Los inversores no entienden por qué en España la luz es cara pese a la cantidad de renovables
La imagen positiva del país se desvanece por los altos costes, la politización y los enfrentamientos en el sector

Energía solar y eólica. | Europa Press
Los inversores extranjeros observan con buenos ojos el mercado español para montar proyectos industriales o energéticos. Al menos esa es la conclusión que sacan de los informes de las consultoras que describen este país como el lugar idóneo para el desarrollo de las energías renovables, caracterizadas por generar bajos precios en el mercado. De hecho, la solar, la eólica y la hidráulica superaron el 50% del total de electricidad generada el pasado año.
Sin embargo, este mix energético no desemboca en una factura de luz barata, pese a que presuntamente debería. Una realidad que intriga a los inversores, incluidos a los más reconocidos, como el propio Bill Gates, que desde hace años tiene un fondo que invierte en proyectos verdes disruptivos en todo el mundo y que precisamente preguntó por este asunto hace una semana. Como suele ocurrir, los inversores acaban recibiendo la explicación de este escenario, que no es otra que el complejo sistema marginalista y la elevada cantidad de costes asociados que tiene el recibo de la electricidad.
El sistema hace que todas las tecnologías del mix cobren por el precio de la última central necesaria para cubrir la demanda, que suele ser la de gas. Esto se traduce en lo que reflejan los elevados precios del marcado diario, que han llegado -y superado- durante los últimos días a los 100 euros megavatio hora en determinadas horas del día, según los datos de Red Eléctrica. A eso hay que añadirle los peajes de redes (tanto en transporte como en distribución), los costes regulados históricos (déficit de tarifa y primas antiguas a renovables) y los impuestos (IVA, especiales y el Impuesto sobre el Valor de la Producción de la Energía Eléctrica). También existen otros mecanismos, como el servicio de respuesta activa de la demanda para la industria, que paga a las fábricas a cambio de que paren su actividad cuando existe más demanda que oferta (aunque lleva sin aplicarse un año).
Política y sector energético
«Cuando uno está fuera de España ve que todo está bien, pero una vez que uno está dentro, la cosa cambia», aseguran los inversores sobre la imagen externa que da el país. Un comentario compartido por trabajadores del sector energético que han trabajado en el extranjero. Además de las razones meramente técnicas, existen otras políticas, como la polarización, que contribuye a la parálisis del Congreso de los Diputados. Precisamente, y relacionado con este asunto, en el sector energético inquieta que la ley de Industria no se apruebe.
Además del plano político y técnico, existe también una crisis de confianza en el sector eléctrico tras el apagón. Las relaciones entre las energéticas; el gestor del sistema, Red Eléctrica y el regulador (la Comisión Nacional de los Mercados y la Competencia, CNMC), siguen marcadas por el suceso ocurrido el pasado 28 de abril, que dejó a España sin luz durante más de diez horas. Un escenario que se ha agitado todavía más tras conocerse la circular de retribución de las redes eléctricas, aprobada con división dentro del regulador, que ha puesto en pie de guerra a las energéticas por considerarse baja.
Por otro lado, en el regulador, que es el encargado de velar por la competencia y regulación del sistema energético, hay tensión interna, como se pudo constar hace unos días, cuando se conoció la dimisión la consejera de la CNMC, Pilar Sánchez. Fuentes conocedoras del asunto señalan que se ha debido a su deteriorada relación con la presidenta.
Posibles soluciones
El escenario eléctrico muestra una red colapsada. El número de nudos saturados ha ido creciendo hasta situarse en el 88% en el mes de enero. Algunos teóricos y técnicos del sector energético hablan de la necesidad de digitalizar la red para aumentar su eficiencia. Eso intentó el regulador al presentar un nuevo modelo metodológico, llamado totex, que premia precisamente los aumentos de inversión en esta área.
El modelo totex rompe con el viejo esquema que se basa en aplicar una tasa de retorno al coste de mantenimiento, operación en inversiones por medio del capex (el gasto en la inversión a largo plazo) y el opex (gasto en las operaciones diarias) que llevan a cabo las eléctricas. Lo que busca es retribuir los activos —por ejemplo los cables o los transformadores— para que se pague por el servicio. Sin embargo, según fuentes del sector, este objetivo no se ha conseguido, y con el nuevo esquema se lanzan señales que alejan la inversión por la transformación de la red y se incentiva en cambio la clásica apuesta de sustituir los transformadores.
