Julia Escobar

El pozo de Babel

«El 'spanglish' tiene el mismo interés que las charadas, los juegos de palabras, los monstruos de feria, o la Biblia en verso».

Opinión

El pozo de Babel
Foto: Francisco Seco

No contentos con construir una torre como homenaje a nuestra humana soberbia, «estamos cavando el pozo de Babel», como definió Kafka la actividad prioritaria del farragoso momento que le tocó vivir (Carta al padre y otros escritos. Fragmentos de cuadernos y hojas sueltas, 1922). Yo tardé en descubrir el origen de esta frase que saqué de un libro, así titulado, de la germanista y filósofa francesa Marthe Robert, libro que pertenece a la última serie de una tanda de obras (Livre de lectures, La vérité littéraire, La tyrannie de l’imprimé, Le puits de Babel), no traducidas al español, que están a medio camino del dietario y la crítica literaria y que, publicadas en los años setenta y ochenta, han sido para mí y para muchos otros no sólo un modelo, sino un remanso de lucidez y cordura. La señora Robert era una mujer listísima, que murió hace ya algunos años, amiga de Antonin Artaud, judía, germanista como digo, especialista en Kafka y en Freud, sobre quienes escribió sendos y magníficos libros, traducidos al español, si mal no recuerdo, en la editorial del Fondo de Cultura Económica. Como las citas son patrimonio de la humanidad, yo también utilicé esta durante un tiempo para titular una serie de artículos sobre lengua y traducción que publiqué entre 1994 y 1996 en la revista Cuadernos Cervantes.

Fue precisamente en esta publicación, dedicada al español y más en particular, al español como lengua extranjera, donde me topé por primera vez con esa jerga, llamada «spanglish» que, hasta el momento, no había merecido más que alguna consideración a su realidad sociológica. Sin embargo, los editores de la revista consideraban el fenómeno lo suficientemente importante como para prestarle una atención filológica continuada. Les aseguro que, aunque leía con paciencia infinita aquellos artículos, jamás comprendí la razón de esa reverencia que, más que una necesidad lingüística, me pareció un camelo para dotar de contenido las sustanciosas cátedras que había originado y uno de los más absurdos e inoperantes movimientos de excavación de ese pozo sin fondo al que aludía más arriba al que con tanto empeño se dedican los políticos en este momento, en particular los españoles. Ese desprecio por nuestro patrimonio lingüístico contrasta notablemente con la postura de Francia, que se enorgullece de su lengua común y está reconstruyendo un castillo renacentista a unos 80 km de París para crear en 2022 la Ciudad de la Lengua Francesa que servirá de residencia para escritores, traductores, etc. De ese castillo, construido por el rey Francisco I, sólo se conservaba una ordenanza real firmada por él que obligaba a redactar en francés los documentos administrativos y judiciales, escritos anteriormente en latín y que fue el certificado de nacimiento del francés como lengua oficial

Medidas que contrastan como digo con la labor de destrucción del español como lengua común de todos los españoles llevada a cabo por el gobierno actual de España e iniciada ya por muchos de los anteriores. Con ellas, intentan desandar lo andado, destruyendo todo lo logrado desde que Nebrija inició en 1492, con su Gramática castellana, ese larguísimo y esplendoroso Siglo de Oro español, que se prolongó hasta bien entrado el siglo XVII con la muerte de Calderón de la Barca. No enumero los talentos contenidos en esos siglos, pero quiero señalar que esa labor de normalización del español fue culminada en 1611 por Covarrubias o Cobarruvias con su Tesoro de la lengua castellana o española. Es tal el desafuero que incluso la Real Academia Española se ha molestado…

Sólo deseo a ese intento el mismo y descalabrado destino que ha tenido el spanglish, si no como realidad sociológica, al menos como lengua literaria. Se pongan como se pongan los especialistas en la materia, este fenómeno de deconstrucción no tiene nada que ver con la formación de las lenguas romances en la baja latinidad porque esos hispanos inventores del spanglish, que machacaban de aquella manera la lengua en un vano intento de convertirla en lengua vehicular, podían acceder perfectamente al corpus escrito en español, sin necesidad alguna de traducción o adaptación, como la que se ha hecho ahora con el fusilamiento de El Quijote al spanglish. Ni aunque tradujeran la Biblia convertirían en lengua de cultura ese síntoma flagrante de dejadez de pereza intelectual, que es a lo que obedecen ese tipo de jergas, entre las que hay que incluir también el «franciñol» (recuerden aquello de «estoy haciendo la chambra» o «cierra la fenetra»), o el «portuñol» o lo que en Francia se conoce como «franglais» que, aunque sociológicamente no tiene nada que ver con el spanglish, desde el punto de vista lingüístico funciona exactamente igual.

Tampoco tiene nada que ver con el yiddish, como creo que alguien se ha atrevido a sugerir. Para empezar porque éste es un dialecto del alto alemán que fue la lengua de los judíos askenazis a partir del siglo XIV en que empiezan las persecuciones y expulsiones, y fue abandonada y resucitada al socaire de las mismas. No hay en los hispanos de Estados Unidos ninguna necesidad de reforzar su identidad mediante un idioma críptico, de laboratorio. En Amor y exilio, la autobiografía del premio Nobel Isaac Bashevis Singer, uno de los máximos exponentes literarios de ese idioma que resucitaron los emigrantes judíos en Estados Unidos, el autor se detiene cuando el todavía incipiente escritor llega a América huyendo de los nazis, y se pueden encontrar detalles muy interesantes sobre las razones del desarrollo de ese dialecto y su posterior decadencia. Están ligadas estrechamente al destino de un pueblo culto, implacablemente perseguido, que tiene la necesidad real de significarse y expresarse culturalmente. El «spanglish» tiene el mismo interés que las charadas, los juegos de palabras, los monstruos de feria, o la Biblia en verso, de don José Carulla, para la que, en un intento desesperado de salir de pobre y a la vista del éxito que tiene lo esperpéntico, llevo siglos buscando editor.

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