado, mejora la estabilidad contractual en las estadísticas y aumenta el empleo. Por otro lado, el elevado volumen de contratos apunta a que muchas relaciones laborales siguen siendo muy breves, discontinuas o sujetas a ciclos de actividad. La reforma ha cambiado el tipo de contrato, pero no del todo la dinámica de funcionamiento del empleo.
Para las empresas, una alta rotación implica mayores costes de gestión: procesos de selección más frecuentes, necesidad de formación continua y una parte de la plantilla en fases iniciales de adaptación. Todo ello puede traducirse en menor productividad efectiva, especialmente en sectores donde la experiencia acumulada es clave. La necesidad de recurrir a múltiples contratos para sostener el empleo dificulta la consolidación del capital humano y limita el potencial de crecimiento a medio plazo.
Esta dinámica tiene un impacto directo sobre la productividad. En entornos con alta rotación, una parte relevante de la plantilla se encuentra en fases iniciales de aprendizaje o adaptación al puesto, lo que reduce el rendimiento efectivo del trabajo. La repetición constante de procesos de incorporación, formación y sustitución introduce costes adicionales y limita la capacidad de las empresas para consolidar conocimiento y experiencia.
Temporalidad y baja calidad
A ello se suma que los nuevos trabajadores no alcanzan su pleno rendimiento de forma inmediata. Diversos análisis del sector apuntan a que, durante las primeras semanas, la productividad puede situarse muy por debajo de su nivel potencial, lo que prolonga los periodos de ajuste y reduce la eficiencia global del sistema. En este contexto, la elevada rotación no solo afecta a la estabilidad del empleo, sino también a la capacidad de crecimiento de la economía a medio plazo.
España ha corregido uno de sus principales desequilibrios históricos —la elevada temporalidad—, pero no ha eliminado completamente la inestabilidad en la práctica. La contratación sigue siendo elevada incluso cuando el empleo crece, lo que apunta a un modelo que prioriza la flexibilidad operativa sobre la estabilidad prolongada.
Un mercado laboral con alta rotación tiende a generar menores niveles de eficiencia, ya que una parte significativa de los trabajadores se encuentra en fases de adaptación o transición entre puestos. Esto limita el potencial de crecimiento a medio plazo y condiciona la competitividad de las empresas. España ha mejorado durante 2025 sus principales indicadores laborales, pero no ha eliminado la rotación ni la ineficiencia del empleo.
