La remuneración real por trabajador es menor que antes de la pandemia pese al alza del SMI
El nuevo descenso en la productividad amenaza con cronificar el estancamiento de ingresos

Una trabajadora de la hostelería, uno de los sectores más expuestos al SMI, en una imagen de archivo. | EFE
España experimenta un crecimiento económico mayor que el de las grandes economías europeas, pero con unos indicadores de productividad inferiores y estancados. Este gran reto pendiente lastra la remuneración del trabajo, que, pese a la subida acumulada de cerca del 60% del salario mínimo interprofesional (SMI) desde 2018, sigue por debajo de los niveles previos a la pandemia en términos reales, es decir, ajustados a la inflación, de lo que se infiere que los trabajadores que ganan más que el suelo fijado por el Gobierno han perdido poder adquisitivo. A su vez, el descenso de la productividad registrado en los últimos meses amenaza con estancar los sueldos ajenos al SMI a futuro.
En 2023, 2024 y 2025, el salario medio aumentó por encima de la inflación según los datos oficiales, con lo que el poder adquisitivo se recuperó parcialmente, en parte porque en ese periodo la productividad seguía baja, pero se incrementaba, especialmente en sectores como el comercio, los transportes y la hostelería. Sin embargo, en el cuarto trimestre del año, el Instituto Nacional de Estadística contabilizó un retroceso de cuatro décimas en la productividad por hora trabajada, que vuelve así a su senda negativa. Entre finales de 2019 y finales de 2025, el producto interior bruto (PIB) por ocupado ha descendido un 0,3%, mientras que la remuneración real por asalariado lo ha hecho un 0,2%, según datos elaborados por BBVA Research sobre la base del INE.
El servicio de estudios del banco vasco ha alertado en un informe publicado este lunes de que, pese al crecimiento económico y de la ocupación, la remuneración por asalariado y la productividad siguen estancadas, en parte porque el nuevo empleo de la inmigración tiende a puestos menos productivos o que requieren menor capital humano que los de la población nativa. A pesar de que la remuneración por trabajador ajustada a la inflación no ha alcanzado sus niveles previos al covid, el consumo real per cápita sí se recuperó en 2025, según Funcas.
Las empresas que más difícil van a tener seguir incrementando salarios a un ritmo suficiente para captar y retener talento son las pymes, en parte por el aumento de costes generalizado que acusan y por el esfuerzo salarial que han llevado a cabo en los últimos años. Según un estudio de la escuela de negocios Eada eICSA Grupo, las pequeñas y medianas empresas son las que más han incrementado salarios en el periodo comprendido entre 2007 y 2025, por encima de las de mayor tamaño. Sin embargo, tanto los empresarios como los datos manifiestan señales de enfriamiento en esta dinámica: Caixabank Research ha cifrado los aumentos de 2025 en un 3,0% en las grandes compañías frente a un 2,9% en medianas, un 2,5% en pequeñas y un 2,1% en microempresas.
Los analistas consultados por THE OBJECTIVE advierten de que subir salarios sin elevar la productividad sería un tiro en el pie injustificado para las compañías, ya que muchas ya no tienen capacidad para ello: un gran número de pymes han entrado en pérdidas o han llevado sus márgenes al límite. Asimismo, prevén que, tras la nueva subida del SMI —que la ministra Yolanda Díaz lleva este martes a la comisión delegada de Economía con la intención de tramitarla a la mayor brevedad— la productividad caiga en aquellos sectores más expuestos, como la agricultura, el doméstico, el comercio o los bares, que tendrán mayores dificultades. En el resto del país no se esperan mejoras en los salarios, salvo en aquellos sectores en que la productividad lo permita, puesto que es este parámetro el que determina el salario, y si a medio plazo no asciende, tampoco lo harán los sueldos, salvo aquellos —los más bajos— que pueden decretarse desde el Ejecutivo.
Esta situación apunta a un aumento de capacidad adquisitiva en aquellos colectivos cuyos ingresos dependen de los índices establecidos por el Gobierno, como los trabajadores de baja cualificación o los pensionistas, mientras que el resto de la población experimenta la tendencia contraria. Sabiendo que es la productividad la que acaba determinando la evolución salarial, no es un buen augurio que este primer indicador haya empezado de nuevo a ir a la baja.
Otro aspecto que lastra la productividad es el creciente absentismo laboral, un fenómeno en auge por la saturación de la sanidad pública y de la Inspección de la Seguridad Social, y las mayor repercusión de bajas por salud mental. Tras alertar las patronales y los expertos de este problema, el Gobierno ha anunciado la creación de un Observatorio de la Incapacidad Temporal en un intento de buscar soluciones ante este desafío que por ahora parece no tocar techo.
