Guillermo Garabito

Hay un hombre en España

«Y cuanto más se conoce, más claro lo tengo: Villarejo es un golpe de Estado en sí mismo»

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Hay un hombre en España
Foto: Paul White| AP Images
Guillermo Garabito

Guillermo Garabito

Valladolid, 1992. Columnista en ABC CyL. Colaborador en Onda Cero Valladolid. Escritor sin café.

Hay un hombre en España que lo hace todo, hay un hombre que no es José María Aznar, ni Soraya, ni Iván Redondo. Hay un hombre, un tipo ya les digo que mueve España. Sólo hay uno, el resto somos un mero decorado que viene y va a la oficina cada mañana y que a penas pintamos nada, porque todo lo hace un hombre solo.

Me he acordado hoy de aquella canción de los dos mil del grupo Astrud como de una profecía al abrir el periódico esta mañana. Aquellas estrofas que nadie sabía de quién hablaban cuando decían: «Hay un hombre en España que lo hace todo, / hay un hombre que lo hace todo en España. / Es el que escribe las canciones de la radio, / es el que te sirve las copas y el que te vende el diario. / Es el que te coge los bajos del pantalón, / era el cura que te dio la primera comunión. / Es el genio visionario que se inventó el Colacao. / Es el que pone anchoas dentro de las aceitunas…»

Pues bien, dieciséis años después, sabemos que ese hombre es Villarejo, porque sin Villarejo aquí no se hacía nada. Villarejo era tan insalvable en España como la ley de la gravedad. Ahora sabemos que amenazó con contar lo de las cuentas en paraísos fiscales del Rey Juan Carlos, que Corinna anda enrollada con alguien en Moscú –Putin o su segundo–, que estaba implicado hasta el cuello en lo de la ‘Kitchen’, lo de la ‘Gürtel’, lo de ‘Cataluña’, el ático de Ignacio González, la ‘Tandem’ y suma y sigue.  A Villarejo sólo le ha faltado ir a ‘Supervivientes’ o a ‘MasterChef’.

Media historia de España, empiezo a creer, no se entendería sin él. América sólo se descubrió para que Villarejo pudiera sacar su tajada. El sol no se ponía aquí en el siglo XVI porque Villarejo presionó. Estuvo en aquel tren de Hendaya. José Manuel ha sido “el soldado desconocido al que nadie conoció”, al que cantó Sabina. Y era el elefante blanco del 23-F y Curro en Sevilla y la ‘Garganta Profunda’ de todos los ‘Watergate’. Fue el tutor de Monica Lewinsky, el bombero que primero llegó al edificio Windsor. Villarejo es el padre de Iván Redondo, el abuelo de Maquiavelo y el que le dijo a Obama: “Yes we can” .

Villarejo fue el instructor que enseñó a disparar a Froilán… Y a vestir a Marichalar. El confesor de la reina, Rasputín en Zarzuela. Villarejo, entrado en años, es el pequeño Nicolás. Porque Villarejo en España lo ha sido todo, la definición perfecta de corrupción. Villarejo es los oídos de la ministra-fiscal y los líos del matrimonio Cospedal. Y cuanto más se conoce, más claro lo tengo: Villarejo es un golpe de Estado en sí mismo. Desde que está en chirona, las cloacas del Estado no tienen quién las desatasque. Y el Gobierno anda superado y todo lo achacan, empezando por el coronavirus, a que no se podía saber. Y claro que no se podía saber, cómo se iba a saber, si ya nadie pregunta a Villarejo.

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