Gregorio Luri

Cuento posnavideño

«El matriarcado fue una fantasía masculina que surgió de la contemplación obsesiva de una imagen de la mujer en la que se fusionaba la madre, la “femme fatale” y la añoranza de una utopía de un hombre-niño»

Opinión

Cuento posnavideño
Foto: Caspar David Friedrich| Kunsthalle de Hamburgo
Gregorio Luri

Gregorio Luri

Cuantos más años tengo, más resumo mi tarjeta de visitas. He elegido mi epitafio: “No se fue de ningún sitio sin pagar".

Friedrich Creuzer (1771-1858) vivió fascinado por imagen de Sócrates, que es la de la filosofía, arrodillado ante Diotima, la mujer experta en amores. Pero se casó con una mujer a la que no amaba, Sophie Leske, trece años mayor que él. Era la viuda de su maestro y creyó que su deber de gratitud con el difunto lo obligaba a casarse con su viuda, sin tener en cuenta consideraciones debidas al afecto. Fue aquel un matrimonio por abnegación moral. Sophie manejaba todos los asuntos cotidianos porque Friedrich no sabía dónde se guardaban las llaves o los cubiertos. Era absolutamente incapaz de desenvolverse entre las cuestiones prácticas elementales. Se enredaba con ellas y necesitaba a Sophie para abrirse camino entre lo obvio. Curiosamente, cuanto más dependía de Sophie, más atraído se sentía por otra mujer, Karoline von Günderrode.

II

En la correspondencia clandestina que se cruzaban Friedrich y Karoline, ella era «Poesía» y él, «Piadoso».

III

Friedrich necesitaba a Sophie para vivir y a Karoline para sentirse vivo. Necesitaba la Poesía a su lado. En una de sus cartas le escribe: «Le das miedo a tu Piadoso. De verdad, cuando vaya a verte tienes que mostrarte un poco desvergonzada y darme valor con tu juego amoroso. Tendrás que abandonar tu perfección, pues en caso contrario no podré disfrutar de tu compañía». Karoline le contestó: «Varias veces fui para ti, y me enorgullezco de ello, un espejo fiel en el que te podías mirar; sí, yo reflejé tu imagen con gran sinceridad; pero nunca me miré en ti, dime, ¿por qué?»

IV

Karoline tenía el proyecto de fundar, con su amiga Bettina Brentano, una religión de la inestabilidad. Se veía a sí misma como una paloma con exceso de peso en las alas. Quería volar, pero todo lo que pudo ofrecerle Friedrich, que padecía mal de altura, fue la remota posibilidad de un «ménage à trois» en el que «mi esposa debería desear quedarse con nosotros, como madre».

V

Cuando Friedrich cayó enfermo, su esposa lo cuidó hasta que recuperó la salud. Una vez repuesto, le juró que rompería con Karoline.

VI

Karoline visitó a un cirujano para que le marcase en el pecho el punto exacto en el que un puñal alcanzaría sin dificultad su corazón. Tenía 26 años.

VII

Creuzer influyó de manera determinante en Bachofen, el creador de la hipótesis de un matriarcado originario, y, a través de éste, en Freud, Jung y la Escuela de Eranos, en el Engels del Origen de la familia, la propiedad privada y el Estado, y hasta en el Mein Kampf de Hitler, donde el hombre se presenta como guardián de la nación (de la patria) y la mujer de la familia (la tierra), estando, en todo caso, la razón con la nación, y el sentimiento con la tierra.

VIII

El matriarcado fue una fantasía masculina que surgió de la contemplación obsesiva de una imagen de la mujer en la que se fusionaba la madre, la “femme fatale” y la añoranza de una utopía de un hombre-niño.

IX

Esta utopía empujó a algunos sansimonianos, encabezados por Enfantin, a buscar en la recuperación del matriarcado la solución de los males de la humanidad. Se lanzaron a la búsqueda de una mujer-mesías que dotaría a la humanidad enajenada de una nueva moral, a la vez que se convertiría en la madre de su movimiento.

X

Auguste Comte, en quien se suman las influencias del sansimonismo y de Creuzer, conoció, el 16 de mayo de 1845, a Clotilde de Vaux. Él tenía 53 años y estaba casado. Ella acababa de ser abandonada por su marido, que había huido de Francia con los bolsillos llenos de dinero del tesoro público. Auguste se enamoró de ella y ella accedió a ser amada, pero dejándole clara su impotencia “para lo que sobrepase los límites del afecto”. Un año después, Clotilde murió en los brazos de Auguste y él consagró lo que le quedó de vida a su recuerdo. Dejó de asistir a acontecimientos mundanos. En lugar de a la ópera, iba su tumba y allí se quedaba, hablándole mientras lograba visualizar su presencia. A lo largo de estas horas concibe una nueva religión en cuyo santoral le reserva a Clotilde un lugar preeminente.

XI

Diario de Edmond de Gouncourt. Entrada del 10 de octubre de 1879: “Madame de Vaux murió, pero todos los días él le llevaba flores a su tumba. Su mujer, de la que se había separado y a la que no pagaba la pensión, se escondía tras la tumba e, imitando la vox de Mme de Vaux, le ordenó ponerse al día en sus pagos. Augusto Comte sintió un miedo de todos los diablos y ya no volvió más al cementerio.”

XII

Podríamos hablar también de la influencia de Creuzer y Bachofen en Flaubert o en Wedekind, pero eso nos llevaría muy lejos.

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