Las exportaciones sufren el mayor deterioro en cinco años mientras crece el peso de China
La inflación y el crecimiento demográfico han jugado en contra de la competitividad de las empresas españolas

Contenedores de mercancías en el puerto de Algeciras, Cádiz, en una imagen de archivo. | Reuters
El descenso de las exportaciones ha llevado a la balanza comercial de España hasta uno de sus peores datos de los últimos diez años. El crecimiento económico —basado fundamentalmente en el mayor consumo interno a causa del aumento demográfico y la expansión fiscal, con gasto público creciente basado en endeudamiento— ha generado una escalada de precios superior a la media europea, situación que, tal y como publicó THE OBJECTIVE, ha lastrado la competitividad de las empresas que exportan a otros países, generando una caída en el sector exterior que a su vez está ya siendo visible a través de una desaceleración en el ciclo expansivo del producto interior bruto (PIB). Las últimas estadísticas oficiales de la Secretaría de Estado de Comercio confirman estas señales de alarma y reflejan que el aumento de la dependencia del mercado chino —tanto en flujos comerciales como en inversión— no ha logrado contener esta tendencia, sino todo lo contrario.
En 2025, la economía española registró un déficit comercial de 57.055 millones de euros, el segundo peor dato de los últimos nueve años. Además, tanto las exportaciones como las importaciones experimentaron en enero el peor arranque de ejercicio de los últimos cinco años, con bajadas del 2,9 y el 8,4% interanual, respectivamente, cuando anteriormente decrecían a menor ritmo o incluso aumentaban. Ello implica que las compañías nacionales han tenido más dificultades para colocar sus productos en el exterior y que, además, también la demanda de bienes y servicios foráneos, que venía fortaleciéndose, se ha resentido, lo cual podría indicar un enfriamiento económico, a la espera de la evolución del consumo por habitante en los próximos meses.
China tiene ya un peso del 12,5% sobre el total de importaciones, frente al 11,6% de 2022, aunque solo adquiere el 2% de las exportaciones españolas, con una caída del 8% interanual. Esta relación desigual, que Pekín definió como «pragmática», generó un saldo negativo de 3.259 millones en enero de 2026. Estados Unidos es el destino del doble de exportaciones (3,9%), aunque este mercado también se ha contraído e incluso de forma más pronunciada, un 11%, mientras las importaciones han subido un 7%, de modo que estos dos países han contribuido de forma significativa a una peor balanza comercial.
Uno de los factores que afecta negativamente al déficit comercial de España es la falta de autonomía a la hora de producir energía. De hecho, el país registra una dependencia de las importaciones energéticas de cerca del 70%, por encima de la media de la Unión Europea del 57%. Esto implica que aproximadamente siete de cada diez terajulios consumidos en el país en su conjunto —electricidad, hidrocarburos y otras fuentes— necesitan cubrirse mediante importaciones netas, según Eurostat.
La crisis de Ormuz agrava todavía más, si cabe, el problema de la dependencia energética, aunque Argelia planea aumentar el suministro de gas a nuestro país tras un acercamiento por la posición del Gobierno en los conflictos de Gaza e Irán. Esta decisión será comunicada previsiblemente este jueves, en el marco de la visita oficial del ministro de Exteriores, José Manuel Albares, de dos días a Argelia, la primera desde la crisis diplomática de 2022 y en plena incertidumbre energética mundial, con una agenda política, económica y cultural que combina la capital, Argel, y la ciudad costera de Orán.
La complicada situación del sector exterior español contrasta con el récord en el comercio global, que ha registrado un crecimiento del 6,5% en 2025, alcanzando máximos históricos, impulsado por la inteligencia artificial y una reorientación estratégica en las alianzas entre países. Según un informe de McKinsey, los aranceles, las nuevas tecnologías y la evolución del papel de China están redefiniendo el mapa comercial hacia bloques cada vez más alineados geopolíticamente, pese a las tensiones y a disrupciones logísticas en puntos críticos como el golfo Pérsico.
