España encadena un año y medio de subidas de precios superiores a la media europea
El petróleo barato por la depreciación del dólar es uno de los motivos por los que la inflación se ha moderado

Una consumidora hace la compra en un supermercado. | EFE
España lleva desde verano de 2024 con subidas de precios superiores a la media de la eurozona. Los datos del índice de precios del consumidor (IPC) publicados por el Instituto Nacional de Estadística (INE) el pasado viernes reflejan una moderación en esta escalada, con un incremento del 2,3% en enero en comparación con el año anterior. De este modo, la cifra desciende, pero se sitúa todavía por encima de la media del 1,7% correspondiente al mismo periodo para los países que comparten la moneda común.
Según las estimaciones de CEOE, en el conjunto de 2026, el IPC se contendrá, con un alza media ligeramente por encima del 2%. El abaratamiento de productos como los combustibles, la electricidad y el aceite han contribuido a esta moderación. Aun así, la inflación subyacente, que excluye precisamente estos elementos, se ha mantenido invariable en los últimos meses. Algunos productos se han encarecido a un ritmo de doble dígito en el último año, entre los cuales destacan los billetes de tren, los huevos, la carne de ternera, el chocolate, el café y la joyería.
Uno de los factores que explica que los precios se incrementen significativamente más rápido en España que en el resto de Europa es el mayor crecimiento económico, debido fundamentalmente no a un incremento en la productividad, sino a la creación de puestos de trabajo impulsada por el alza demográfica —que también eleva el número total de consumidores y, por tanto, la demanda—, a la que contribuyen principalmente los ciudadanos extranjeros. El país crece más que la mayor parte del continente, tanto en economía como en precios, pero mantiene el índice de miseria más alto entre los socios comunitarios por los peores datos en lo que respecta a una inflación y un desempleo relativamente altos.
Más allá de la moderación general de precios, Rafael Pampillón, catedrático de Economía de la Universidad CEU San Pablo, advierte sobre las importantes alzas en «una parte importante de lo que viene a ser lo básico, sobre todo los alimentos […]. La inflación en España está por encima de la media de la zona del euro, que es donde más [se compite], y [llevan] más de un año con una inflación más alta, desde mediados del año 2024, aunque en abril del 2025 ambas coinciden en el 2,2% porque están puntualmente alineadas».
Esto implica que «los españoles pierden poder adquisitivo más rápidamente que los países de la zona del euro». Además, los «competidores solo suben un 1,7%», de forma que «relativamente [los] precios suben más rápido que los precios de los productos de los países con los que [compite España] […]. Si [los] productos y servicios [españoles], como los turísticos, suben más rápido que los hoteles de Italia y Portugal y la media de países de la eurozona, lógicamente [se perderá] competitividad».
Por su parte, Josep Lladós, profesor de Economía de la Universidad Abierta de Cataluña (UOC), considera que por ahora «la inflación no da señales de remontada» y que los niveles actuales «son compatibles con los objetivos del Banco Central Europeo», que tiene como misión principal que el alza de precios esté en torno al 2% anual, después de revisar su histórica meta de mantenerla justo por debajo de esa misma cifra. Además, el académico subraya que estamos «creciendo más» que el resto de Europa, lo cual equivale a decir que «no hay una presión de demanda» que se traduzca en encarecimientos desbocados.
El experto señala que «la tendencia de fondo es la estabilidad de los precios» y que, «probablemente, la estabilidad de precios no sea un problema» en el futuro próximo, por más que «algunos productos concretos» hayan protagonizado incrementos sustanciales en los últimos meses, como ciertos alimentos o servicios, el gas natural y los gastos asociados al hogar, que se mantienen en «cotas elevadas». También «la inflación de la eurozona está en línea con el objetivo del BCE», lo cual «no explica que no bajen los tipos de interés», una medida ansiada para dar un empujón necesario a la economía del Viejo Continente. Atribuye esta «rigidez» a la vigilancia que la autoridad monetaria realiza sobre la oferta de algunos mercados, aunque esto frena la competitividad y genera preocupación económica. También manifiesta que el hecho de que el dólar esté en un nivel «bajo» en comparación con la cotización del euro tras haberse depreciado en el último año, si bien daña las exportaciones europeas, también «ayuda a contener la inflación», por ejemplo: por la entrada de petróleo barato adquirido en dólares estadounidenses.
