Gregorio Luri

Acting white

«Ni el libro, ni el conocimiento, ni la evaluación son residuos del etnocentrismo blanco. Tampoco el multiculturalismo por sí mismo favorece la convivencia»

Opinión

Acting white
Foto: Charles Rex Arbogast| AP Images
Gregorio Luri

Gregorio Luri

Cuantos más años tengo, más resumo mi tarjeta de visitas. He elegido mi epitafio: “No se fue de ningún sitio sin pagar".

I

La red de escuelas KIPP –acrónimo de “Knowledge is Power Program”– se fundó en los Estados Unidos para demostrar que la vía más segura para superar la marginación social es la del conocimiento. Sus resultados avalaron pronto esta tesis y por eso la administración Obama la subvencionó generosamente.

Pero el huracán de las “Black Lives Matter” parece dispuesto a derribar algo más que estatuas a su paso y ha puesto en marcha un debate un tanto surrealista en el que el director de una escuela privada de élite de Manhattan –una de esas que los “limousine liberals” buscan para sus hijos– se permite criticar la “exagerada” disciplina que las KIPP impondrían a sus alumnos negros para alcanzar sus objetivos y hasta el mismo CEO de la KIPP Foundation, Richard Barth, publicaba el pasado 1 de julio un artículo en el que, tras confesar que había estado trabajando duro (“working hard”) para eliminar cualquier huella de racismo sistémico en la Fundación, proponía retirar por racista el eslogan nacional de las KIPP: “Work hard. Be nice.” Resulta que, por lo visto, la disciplina escolar fuerza a los niños negros a comportarse como niños blancos (“acting white”), como si hubiera un único modelo de comportamiento del niño blanco.

Se están comenzando a alzar voces en los Estados Unidos que defienden la recuperación de la segregación escolar para que los niños negros puedan seguir un currículo afrocéntrico sin la presión de los resultados, que sería otra forma de “acting White”.

II

Me encontraba en los Estados Unidos cuando Barack Obama andaba inmerso en la campaña electoral que lo conduciría meteóricamente a la Casa Blanca. Me sorprendieron mucho sus discursos a los afroamericanos, especialmente aquellos en los que criticaba crudamente la carencia de sentido de la responsabilidad paterna de muchos hombres negros. Aunque algunos líderes negros, como el reverendo Jesse Jackson –que tenía motivos para verse reflejado en esta crítica– lo acusaron de “act white”, Obama se empeñaba en insistir en que un niño que nazca con la piel negra en los Estados Unidos tiene demasiadas posibilidades de crecer sin la presencia paterna. Además, se negaba a justificar este hecho porque –decía–, sean las que sean las condiciones económicas, sociales o culturales de los negros, el compromiso de un padre con su hijo sólo depende de su voluntad. Cada padre es responsable del lugar que ocupan sus hijos en su vida. La excusas sólo muestran infantilismo moral. «Debemos pedir más responsabilidad en Washington», defendió en un discurso en julio del 2008 ante la asociación de derechos civiles más antigua de los Estados Unidos, «y debemos pedir más responsabilidad a Wall Street, pero, ¿sabéis qué?, hemos de exigirnos también más responsabilidad a nosotros mismos, porque no importa cuánto dinero invertimos en nuestras comunidades, si no incrementamos también nuestro sentido de la responsabilidad». Y concluyó de esta manera: «Aquello que nos hace hombres no es la habilidad para tener un hijo, sino el coraje de educarlo.»

Por decir mucho menos, hay hoy un montón de profesores universitarios dispuestos a mandar a Pinker al Gulag ideológico.

III

Hay una frase muy común entre los estudiantes negros de muchos barrios marginales de las ciudades de los Estados Unidos: “Un negro con un libro bajo el brazo is acting White.” El rechazo a una supuesta cultura blanca se convierte así en excusa para el antiintelectualismo.

¿La escuela norteamericana está fracasando en la educación de los niños negros a causa de su supuesto racismo sistémico? Muchas familias negras creen que sí. Pero si comparamos los resultados de los alumnos negros en Jamaica y en los Estados Unidos, podríamos llegar a otra conclusión. Ambos grupos provienen del mismo tronco racial y lingüístico. Ambos llegaron a América en las mismas condiciones y durante el mismo periodo histórico. Pero los resultados escolares de los jamaicanos son significativamente superiores, a pesar de que los ciudadanos negro estadounidenses más pobres viven en condiciones materiales mucho mejores que el promedio de los jamaicanos. ¿No será que sus culturas fomentan en ellos actitudes diferentes?

IV

Ni el libro, ni el conocimiento, ni la evaluación son residuos del etnocentrismo blanco. Tampoco el multiculturalismo por sí mismo favorece la convivencia. Ahí están los violentos enfrentamientos de Dijon.

Si lo común se reduce a una instancia difusa, pero con autoridad para proteger las diferencias que preservan las diferentes identidades, estamos, a la vez, reinventando la democracia orgánica y debilitando la razón política común. Eso de la «sociedad multicultural» es un oxímoron. Para mantener vigorosos los vínculos que hacen posible la ciudadanía y una libertad de expresión no timorata es urgente recuperar una visión conservadora con la res publica.

V

¿Sabían ustedes que algunas familias blancas se quejan porque el nivel de exigencia de las escuelas que han elegido para sus hijos los estaría forzando a  “acting Asian”?

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