The Objective
Macroeconomía

La presión inflacionaria pone contra las cuerdas a Lagarde en la recta final de su mandato

El BCE espera aumentos de precio como consecuencia de la subida del petróleo, y su reacción plantea un dilema

La presión inflacionaria pone contra las cuerdas a Lagarde en la recta final de su mandato

Christine Lagarde, presidenta del BCE.

Las presiones inflacionarias derivadas de la subida del precio del petróleo por el conflicto en Irán y la amenaza arancelaria de Donald Trump ponen en apuros al Banco Central Europeo. La autoridad monetaria se enfrenta a un dilema en el que su decisión, sea cual sea, dejará grandes perjudicados en la zona euro. Si opta por una política restrictiva, es decir, subir los tipos de interés para contener los precios, asfixiará grandes economías con un crecimiento frágil como Francia o Alemania y, además, encarecerá enormemente el pago de intereses para España y países altamente endeudados. Si, por lo contrario, mantiene una posición laxa o expansiva, congelando o reduciendo los tipos, puede desatar una escalada inflacionaria.

Este escenario sería especialmente grave si la intervención de Estados Unidos e Israel en Irán se prolonga, lo que podría producir un rápido encarecimiento generalizado, como ya ocurrió tras la invasión rusa de Ucrania. La cuestión sigue siendo la duración de la guerra: Trump ha indicado que podría durar días, pero también que está preparado para que se alargue durante más de un mes, y tanto Teherán como Washington se han mostrado en público reticentes a negociar, pero The New York Times ha revelado contactos discretos entre la CIA y la inteligencia iraní.

En cualquier caso, se espera un repunte de precios problemático, de duración e intensidad incierta, que deja al BCE con poco margen de maniobra en un momento en que Christine Lagarde, nombrada presidenta en 2019, encara el tramo final y uno de los más complicados de su andadura al frente del banco central. Su mandato vence en octubre de 2027 y la dirigente ha mostrado su disposición para completarlo, aunque el Financial Times ha descrito movimientos para destronarla antes de tiempo para dar al presidente francés Emmanuel Macron, y no a un hipotético sucesor de derecha radical, voto sobre el relevo de Lagarde.

Históricamente, un encarecimiento de la gasolina impacta sobre la economía global, desatando una crisis por una subida de precios en cadena. Este proceso ha sido cuantificado por el Fondo Monetario Internacional (FMI), institución que ya lideró la propia Lagarde con anterioridad a su actual responsabilidad. Según estas estimaciones, un incremento del 10% en el precio global del petróleo aumenta la inflación en cerca de medio punto por encima del nivel previo —esto dispararía la española hasta el 2,8%—, pero hay que tener en cuenta que el encarecimiento acumulado en el barril de crudo Brent —que ya cotiza más al alza en Europa que en EEUU— desde enero está ya en el entorno del 30%, y los analistas consultados por THE OBJECTIVE esperan nuevas subidas desde el entorno de los 80 dólares actuales hasta casi 100 si el conflicto es corto o hasta cerca de los 130 si se prolonga.

Según el FMI, estos impactos suelen notarse en el primer año y desaparecen a los dos años. Esto es, si no se producen efectos de segunda ronda, es decir, si la escalada inflacionaria no se alarga lo suficiente como para desencadenar un espiral. Sin embargo, la propia Lagarde ya advirtió en verano de 2025, cuando EEUU ya atacó la industria militar iraní, que un encarecimiento considerable del petróleo sí podía acarrear efectos inflacionarios de segunda ronda en Europa. Además, responsables del BCE han señalado recientemente su preocupación por el impacto que la guerra en Oriente Medio puede tener en los precios en la eurozona. Y es que, tras la grave espiral inflacionaria desatada por la guerra de Ucrania, la autoridad monetaria probablemente buscará no caer en el mismo error de considerar este evento como transitorio. Más allá de la energía, los productos más sensibles a encarecerse en un episodio como el actual por la disrupción logística y los mayores costes de envío incluyen los textiles, los pequeños dispositivos electrónicos, los recambios industriales y componentes de automóviles.

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