BBVA dispara la compra de deuda francesa en plena escalada de la prima de riesgo
La entidad eleva un 534% la carteras de bonos galos y su exposición alcanza los 8.247 millones de euros

El presidente de BBVA, Carlos Torres. | Europa Press
BBVA ha disparado la compra de deuda soberana de Francia en plena escalada de prima de riesgo del país, por la incertidumbre —que mide los temores de los inversores ante un posible impago— y las tensiones financieras por las que atraviesa. Es tan intensa esta incertidumbre que se ha situado en lo más alto de la eurozona.
El banco, a diferencia de lo que ha hecho con los bonos soberanos de otros países, adquirió el año pasado un volumen importante de bonos soberanos galos, y en diciembre su exposición alcanzaba los 8.247 millones de euros. 12 meses antes, esta cartera apenas llegaba a 1.366 millones, por lo que aumentó en un 543% o 6.881 millones.
La inestabilidad en Francia no es nueva y se remonta a varios años atrás. En 2023, BBVA tenía solo 182 millones en deuda francesa, por lo que su apuesta por este activo es clara y busca obtener una rentabilidad superior en plena moderación de los tipos de interés oficiales. El rendimiento de los bonos galos a 10 años alcanza el 3,3%. La prima de riesgo se ha moderado recientemente, pero el año pasado llegó a sobrepasar el 80%. Fuentes oficiales del banco señalan a THE OBJECTIVE que este avance en la cartera se explica por la estrategia llevada a cabo desde 2022 para limitar la sensibilidad del margen de interés en un entorno de tasas oficiales más bajas.
La exposición con Francia es superior a la que tiene el banco con Estados Unidos, que apenas varió el pasado ejercicio, y que se sitúa en 6.442 millones. Y el aumento experimentado con el país vecino es el más elevado de todas las áreas, superior incluso al incremento de deuda española. La cartera de bonos de España que tiene BBVA ha crecido en 5.343 millones, hasta los 68.620 millones.
El banco, además, ha apostado también fuerte en Rumanía, Portugal y Colombia, donde cuenta con actividad, si bien en el primero de estos países está analizando la posible venta de su filial, dependiente de la división turca Garanti. Distintos bancos, entre ellos ING, se habrían interesado por la entidad rumana de BBVA, de acuerdo con la prensa local. El grupo ya intentó desprenderse de esta franquicia en 2020, pero la operación se paralizó como consecuencia de la pandemia.
En Rumanía, la cartera de bonos de la entidad ha pasado de los 761 millones a los 1.135 millones; en Portugal, de los 288 millones a los 568 millones, y en Colombia, de los 4.021 millones a los 5.482 millones. Estos incrementos contrastan con la venta de deuda de Turquía, el tercer gran mercado para el conglomerado que preside Carlos Torres, que ha descendido casi 1.400 millones, hasta los 8.634 millones.
BBVA alerta en su informe anual de que es «vulnerable al deterioro de las condiciones económicas, a la modificación del entorno institucional de los países en los que opera, y está expuesto a deuda soberana». Una advertencia común a la del resto de bancos y otras compañías, sobre todo las financieras. El grupo señala que «la economía global enfrenta cambios significativos, entre otros motivos, por las políticas de la administración estadounidense» y que «la incertidumbre sobre sus consecuencias es excepcionalmente alta, lo que incrementa sustancialmente los riesgos».
Acto seguido, sostiene que «el aumento de los aranceles estadounidenses sobre las importaciones desde sus socios comerciales ha provocado volatilidad en los mercados financieros, reforzando los riesgos globales». Y añade que «el crecimiento global podría desacelerarse significativamente», aunque «las políticas fiscal y monetaria podrían compensar parcialmente el impacto del proteccionismo comercial, particularmente en la zona euro, donde se han anunciado significativos aumentos del gasto público». Este viernes el Supremo de EEUU tumbaba buena parte de los aranceles de la administración de Donald Trump.
En Francia, donde BBVA ha elevado su exposición, el nivel de deuda pública es el principal temor de los inversores. No para de crecer y ya roza el 118% sobre su Producto Interior Bruto (PIB). Ha aumentado en más de un billón en ocho años y alcanza los 3,4 billones, a pesar de la cada vez mayor presión fiscal aplicada. Además, su déficit es abultado, al situarse por encima del 5%. Esta situación se da en un momento de inestabilidad política, con sucesivos cambios en el Gobierno y con el temor de que acceda a la presidencia el partido de Marine Le Pen en 2027. El Fondo Monetario Internacional (FMI) pronosticó en diciembre que el ratio de deuda pública del país pasará al 130% en 2030.
