José Antonio Montano

Después del suicidio de UPyD

«El problema de UPyD es que fue un verdadero partido de izquierdas o centro-izquierda: un partido progresista frente a la izquierda (y la derecha) reaccionaria»

Opinión

Después del suicidio de UPyD
Foto: UPyD| Flickr
José Antonio Montano

José Antonio Montano

Más escritor que periodista. Desclasado y centrifugador.

Muere UPyD, seis años después del suicidio de UPyD. Con aquel suicidio de 2014 desapareció el último consenso que ha habido en España, que fue el odio a UPyD. Ese odio se trasladó a Ciudadanos, pero no fue tan unánime. Ningún partido ha sido más odiado que UPyD. Ningún partido ha sido mejor.

Me tocó estar en una mesa electoral en las municipales de 2011. En nada estaban de acuerdo los interventores del PP y del PSOE, salvo en el desprecio a UPyD. No paraban de lanzarse pullitas sobre todos los asuntos, no había entendimiento posible. Salvo cuando salía UPyD y se reían. Ni siquiera decían ‘UPyD’. Lo llamaban ‘UPA Dance’.

Aquellas elecciones fueron justo una semana después del 15-M. El del PSOE, un ‘maricomplejines’ presanchista, estaba fascinado y compungido: «¿Qué hemos hecho mal?». Luego se dijo que del 15-M surgieron «los nuevos partidos». Ningún politólogo tuvo el rigor de señalar que UPyD ya estaba desde 2007 (y Ciudadanos desde 2005): constatando un malestar que a todos –incluidos los futuros chicos 15-M– se les había escapado.

El problema de UPyD es que fue un verdadero partido de izquierdas o centro-izquierda: un partido progresista frente a la izquierda (y la derecha) reaccionaria. Unión, Progreso y Democracia: estaba muy bien puesto el nombre. Jamás tuvo las ventajas mediáticas de las que siempre gozó Podemos y de las que luego gozaría Vox (y en un momento dado, ya también Ciudadanos). Su progresismo ilustrado era el verdadero peligro.

No se le perdonó su vocación de bisagra virtuosa: era un partido que, realmente, hubiera sacado lo mejor del PSOE y del PP. Lo mejor quiere decir lo mejor para el bien común, para los ciudadanos (sí: para «la gente»). A partir de los consensos elementales de la España constitucional: única senda del progresismo real, práctico.

Hoy el PSOE y el PP están tensados hacia sus extremos viciosos por Podemos y por Vox. El centro ha volado. También la izquierda progresista. Y casi la derecha moderada. Quizá era demasiado sofisticada para los españoles la operación que proponía UPyD. Lo pagarán, naturalmente. Nada sale gratis.

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