The Objective
Fernando Savater

Hipocresía universitaria

«El rector cierra la universidad para poner ‘un cordón sanitario al totalitarismo’, pero sólo al de Vox, no al mucho más extendido en Euskadi de los herederos de ETA»

Despierta y lee
Hipocresía universitaria

Ilustración generada mediante IA.

«¡Esta escuela es una mierda!»

Ralph Macchio, The Karate Kid (1984)

Se dice habitualmente que la hipocresía es el homenaje que el vicio le rinde a la virtud. Uno a veces cree que no le conviene ser decente (y se equivoca casi siempre), pero nunca nadie se enorgullece de ser tramposo y miserable. Si no nos portamos bien porque no nos da la gana atrevernos a ser buenos, aún menos nos atreveremos a reconocer urbi et orbi que no lo somos. Es más fácil cometer lo que está mal que admitir con grosero desparpajo el mal que cometemos.

El comportamiento de nuestro Gobierno actual es la mejor demostración de este aserto, una prueba de que a todos —incluso a los peores— nos gusta más el brillo de la rectitud que la vileza, aunque creamos que somos más astutos practicando lo contrario. El sanchismo es la mentira, el engaño organizado y constante, el fraude político menos disimulado, funcionando con una desvergüenza que al principio irrita, pero a la larga casi despierta cierta sorda admiración.

Que el ministro de los trenes invariablemente atrasados, más peligrosos que subir al Everest descalzo y en muchas líneas perversamente incómodos, los califique como los mejores de la historia es para matarle, pero no sin admirar un poco su caradura. Lo mismo distingue al invulnerable Marlaska rodeado de escándalos o al prodigioso Zapatero (¡el zapaterito prodigioso!), todo lo corrupto que se puede ser sin que la peste a podrido haga vomitar a los circundantes. Pues ninguno de ellos renuncia a dárselas de bueno y a pedir un aplauso por lo mucho que hacen por la humanidad doliente. Hombre, por lo menos Rufián se sincera en el apellido…

En este aspecto, casi me atrevo a creer que las aguerridas tropas de la opinión sincronizada que se dedica a batirse por el honor del sanchismo en El País, la SER y demás servicios auxiliares no son tan culpables como sus putos amos del esforzado disimulo de la limpieza de sus intenciones. Me estremece hasta suponerlo, pero creo que a lo mejor se lo creen por lo mucho que quieren creérselo. Ni siquiera son hipócritas, son insondablemente bobos hasta la sima de su intelectualidad.

Vamos a un caso práctico. Luis R. Aizpeolea, veterano en barrer para su convento, aunque sea siempre basura, nos informa con alborozo en El País —que para eso está— de que «la estrategia de Vox encalla en el País Vasco». ¡Albricias! Según los expertos que ha consultado don Luis, resulta que allí es el único sitio de España, perdonen la expresión, donde la extrema derecha no es bien vista.

«La Universidad del País Vasco, ahora es solo EHU, pese a que la mayoría de sus estudiantes y profesores sea castellanoparlante»

Al contrario, allí la desafección política es mínima, la gente está muy contenta con su Gobierno, tanto el propiamente vasco (el que suelta a los peores etarras porque han «evolucionado», ¡ay!, si Darwin levantase la cabeza, el que obstaculiza la enseñanza en castellano, que es con mucho la lengua materna mayoritaria, el que en ETB evita poner los documentales de Iñaki Arteta pero no ahorra ninguno de la propaganda nacionalista) como el sanchista, que tiene como su mejor apoyo parlamentario a Mertxe Aizpurua y exhibe las portadas de Gara en las exposiciones sobre nuestra longeva y desdeñada Constitución.

La Universidad del País Vasco, antes UPV-EHU, ahora ya es solo EHU, pese a que la inmensa mayoría de sus estudiantes y profesores siga siendo castellanoparlante. ¿A santo de qué viene ese cambio, que no transforma la realidad, sino que solo ofende a quienes la conocen? Habrá que preguntar al señor rector, don Joxerramon Bengoetxea, el mismo que este lunes ha cerrado todas las aulas de Vitoria para aislar un acto de protesta de Vox contra unas pintadas amenazantes con destino a Santiago Abascal.

Como una de las personas que iba a hablar en ese acto es Julia Calvet, curtida en las traiciones e hipocresías de la Universidad catalana contra los alumnos no nacionalistas, no habrá que explicarle los comportamientos similares de la UPV, perdón, de la EHU. El rector Bengoetxea, que es un jeta infumable como cualquier otra autoridad nacionalista, cierra la universidad este lunes porque asegura que «hay que ponerle un cordón sanitario al totalitarismo», pero solo al de Vox, claro, no al mucho más extendido en Euskadi de los herederos de ETA y también ahora de Stalin, que hacen encallar la estrategia de Vox, según Aizpeolea. ¿Hablan de «encallar» o se refieren a «encanallar»? Porque de esto último ellos saben mucho…

Al menos ha habido una carta, firmada por 40 profesores, protestando por ese cierre preventivo y recordando que dentro del espíritu universitario está la libre discusión de todas las ideas legales y las de Vox lo son aunque a algunos no les gusten. Y hace un par de días, en El Mundo, pudimos leer un excelente artículo titulado Lo normal en la Universidad del País Vasco, de Ana Escauriaza Escudero, contando la intimidación permanente que padecen los profesores que se atreven a sostener teorías sobre Oriente Medio, el totalitarismo soviético o las hazañas etarras. Fuera hipocresías: los que hoy se llaman «antifascistas» militantes no son más que los herederos de esas hazañas y del discurso que las justificó.

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