Anna Grau

Coge el centro… ¡y corre!

"A Ciudadanos no le queda otra que agarrarse fuerte de la mano del PP y saltar"

Opinión

Coge el centro… ¡y corre!
Foto: Victor Lerena
Anna Grau

Anna Grau

Anna Grau es periodista y escritora y ha sido todo eso en Barcelona, NYC y Madrid.

Me siento a escribir estas líneas en la recta final, se supone, del que no se supone menos frenético tira y afloja para que PP y Ciudadanos se pongan de acuerdo y de parto para ir juntos, que sí, que sí, a todas las elecciones. No es fácil de hacer y todavía es menos fácil de explicar por qué no lo hicieron antes. Pero más difícil todavía será hacerlo después. “Cuánto más tarde Cs”, me vaticina una de mis gargantas profundas favoritas en el PP, “más le va a costar y menos va a obtener a cambio”. Por ejemplo, la ventanita para que Inés Arrimadas tome el relevo de la siempre controvertida Cayetana Álvarez de Toledo como portavoz del centroderecha en el Congreso lo mismo se te abre que se te cierra en un pis-pas.

Apasionante personaje, Cayetana Álvarez de Toledo. De ella me consta que muchos podrían escribir con pluma de ganso y parafraseando a Serrat, que a eso más o menos llega todo el mundo: “Me gusta todo de ti, pero tú no”. Nadie puede negarle a La Rubia, como gusta de denominarla Arcadi, un golpe de inteligencia, de cultura, de convicción y hasta de estética que mucho se agradece en una política tan árida como la española. Otra cosa es que Cayetana te caiga bien. Esa manía suya de marcar distancias, especialmente con otras mujeres, y de casi exigir que el suyo sea el único cuello de cisne de todo el lago, tiene su peligro. Más peligro a veces que votos.

Y sin embargo hay que reconocerle a ella y sólo a ella que, de todas las voces que alguna vez se han erguido para pedir la reagrupación de PP y Cs bajo un estandarte unido, centrado y sólido, ella fue la más clara, la más madrugadora, la más valiente y, vamos a decirlo todo, la más desprendida. Para el recuerdo y las hemerotecas queda que Álvarez de Toledo ofreció a Arrimadas justo lo contrario de lo que se suele ofrecer en política, es decir, ofreció quitarse ella para que se pusiera la otra, para que Inés y no Cayetana encabezara una candidatura común por Barcelona las pasadas elecciones.

Se podrá contraargumentar con cierta perfidia, que para ser buena tiene que contener su tantito de veneno equilibrado con el de verdad, que a Cayetana en el fondo lo de encabezar o no una candidatura barcelonesa difícilmente le podía quitar el sueño, que lo empezó a hacer por chulería y siguió por compromiso. Una hembrada como otra cualquiera. Pero algo que a esta mujer hay que reconocerle, y que por desgracia en este país se le puede reconocer a muy poquitos políticos en activo más, es que tenía y tiene, siempre ha tenido, donde caerse muerta y más allá. Cómo se nota que no precisa del escaño o del culto al líder para vivir. Qué diferencia con la panda de desesperados caníbales que de noviembre a esta parte amenazan con convertir partidos políticos enteros, o lo que quede de ellos, en episodios de The Walking Dead.

¿A que se me va entendiendo todo? Seguramente muchos votantes, exvotantes y hasta militantes cotizantes de Cs morirán sin entender por qué su partido fracasó tan estrepitosamente en hacer de centro, centro. Que para seguir en el mismo plan de con el PSOE ni agua, ni la hora, para qué se tenía que ir a su casa Albert Rivera… (Por cierto: ¿alguien ha valorado el golpe de efecto que sería resucitar a Rivera para las catalanas? ¿Hacer una especie de reset fundacional como el que anhelan tantos partidarios del retorno, curiosamente todavía más improbable, de Jordi Cañas?…) Pero efectivamente llegados a este punto, a Cs no le queda otra que agarrarse fuerte de la mano del PP y saltar. Y rápido.

El reto es cómo conciliar eso con unas formas decentes mínimas, con el respeto debido a dirigentes serios como el popular catalán Alejandro Fernández, el estoico vasco Alfonso Alonso y no digamos Alberto Núñez Feijoo. Tiene gracia que Arrimadas, por no querer lidiar con barones en su casa, tenga que torear a los de Pablo Casado, al que quieras que no le hace el sutil trabajo sucio de tensar la siempre delicada cuerda del poder territorial. Si lo piensas, todo esto es un win-win casi exclusivo para Casado: si sale bien el tanto se lo apunta él, si sale mal, el desgaste lo acusa Feijoo.

Y, ya puestos, un poco de cariño para las propias bases de Cs y hasta para aquellos cuadros que, por no ostentar ningún cargo ahora mismo, ni dicen de todo amén ni las tienen todas consigo, tampoco vendría nada mal. Hay quien ha sufrido mucho y no entiende nada. ¿Alguien se va a dignar a darles explicaciones?

Minucias todas ellas serían, miserias incluso, de no estar en juego algo mucho más grande, sagrado y necesario que todos ellos: el centro. Si entre todos se lo vuelven a cargar, ellos se merecerán todo lo que les pase. Pero nosotros también por permitirlo. Si Manuel Chaves Nogales levantara la cabeza…

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