The Objective
La otra cara del dinero

La venta a plazos, Einstein, la serpiente… y el «escenario catastrófico»

La tendencia del BNPL (compre ahora y pague después) ha aumentado un 13% este año, haciendo saltar las alarmas

La venta a plazos, Einstein, la serpiente… y el «escenario catastrófico»

Persona comprando electrodomésticos. | Sebastian Barros (Zuma Press)

La manzana con la que la serpiente tentó a Eva se multiplica hasta el infinito en los vericuetos del universo. El universo, va Einstein y nos dice, es un tejido cuatridimensional llamado espacio-tiempo. Que lo sepa. Las posibilidades de comprarle la manzana a la serpiente (que es solo una intermediaria, ojo, el fabricante es Otro: ella solo «desvía» su potencial para disponer de una parte del precio) se han disparado. El espacio está lleno de tiendas. Y cuando ya casi no quedaba espacio, nos inventamos más: Internet. Pero el espacio, además, va y sigue diciendo Einstein, es relativo al tiempo, y viceversa. 

Entonces surge el BNPL, siglas anglosajonas del «compre ahora y pague después» de toda la vida. Al anglosajonizarlo, el concepto queda empaquetado para su análisis a nivel (o, como insiste la nueva generación: en plan) de management y etcétera. Adobe Analytics, por ejemplo, nos revela que casi la mitad (45%) de los consumidores planeaba usarla en al menos una compra navideña, un aumento interanual del 13%.    

Tierney Remick ejerce de Einstein al respecto. La longitud de su cargo lo cualifica, claramente: es vicepresidente del Departamento Global de Servicios para Juntas Directivas y Directores Ejecutivos de Korn Ferry. El espacio que ocupa se relaciona directamente con el tiempo que le lleva a usted leerlo, dejándole el tejido cuatridimensional perdido. Lo siento. Dice Remick que el dato cósmico de Adobe Analytics «es una señal de alerta». Porque indica que «los consumidores están bajo presión». No me diga. En España no nos habíamos dado cuenta…

Él lo pone en el contexto de «un momento de creciente deuda de los consumidores estadounidenses, que alcanzó un récord de 18,6 billones de dólares el año pasado, frente a los 17 billones de dólares de 2023». Porque los americanos no se quedan sin consumir. Por eso, a algunos minoristas estos préstamos BNPL les parecen estupendos, «en parte porque permiten a los consumidores seguir comprando en un momento en que la inflación sigue afectándolos. Además, son las empresas BNPL, no los minoristas, quienes asumen el riesgo financiero inicial, ya que les reembolsan el préstamo al realizar una compra». Ande yo caliente…

Sin embargo, viene el tío Remick con las rebajas, «parece que a los analistas les preocupa que estos planes contribuyan al aumento de la deuda de los consumidores y puedan perjudicar a los minoristas en el futuro, ya que los consumidores que se han visto envueltos en estos planes podrían quebrar. Otras industrias que dependen del gasto de los consumidores, como la automotriz, la de viajes y la de restaurantes, también podrían verse afectadas».

No aparece la palabra burbuja en el informe de Korn Ferry. Todavía.

Lo del BNPL no es nuevo. Aunque a lo mejor todavía no tuviera un nombre tan chulo (que diría Yolanda), dice el estudio que ya fue popular entre las décadas de 1930 y 1970, aunque matiza que, entonces, «permitía a los clientes depositar un depósito por un artículo, que también se guardaba en la tienda hasta que el cliente lo pagara por completo». Qué tiempos. Luego las tarjetas de crédito reemplazaron en gran medida el sistema de apartados, con lo que «trasladaron el riesgo a las compañías de tarjetas de crédito, a la vez que abrieron una lucrativa fuente de ingresos para los minoristas que ofrecían sus propias tarjetas de crédito».

El problema es que el truco de la serpiente «ha llevado el concepto de pago parcial a un nuevo nivel». A ver: las deudas BNPL no se rastrean centralmente, lo que genera una imagen inequívoca del uso por parte del consumidor, pero… «algunos servicios BNPL no realizan una verificación de crédito ni aparecen en los informes crediticios a menos que estén en mora, por lo que un consumidor podría tener media docena de planes de pago simultáneamente». 

O sea, que seis prestamistas podrían asumir pérdidas del mismo cliente. Un lío, vamos.

Una cuarta parte de los usuarios de BNPL se atrasó en el pago en 2025, frente al 18% en 2023, según la Reserva Federal. Por ahora, los minoristas cruzan los dedos. Gracias al BNPL, las tiendas vendieron el año pasado más de 120.000 millones de dólares (101.240 millones de euros) en productos que de otro modo no se habrían vendido. «Es bueno para los minoristas, especialmente en épocas de bonanza», asegura Craig Rowley, socio sénior de clientes de Korn Ferry. El «escenario catastrófico» [sic] llega cuando la economía se retrae y la gente pierde su trabajo. Si muchos, hasta demasiados, de ellos acaban de comprar electrodomésticos, vestidos y cruceros con la dichosa BNPL, los muchachos de Korn Ferry, Einstein y básicamente todo el mundo (menos la serpiente, que se lo está pasando en grande) se hace «la pregunta de los 120.000 millones sigue siendo: ¿Tendrán el efectivo para pagarlos más adelante?»

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