La guerra golpea donde más duele, en el bolsillo: así te afecta el conflicto de Oriente
La subida del precio del combustible aumenta los costes del transporte y se traslada a la cesta de la compra

Un hombre reposta gasolina en una gasolinera de Barcelona. | EP
El mensaje de «no a la guerra» del presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, no frena el impacto económico de un conflicto que ya ha empezado a sentirse en el bolsillo de los ciudadanos en España. En plena escalada entre Estados Unidos, Israel e Irán, el encarecimiento de la energía, la inflación y la incertidumbre en el país han vuelto a ganar peso. La consigna, que refleja la voluntad del Ejecutivo de no implicarse en Oriente Próximo, retoma además una línea política ya defendida por el expresidente José Luis Rodríguez Zapatero en su primera legislatura.
El impacto más inmediato del conflicto se está produciendo en el precio de la energía. Antes del inicio de la guerra, el barril de crudo Brent se situaba en torno a los 72 dólares, pero tras los ataques cruzados entre ambos bandos a infraestructuras energéticas, su precio se ha disparado hasta los 116 dólares, con subidas superiores al 7% en una sola jornada. Por su parte, el gas natural europeo también ha registrado incrementos cercanos al 30% y se prevé una subida tras el ataque al yacimiento de gas más grande de todo el mundo que Irán comparte con Qatar.
Ante este escenario, distintos gobiernos han optado por tomar medidas para contener la escalada, como la liberación de reservas estratégicas de petróleo con el objetivo de estabilizar los mercados. Sin embargo, el efecto de estas medidas es limitado y de corto plazo. En el caso de España, se estima que esta liberación cubriría aproximadamente el consumo de unos 12 días, una cifra ya inferior al tiempo transcurrido desde el inicio del conflicto el pasado 28 de febrero.
Pese a estas actuaciones, el encarecimiento ya es visible en los surtidores. La gasolina se sitúa en torno a los 1,70 euros por litro, mientras que el diésel supera los 1,83 euros, según los últimos datos disponibles del Boletín Petrolero de la Unión Europea. Esto supone un aumento del 16% y del 29% respectivamente desde el inicio de los bombardeos sobre Teherán, evidenciando que, pese a las medidas adoptadas, el impacto continúa trasladándose al bolsillo de los ciudadanos.
Aunque los precios aún no han alcanzado los máximos registrados en 2022, la tendencia al alza se mantiene. La tensión en el estrecho de Ormuz, por donde transita cerca del 20% del petróleo mundial, sigue presionando a los mercados y deja abierta la puerta a nuevas subidas en las próximas semanas. Desde Irán, incluso, se ha advertido de que, si el conflicto se prolonga, el precio del crudo podría escalar hasta niveles cercanos a los 200 dólares.
El encarecimiento de la energía ya empieza a trasladarse a la economía doméstica. El aumento del precio de los combustibles eleva directamente los costes de transporte y distribución, lo que acaba repercutiendo en los productos de consumo diario. Desde los alimentos hasta los bienes básicos, la cadena de precios se ve afectada en un contexto en el que la energía actúa como motor principal de la inflación. En este sentido, asociaciones como la Federación de Consumidores y Usuarios (CECU) han reclamado al Gobierno la aplicación de medidas como un tope en los precios de alimentos básicos, aunque por el momento el Ejecutivo no ha aprobado iniciativas en esa línea.
Aun así, el Gobierno prevé aprobar un paquete de medidas para paliar los efectos del conflicto. Según fuentes de Moncloa, el Ejecutivo trabaja en un Plan de Respuesta Integral ante la guerra en Oriente Próximo, que incluiría medidas tanto estructurales como coyunturales con el objetivo de proteger a los sectores más vulnerables. No obstante, a la espera de concretar su contenido, el ministro de Economía, Carlos Cuerpo, ya ha descartado una reducción del IVA en los alimentos. «Tenemos ahora mismo que estar muy centrados en el impacto que estamos viendo de la guerra y, en este momento, ese impacto se focaliza en la subida del precio de los carburantes», ha señalado el propio Cuerpo.
Este impacto no es inmediato en todos los productos, pero sí progresivo y sostenido. A medida que aumentan los costes logísticos y de producción, sectores como la alimentación comienzan a reflejar estas subidas en los precios finales. La experiencia de crisis anteriores, como la guerra en Ucrania, demuestra cómo este tipo de tensiones energéticas acaba consolidándose en la inflación durante semanas o incluso meses. En este escenario, el conflicto en Irán vuelve a crear incertidumbre en los mercados y anticipa un nuevo periodo de presión sobre la cesta de la compra.
De hecho, los últimos datos ya reflejan esta tendencia. Según el informe definitivo del INE, en febrero de 2026 el Índice de Precios de Consumo (IPC) se situó en una tasa interanual del 2,3%, mientras que los alimentos y bebidas no alcohólicas aumentaron en torno al 3,2%. Dentro de este grupo, algunos productos han experimentado subidas muy por encima de la media, como los huevos, con incrementos cercanos al 30% en los últimos doce meses, así como hortalizas, verduras, frutas tropicales o café. Un escenario que, correspondiente a febrero —antes del punto álgido actual del conflicto—, podría intensificarse aún más en las próximas semanas si la escalada energética se mantiene.
En este contexto, el impacto del conflicto ya es una realidad para los hogares españoles, más allá de los mensajes políticos. A la espera de que el Gobierno apruebe su Plan de Respuesta Integral ante la guerra en Oriente Próximo, previsto para los próximos días, la evolución de los precios seguirá marcando el pulso económico. Queda por ver si este nuevo paquete de medidas será capaz de trasladarse de forma directa al bolsillo de los ciudadanos y aliviar, al menos en parte, la presión que ya se empieza a notar en el día a día.
