José María Albert de Paco

Little cosmic kite, which planet did you come from?

Siempre me pregunté hasta qué punto la locución de Víctor Hugo Morales, casi un microrrelato, fue decisiva para asentar la leyenda.

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Little cosmic kite, which planet did you come from?
José María Albert de Paco

José María Albert de Paco

De pequeño, en la playa, solía entretenerme yendo y viniendo de lo hondo con algo que demostrara que había estado allí. Fue aquella mi primera escuela de periodismo.

Por el centro corre Burruchaga a modo de falsa liebre; un zaguero de Inglaterra intenta encimarle previendo que el pase de la muerte acabe por buscar sus botas. Por la izquierda galopa Valdano, que es el delantero que, libre de marca, se halla en mejor disposición para reventar la red. De hecho, se trata del enésimo aluvión tridentino que la Albiceleste pone en práctica en la fase final. Un despliegue canónico, perfectamente reconocible, donde el ‘tomá’ y la devolución son un imperativo moral. Tal vez por ello, al llegar al vestuario, Maradona farfulla una excusa para la historia: «Me fue imposible dártela, Jorge, cada vez que levantaba la cabeza me salía un inglés». Años después, Valdano seguía sin salir de su asombro: «¡El tipo se estaba merendando a media Inglaterra y además me veía subir por el segundo poste! No sé con qué parte me veía, pero vi la secuencia mil veces y puedo descartar que fuera con los ojos».

En lo más alto del anecdotario permanecen esculpidas las palabras del Negro Enrique: «Con el pase que te di, Dieguito, como para haberla fallado”. También Valdano apuró su ‘parte de los ángeles’: «Maradona metió la pelota en la portería, cierto, pero yo la recogí. Algún mérito debe de tener eso, ¿no?».

Valdano, en efecto, rescató el balón de la portería con el partido encarrilado. Cuando le preguntaron por qué dejó al descubierto una humildad sospechosa, como lo es, en general, la literatura: “Me pareció indecoroso echarme encima de Maradona. El gol que marcó era tan sumamente individual, tan suyo, que pensé que abrazarle estaba de más, que era una forma de restarle protagonismo; así que no se me ocurrió otra cosa que ir para la puerta y recoger la pelota. Eso fue todo”.

Un muchacho del Barça marcó un gol parecido veintiún años después y Maradona volvió a cuadrar el universo: «Cuando haga eso mismo en los cuartos de un Mundial en lugar de hacerlo contra el Getafe, me lo comparan ¿ok? Hay algo más: mi gol fue útil y el suyo no, y eso también cuenta». Siempre me pregunté hasta qué punto la locución de Víctor Hugo Morales, casi un microrrelato, fue decisiva para asentar la leyenda. Hasta que se me ocurrió ver el vídeo con la locución atribulada, melancólica, airada del perdedor. Y si no es el mismo gol se le parece bastante.

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