Otros diez años perdidos para España: se estanca la productividad y baja en tecnología
La industria y las telecomunicaciones lideran los retrocesos, mientras que la agricultura es la que más progresa

Un hombre controla un robot de almacén el pasado lunes en el Mobile World Congress de Barcelona. | Reuters
La escasa productividad se consolida como uno de los grandes problemas de la economía española. Numerosos expertos alertan desde hace tiempo de este desafío, cuya dimensión se aprecia tanto en los datos anuales de la base de datos macroeconómicos de la Dirección General de Asuntos Económicos y Financieros de la Comisión Europea (Ameco) como en el análisis de la contabilidad nacional del INE recogido en el informe anual del Consejo de Transparencia de España, el órgano de especialistas consultados por el Ministerio de Economía de Carlos Cuerpo para analizar esta problemática.
Desde 2015, la curva del producto interior bruto (PIB) por hora trabajada y por empleado en términos reales, esto es, ajustados a la inflación, se ha ido aplanando, reflejando un claro estancamiento. Sin embargo, uno de los datos más llamativos es la dispar evolución sectorial. La agricultura, ganadería, silvicultura y pesca son los ámbitos que mayor avance han registrado, con incrementos en ambos indicadores muy modestos en el periodo comprendido entre 2014 y 2019, y más notables entre 2020 y 2025, especialmente por el extraordinario desempeño en el trienio 2022-2025, donde se ha registrado un incremento medio superior al 0,08% anual.
Es el mayor aumento registrado en la economía española y puede estar relacionado tanto con una mayor concentración en las explotaciones ganaderas —granjas más grandes— en los últimos años como con la rápida implantación de innovaciones en el campo, como el monitoreo de las cosechas a través de sistemas inteligentes, los invernaderos automatizados, los nuevos fertilizantes o tecnologías de modificación genética contra plagas. Los drones también han sido una de las principales fuentes de demanda para la agricultura, ya que permiten vigilar grandes extensiones de terreno o incluso fumigar.
Sin embargo, el sector primario sigue teniendo un peso muy escaso en el empleo a nivel nacional, mientras que el sector servicios se ha convertido en el principal motor de ocupación. De hecho, la agricultura solo supone cerca de un 3% de la producción económica del país, lo que explica que la mejoría observada en esta actividad no se haya traducido en un incremento sostenido en el conjunto de la productividad del país.
Los sectores innovadores restan en vez de sumar
En paralelo, las tecnologías de la información y comunicaciones (TIC) son, contrariamente a lo que cabría esperar dada la importancia de la continua innovación en este ámbito, el sector que más ha retrocedido en productividad por ocupado y por hora trabajada en los últimos años, con una modesta mejora observada entre 2014 y 2019 que ha quedado eclipsada con creces por un retroceso superior en el entorno del 0,03% anual entre 2022 y 2025. Una dinámica parecida, aunque algo menos pronunciada, ha seguido la industria, que, a pesar de ser el sector mejor pagado del país y el que ha creado tradicionalmente empleo más estable, acusa desgaste en productividad en los últimos tres años, una situación delicada en la medida en que esta es una de las actividades que más depende de las exportaciones y, por tanto, de la competitividad.
Fuentes de la Unión Sindical Obrera (USO) alertan de la «preocupante» evolución de la agricultura y la industria, ámbitos en los que «nos tendríamos que desarrollar más». Sin embargo, «lo que se lleva la palma son los servicios, que es donde está ocupada la población española, en tomar copichuelas al sol, y el día que falte, si está nublado o hay temporales en las zonas de costa, la gente que servía aperitivos, copas y comidas, lo va a tener complicado», esgrimen. Por su parte, el economista Clemente Polo subraya que «en los siete años de Sánchez, [España está estancada] en términos reales en cuanto a productividad; algunos indicadores muestran una pequeña subida y en otros el punto inicial está incluso por encima del punto actual».
Para el catedrático emérito de Economía de la Universidad Abad Oliba, esto responde a que «la economía se ha expandido en dimensión, por número de personas, pero no en intensidad, no [se produce] más». Además, asegura que «una gran parte de ese estímulo del PIB se debe al aumento del gasto público financiado con deuda y, si [España no se hubiera] endeudado, esto habría restado crecimiento». Según Polo, «[se está] incorporando a la población activa gente con cualificación muy baja; algunos inmigrantes tienen cualificación y son médicos o abogados, pero la mayoría son cocineros y similares». «Quizá [se está] incorporando mano de obra poco cualificada, y da lo que da», reflexiona el académico, concluyendo que «los aumentos de la productividad no serán muy grandes». Fedea apunta además que las carencias del sistema educativo, desalineado con el mercado laboral a pesar del paulatino desarrollo de la formación profesional, representan uno de los principales lastres sobre la productividad de la economía.
