José García Domínguez

El 'anticomunista' Errejón

«Iglesias, a diferencia de Errejón, da miedo. Y el miedo es la mejor máquina cosechadora de votos que jamás haya existido»

Opinión

El 'anticomunista' Errejón
Foto: Unidas Podemos| Flickr
José García Domínguez

José García Domínguez

Gallego practicante pese a residir desde la tierna edad de 5 años en Barcelona, ciudad donde se licenció en Económicas. Ha sido editor de El Correo Financiero además de colaborar en distintas etapas, entre otros medios de comunicación, en COPE, ABC, Es Radio, El Mundo y Libertad Digital.

Hay entre Iglesias y Errejón, los dos gallos del corral de la izquierda alternativa, una diferencia nada baladí, a saber: Iglesias todavía se percibe a sí mismo como un comunista, cualquier cosa que ese término signifique a estas alturas del fin del socialismo real, y el otro, Errejón, no. De ahí la inmensa suerte que tuvieron los publicistas de la derecha, igual que los del PSOE, cuando fue el primero quien se impuso en la disputa interna por el control de Podemos. Y es que Iglesias ofrece un flanco retórico muy fácilmente caricaturizable y susceptible al tiempo de hacer verosímil, siempre a partir de sus aristas más toscas, una narración terrorífica en torno a su figura, algo capaz de despertar miedos atávicos que hasta su irrupción en la escena pública yacían aletargados en el inconsciente más hondo del conservadurismo sociológico español.

Iglesias, a diferencia de Errejón, da miedo. Y el miedo es la mejor máquina cosechadora de votos que jamás haya existido. Que se lo pregunten si no a los estrategas electorales de Ayuso. La paradoja, sin embargo, es que Iglesias da mucho pánico a los buenos burgueses del barrio de Salamanca, pero el temible de verdad resulta que era el otro, Errejón. A fin de cuentas, el responsable intelectual de la estrategia populista, que no comunista ni siquiera genuinamente de izquierdas, que llevó a que Podemos obtuviese en su instante de gloria cinco millones de votos, un hito histórico que les permitió fantasear con la idea de orillar al PSOE, fue él, Errejón. 

A Iglesias, por el contrario, cabe atribuirle la paternidad exclusiva de la línea oficial posterior, esa todavía vigente que se caracteriza por recuperar el añejo eje clásico de confrontación que opone a izquierda y derecha. Un terreno de juego, el recuperado ahora por Iglesias, en el que la izquierda de la izquierda, ellos mismos por más señas, siempre había perdido. Y en el que está volviendo a perder. Algo que Errejón, mucho más lúcido, supo intuir desde el principio. Errejón llevó al Podemos germinal y populista hasta las puertas mismas del cielo. Iglesias, por su parte, lo ha devuelto al nicho testimonial e irrelevante de la izquierda radical, el mismo del que nunca fue capaz de salir Izquierda Unida. Errejón es cualquier cosa, cualquiera, menos comunista. En él la influencia del pensamiento de Ernesto Laclau, el autor moderno que redefinió el concepto populismo para hacerlo políticamente operativo en el tiempo presente, es mucho más genuina que en el caso de Iglesias, quien solo apeló al populismo de modo instrumental, como simple estrategia agitativa del resentimiento del electorado en tiempos de crisis, para abandonarlo como un juguete roto muy poco después. Errejón, en cambio, sí es populista, populista de los de Laclau, en un sentido doctrinal profundo. Aunque resultaría infinitamente más clarificador que nos refiriésemos a esa corriente filosófica no como populismo, tal como eligió designarla Laclau, sino como lo que realmente es: posmarxismo. 

Un posmarxismo, el que aquí vindica Errejón frente a Iglesias, que, por lo demás, no se parece ya prácticamente en nada al cuerpo de doctrina original que elaboraron Marx y Engels. Al punto de que un comunista clásico, alguien formado en el marxismo ortodoxo, lo vería como algo por entero extraño y ajeno a su ideario. Para un comunista, así Iglesias, la economía lo es todo, un motor lógico que explica el funcionamiento mismo del mundo a partir de la confrontación permanente entre el capital y el trabajo. Para un discípulo de Laclau, en cambio, la economía apenas representa nada. Porque en Laclau, que es lo mismo que decir en Errejón, la lucha de clases ya no constituye el gran eje que dota de sentido a la praxis política del partido. Dos mundos intelectuales distantes y distintos. El comunismo es una ideología del siglo XX. Y Errejón, a diferencia de Iglesias, siempre ha tenido la cabeza en el XXI. Si en el mundo occidental desarrollado hubiera un espacio político alternativo al de la socialdemocracia, y lo hay, ese territorio todavía casi sin colonizar se parecería mucho más a lo que Errejón, siempre siguiendo a Laclau, tiene ahora en mente. Iglesias semeja resignado a convertirse en una suerte de reencarnación de Julio Anguita en sus mejores tiempos electorales. Errejón, en cambio, habla del Partido Verde de Alemania. Y en Alemania, conviene saberlo, los Verdes ya han superado en votos a nivel federal al SPD. En el Madrid con mando en plaza todavía no se han enterado, pero el peligroso de verdad es Errejón.

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