Murtra logra contener los planes de Moncloa en su primer año en Telefónica
El directivo sienta las bases de cambios estructurales profundos y estructurales con el apoyo de la SEPI y Criteria Caixa

Marc Murtra, durante la presentación del plan estratégico de Telefónica en noviembre | EP
Hace exactamente un año Marc Murtra era designado presidente ejecutivo de Telefónica. Un nombramiento envuelto en una gran polémica no por su llegada, sino por la abrupta salida de su predecesor, José María Álvarez-Pallete. A punto de cumplir una década al mando de la primera operadora de telecomunicaciones española, el hombre designado por César Alierta para continuar con su legado era «llamado a capítulo» a la Moncloa. Allí, los principales accionistas de la compañía —el Estado, Criteria Caixa y STC— le comunicaban su despido por boca del jefe de la oficina económica de Pedro Sánchez, Manuel de la Rocha. Unas formas que convirtieron un movimiento con justificación técnica en una maniobra política que alimentó la idea de que el Ejecutivo volvía a influir en el IBEX 35 para moldearlo a su imagen y semejanza.
Desde luego no fue el entorno ideal para tomar las riendas de una de las compañías más estratégicas para España., también en el plano político. Y así fue. Los primeros meses de Murtra —así como todas sus decisiones— estuvieron marcados por la sombra de la política y de la influencia del Gobierno y de la Sociedad Estatal de Participaciones Industriales (SEPI). Pero públicamente se sabe poco de la designación de Murtra. Se conoce todo (o casi todo) de la salida de Pallete, pero pocos han reparado en la sucesión de acontecimientos que le llevaron a cambiar una aparente tranquilidad en Indra por el «caramelo envenenado» de tener que dirigir la Telefónica pos-Pallete.
Lo primero que hay que tener en cuenta es la política de hechos consumados. El Gobierno decidió que era el momento de cambiar el timón de Telefónica tras haber consolidado su 10% de control y convertirse en uno de los dos mayores accionistas. Conocedores de que Pallete tenía el apoyo de Criteria y de su presidente Isidro Fainé, unieron fuerzas con el resto de los accionistas relevantes. STC —pendiente entonces del plácet para subir hasta el 10%—, BBVA —a la espera de que se resolviera la opa por el Sabadell—, y BlackRock dieron su visto bueno antes de ir a presentarle el plan al brazo industrial de la Fundación La Caixa.
Criteria Caixa y Murtra
«O estás con nosotros o estás en contra», vino a decir el Gobierno, ante lo que Criteria no pudo más que sumarse. Entonces, Isidro Fainé movió ficha y acordó el nombramiento de Murtra, un hombre de su confianza y que —en su opinión— podía garantizar la independencia de Telefónica ante las presiones del Ejecutivo. El hasta entonces presidente de Indra tenía el cartel de ser un técnico y un gestor que trabajó para desmarcarse de los movimientos políticos en Indra. Catalán con formación en EEUU, pertenece a esa clase de gestores cercanos a la socialdemocracia: liberal y, por encima de todo, un experto que se mantiene impermeable ante las coacciones externas.
Murtra no fue una designación apresurada: fue el fruto de un acuerdo entre Criteria Caixa y el resto de los socios para garantizar una transición tranquila. Y por el momento se ha cumplido el objetivo, según indican a este diario diferentes fuentes que han vivido este periodo en primera persona, tanto desde la perspectiva del mercado como la de sus principales accionistas. Así es como el presidente de Telefónica ha logrado consolidar su independencia. «Ha demostrado en estos doce meses que no va a sacrificar intereses corporativos por las demandas puntuales del Gobierno si cree que es malo para la compañía», dice un alto directivo del sector que sigue muy de cerca la actualidad de la empresa.
Esto significa que Murtra está abierto a todas las propuestas y sugerencias de los accionistas, pero las descarta si cree que no aportarán valor a la operadora. En este sentido, hay dos movimientos que retratan su posicionamiento en estos meses. La participación de Movistar+ en el nuevo canal que licita el Gobierno y de Telefónica en un eventual asalto al grupo Prisa. Cuando el nuevo presidente llegó, se dispararon las especulaciones por la utilización de la compañía como un instrumento industrial de la Moncloa. Finalmente no movió ficha, básicamente porque consideró que no aportaban valor, que había otras prioridades y que estaban muy lejos del core de la compañía.
Equipo de Telefónica
En estos 12 meses Murtra ha tenido que hacer concesiones para lograr el apoyo de sus accionistas a su plan estratégico, pero ha tenido la suficiente mano izquierda para mantener la unanimidad en torno a su figura. Un consenso que hace tiempo que no se veía y que ha logrado que —pese a que las relaciones entre el Gobierno y Criteria no pasan por su mejor momento— la gobernanza no se vea afectada. Tiene muy buena relación con el mundo Caixa, pero también con el entorno del Gobierno, en especial con los socialistas catalanes, entre los que (junto al presidente de AENA, Maurici Lucena) es considerado uno de los mayores activos empresariales de las compañías que, directa o indirectamente, están participadas por el Estado.
Desde su llegada, Murtra también se ha rodeado de técnicos y de un equipo de confianza, al mismo tiempo que ha prescindido paulatinamente de la guardia pretoriana de Pallete y de los directivos con mayor significación política. En el primero de los casos, designó como consejero delegado a Emilio Gayo, el responsable de que Telefónica España sea el mercado más pujante para la compañía; y puso a Borja Ochoa como responsable de esta filial, otro técnico. Hace pocas semanas sustituyó a Laura Abasolo, otra de las personas de mayor confianza del anterior presidente, por Juan Azcue, un experto en fusiones y operaciones corporativas. Y su mano derecha es Álvaro Echevarría, director de la Oficina del Presidente y Asuntos Corporativos y ex alto directivo del Banco Sabadell.
Por el contrario, orilló a Javier de Paz —uno de los susurradores de Moncloa— que dejó el consejo de administración para quedarse como presidente no ejecutivo de Movistar+ y adjunto al presidente, un advisor con nulo peso en las decisiones. Recientemente se marchó Rosauro Varo, también con importantes vínculos políticos. Es verdad que internamente se ha criticado la llegada del expresidente del PNV, Andoni Ortuzar, al consejo de Movistar+, un nombramiento difícil de justificar desde el punto de vista técnico, pero que muchos explican como una concesión en el marco de los ejercicios malabares que Murtra debe hacer entre sus accionistas y el Gobierno.
Ventas en Latinoamérica
No todo ha sido vigilar la gobernanza. Marc Murtra ha logrado la unanimidad de sus accionistas para poner en marcha una hoja de ruta con decisiones urgentes y algunas difíciles. Una «reordenación profunda» para sentar los pilares del futuro. Un año marcado por un ajuste de expectativas internas y externas en la que rentabilidad estará por encima del crecimiento por inercia y en el que ha habido menos promesas, pero más ejecución. Condicionado por un entorno geoestratégico, un momento crítico para el sector de las telecomunicaciones y unas cuentas con más estrecheces y menos liquidez de lo esperado, ha sentado las bases de una nueva Telefónica. El mercado le ha penalizado porque no logró concretar grandes operaciones corporativas —es el único de los grandes valores que no se ha acoplado al crecimiento del IBEX 35 en 2025— pero la operadora confía en que se cosechen los frutos ya a partir de este 2026.
Después de ser elegido con más del 90% de apoyo de la Junta de Accionistas, Murtra tomó decisiones estructurales largamente aplazadas, especialmente en perímetro y foco geográfico. Cerró operaciones de venta en Latinoamérica por valor de 2.000 millones de euros (Argentina, Perú, Uruguay y Ecuador y está a punto de cerrar Colombia) con lo que consiguió reducir el riesgo de la volatilidad de las divisas, de la macroeconomía de la región y del marco regulatorio para reforzar el balance y liberar recursos para mercados con mayor retorno. Una simplificación operativa —y largamente aplazada— que reorientó la compañía hacia sus cuatro mercados core: España, Alemania, Reino Unido y Brasil.
Posteriormente presentó el plan estratégico con seis pilares —cliente, B2C (negocio a consumidor), B2B (negocio a negocio), capacidades tecnológicas, simplificación operativa y talento— que busca impulsar el crecimiento y preparar a la operadora para la consolidación del sector. Del mismo modo, se confirmaron objetivos de ingresos, ebitda y generación de caja en 2025 y se refrendó el compromiso con una calificación crediticia de grado de inversión para Telefónica. El proyecto sigue buscando mantener el crecimiento orgánico en varios mercados clave, pese a un entorno competitivo y regulatorio exigente.
ERE y dividendo
Desde el punto de vista operativo, en España se mantiene el liderazgo en redes y calidad de servicio como palanca competitiva y en Brasil, el refuerzo estructural con el control total de FiBrasil, apostando por la fibra como motor de crecimiento. Se han cerrado acuerdos estratégicos para la propuesta de valor de la oferta convergente y de contenidos como la emisión de la Champions League y LaLiga española, además de otros pactos como el de Dazn para la emisión de otros deportes, incluido el baloncesto. Se ha reforzado además el foco en servicios de alto valor añadido: cloud, ciberseguridad, internet de las cosas y soluciones digitales para empresas.
Dentro del marco del plan, Murtra ha puesto en marcha decisiones difíciles. En ese contexto se ubican el Expediente de Regulación de Empleo (ERE), un ajuste de plantilla acordado con los representantes de los trabajadores que se moverá entre los 4.500 y los 5.500 empleados en España; y la nueva política de retribución al accionista, en la que el dividendo se reducirá a 0,15 euros en efectivo por acción en 2026 para luego quedar ligado a la evolución del flujo de caja en 2027 y 2028.
El equipo del presidente defiende que la operadora ha tomado las decisiones que tocaban, varias de ellas complejas y que —indican— suponen sacrificios a corto plazo para simplificar el modelo operativo, ganar agilidad, ser más eficientes y «estar preparados para la era digital y para impulsar el crecimiento y la rentabilidad en el futuro». Y concluyen indicando que la clave está en los fundamentales, que sean sólidos, «por eso la necesidad de reforzar los cimientos de la compañía adoptando las decisiones necesarias para conseguirlo». Una frase que resume en buena medida la labor de Murtra en este primer año al mando de Telefónica.
