José Carlos Rodríguez

El síndrome del Estado de bienestar

Todavía no es un lugar común que el Estado de bienestar, así llamado, fomenta la xenofobia y la insolidaridad. No puede ser de otro modo, pues parte del principio de que el bien de uno lo paga el otro. Es un principio violento. Y luego está el ladrón, que se queda con una parte y que se arroga ante los unos la solidaridad que pagan los otros. Luego está el gran número de prestidigitación que acompaña al robo, pues unos y otros a veces están confundidos.

Opinión

El síndrome del Estado de bienestar
José Carlos Rodríguez

José Carlos Rodríguez

Elegí vivir de contar lo que acaece. De todas las ideas sobre cómo debemos convivir, la libertad no me parece la peor.

Todavía no es un lugar común que el Estado de bienestar, así llamado, fomenta la xenofobia y la insolidaridad. No puede ser de otro modo, pues parte del principio de que el bien de uno lo paga el otro. Es un principio violento. Y luego está el ladrón, que se queda con una parte y que se arroga ante los unos la solidaridad que pagan los otros. Luego está el gran número de prestidigitación que acompaña al robo, pues unos y otros a veces están confundidos.

El declinante UKIP y el emergente Frente Nacional tienen en el vértice de su discurso la defensa del Estado de bienestar. Añádase la pretensión de que vienen los (h)unos al bufet libre de nuestro Estado de bienestar, y todo encaja en una perfecta sintonía xenófoba.

La Generalidad de Cataluña anuncia en la cadena Ser que cortará el cordón umbilical de los niños rusos y ucranianos con las anhelantes familias adoptivas futuras. El motivo es que vienen con el síndrome de alcoholismo fetal. El motivo por el que la administración más progresista de España estudia esta medida es que sus «malformaciones físicas y psíquicas» a las que alude La Vanguardia las pagaría ella. Todavía no es un lugar común que el Estado de bienestar, así llamado, fomenta la xenofobia y la insolidaridad, pero lo será. Ese es su síndrome.

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