Ferran Caballero

Contra el virus vale todo

«A ver si al final el fascismo y la mentira van a ser las únicas maneras de acabar con el insoportable bullshit que gobierna discusión pública en este país»

Opinión

Contra el virus vale todo
Foto: Andreu Dalmau| EFE
Ferran Caballero

Ferran Caballero

Profesor de filosofía y autor del libro "Maquiavelo para el s.XXI". "Tot ve que cau"

Illa encontró un lema cutrillo pero eficaz y no dudó en explotarlo hasta la extenuación. Si una de las bazas socialistas era que Illa tuviera, por la novedad y por cosas peores, el protagonismo que no hubiese tenido Iceta, Illa quiso dejar claro que del tan esperado «todos contra Illa» se había pasado al «contra Illa vale todo». En ocasiones, incluso la verdad.

Vox podría haber dicho lo mismo, pero copiar está feo y en su caso ya lo sabíamos todos. Es sabido que contra Vox valen hasta las piedras. Pero nuestros políticos son gentes de paz y prefirieron el bullshit habitual. Recogieron entusiasmados el guante y les llamaron negacionistas hasta que el Garriga se hartó y respondió como se responde habitualmente cuando te acusan, con parecida gratuidad, de cosas igualmente feas y estúpidas como racista, machista u homófobo. En estos casos uno apela a su amigo negro o gay y a veces incluso al hecho biológico de que todos somos hijos de una madre. Son defensas que ya suenan ridículas incluso cuando no lo son tanto como la acusación. Tienen ya una respuesta preestablecida y basada en el autoodio y en el qué tendrá que ver y en el una flor no hace verano ni una golondrina primavera. No pudo ser. Garriga, así lo dijo, no podía ser negacionista porque tenía madre y abuela pero, sobre todo, porque las dos están muertas por culpa del virus. Aquí el bullshit se topa necesariamente con el hecho y la calumnia pierde todo sentido. ¿Cómo va a ser negacionista alguien que dice, ¡que admite!, que su madre y su abuela han muerto por el virus?

La respuesta fue increíble. Yo creo, incluso yo quiero creer, que es porque realmente no le escuchan. Que es porque se niegan de verdad a oír nada de lo que y han interiorizado del todo que cualquier palabra que salga de esa boca es tóxica y peligrosa y ya no las procesan. Pero la primera respuesta fue que no se hiciese la víctima y la segunda fue que era un racista y un machista y un xenófobo. Eran respuestas de la izquierda compasiva. De la misma izquierda que quiere silenciarlo porque saben, y saben bien, que no todo el mundo es tan capaz de su sordera selectiva. Es la izquierda que quería curar el virus con políticas compasivas. En resumen, que joder con la izquierda compasiva.

No se haga la víctima, le decían, cuando lo es. Es decir, que lo importante aquí, como en todas las acusaciones vacías a las que antes referidas, no es quién sea la víctima sino a quién le conceden ellos el derecho a presumir de ello. Si le dejan decir que su propia madre y su propia abuela han muerto de coronavirus, ¿cómo van a poder llamarle negacionista? Y hay que recordar que negacionista es ya lo peor. Que machistas somos todos, xenófobos casi la mitad más dos y que, en cambio, el virus es ya lo único que logra acallar el debate. Literalmente, porque el virus es lo que invocaba Pastor cuando les pedía que siguiesen llamándose asesinos y ladrones pero que lo hicieran más flojito. Que estoy hablando del virus, hombre… Era lo único que lograba acallar el griterío de los candidatos. El dios temible ante el que sólo podemos guardar silencio.

Lo que podían querer decirle a Garriga es que sus palabras y los actos de su partido eran imprudentes a la hora de luchar contra la pandemia. Que los de los mítines y la distancia y las mascarillas y etcétera. Eso se parecería a la verdad, pero es una verdad que no pueden pronunciar. Porque ¿cómo le van a llamar imprudente a alguien quienes presumen constantemente de revolucionarios? ¿Cómo le van a llamar imprudente quienes prometen soluciones finales y definitivas contra males que ni siquiera saben señalar? Simplemente no pueden dejar de llamarle negacionista porque este insulto es el que desde hace meses les ha servido de último dique contra la triste realidad.

Tienen miedo y es comprensible. Porque a ver si al final el fascismo y la mentira van a ser las únicas maneras de acabar con el insoportable bullshit que gobierna discusión pública en este país.

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