Jordi Amat

¿La verdad vale la pena?

Lo tenía frente a frente y, en una rueda de prensa de envidiable intensidad celebrada justo después de las Midterms Elections, Donald Trump no lo dudó. En esos pocos minutos los dos parecían llevar su papel hasta el límite, sin voluntad de rectificar, al contrario, mostrando en público un pulso dialéctico a través del cual el asedio y la arrogancia eran las fuerzas que se contraponían.

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¿La verdad vale la pena?
Foto: Evan Vucci
Jordi Amat

Jordi Amat

Filólogo, escribe biografías y ensayos. Colabora en prensa. Ha acabado devorado por los artículos de opinión sobre el Procés.

Lo tenía frente a frente y, en una rueda de prensa de envidiable intensidad celebrada justo después de las Midterms Elections, Donald Trump no lo dudó. En esos pocos minutos los dos parecían llevar su papel hasta el límite, sin voluntad de rectificar, al contrario, mostrando en público un pulso dialéctico a través del cual el asedio y la arrogancia eran las fuerzas que se contraponían. El periodista acosaba y el presidente, consciente de la potencia de la escena, respondía despreciando. Hasta que Trump, aparte de insultar, lo dijo. “When you report fake news, which CNN does a lot, you are the enemy of the people”. Era un episodio más de la pugna con Jim Acosta, el jefe de los corresponsales de la CNN en la Casa Blanca.

La frase es una variante de un mensaje reiterado cuyo objetivo es impugnar la acción del cuarto poder: atacar a los medios que lo critican (medios con prestigio entre las élites pero influencia social decreciente) refuerza su estrategia polarizadora (porque el medio sólo puede actuar de parte ante la agresión) e impide la labor de la fiscalización del poder, que es la función democrática más alta del periodismo. A Acosta se le suspendió el pase de prensa y le han retirado las credenciales que otorga el Servicio Secreto de los Estados Unidos para poder acceder a la Casa Blanca.

El episodio sucedió el miércoles de la semana pasada y la fotografía principal de la portada del jueves de The New York Times, como en tantos periódicos de medio mundo, era de esa rueda de prensa. En el caso del NYT, en segundo término pero en el centro, el rostro displicente de Trump; en primer término, confundidas, las manos alzadas de los periodistas esperando turno para preguntar. El viernes me cayó en las manos la edición del periódico. Las páginas de política nacional, que incluían un artículo sobre la polémica, se abrían en página par con un reportaje sobre los resultados de las elecciones en el Midwest. “Death OF Midwest Democrat has been greatly exaggerated”. Era casi como decirle al lector, querido cómplice, que no está todo perdido.

Pero lo que me sorprendió fue la página siguiente. Página 11: anuncio a toda página de la CNN agradeciendo a América, así en genérico, que la cadena de televisión hubiese sido líder de audiencia durante la noche electoral. Y ese agradecimiento se vinculaba a un mensaje ideológico: “America came together with faith in the promise of democracy, the right to vote, and the freedom of the press”. Lo que me pareció significativo de nuestros tiempos fue precisamente la necesidad de ligar el agradecimiento corporativo a la afirmación de valores democráticos. Porque explicitarla, no hace tanto, hubiese sido redundante. Casi pretencioso. Pero si ahora es necesario reivindicarlo, además de mostrar un compromiso complacido, es para evidenciar la crisis de esos valores donde confluyen democracia, voto y libertad de prensa. El día después, el sábado, un anuncio a toda página de The New York Times en su mismo periódico. Tres frases destacadas: “The truth never wavers. The truth requires commitment. The truth is worth it”. Tal vez la paradoja es que para muchos, en lo relativo a la información (aquí y allí), la verdad no valga tanto la pena.

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