José María Albert de Paco

No te mudarás a Lavapiés

«Te dirán, cuando busques piso, que Lavapiés es el próximo Tribeca, y que bien vale la pena pagar un dineral por una buhardilla porque en seis meses, con la irrupción masiva de los hípsters, el precio se duplicará»

Opinión

No te mudarás a Lavapiés
Foto: Jhosef Anderson Cardich Palma| Unsplash
José María Albert de Paco

José María Albert de Paco

De pequeño, en la playa, solía entretenerme yendo y viniendo de lo hondo con algo que demostrara que había estado allí. Fue aquella mi primera escuela de periodismo.

La altitud. Madrid, me dijo mi amigo, está a 660 metros de promedio, y algunos barrios a más de 700; notarás, al principio, que al caminar te cansas un poco más que en Barcelona y bastante menos que en México.

Olvídate de quedar en fin de semana. Todo ese bullicio que hay de lunes a jueves se desvanece a partir del viernes. La familia, la sierra, un conocido al que hay que alojar y pasear… El caso es que te vas a encontrar más solo de lo que te imaginas.

Ten presente que sólo hay un público más ignorante que el del Camp Nou: el del Bernabéu. No vayas a llevarte una decepción porque ovacionen los sprints en balde del Sandokán de turno o abucheen a Benzemá.

Creo que el único que sigue diciendo ‘tronco’ es Ángel Expósito, no te arriesgues.

Retén esta palabra: «Fenomenal».

Notarás que al segundo día de haber pisado el mismo bar el camarero te llama por tu nombre. Sigue habiendo ciudades así, no le des más vueltas.

A medida que llega el verano, observarás que el fin de semana empieza cada día una hora antes. Tú a lo tuyo, que por ahí empieza la perdición.

Cuando vayas a un cocktail, nunca, bajo ningún concepto, llegues el primero; aún peor sería que te fueras el último, esquivando a los recogevasos.

Presume de catalán. Por alguna extraña razón, los madrileños nos profesan admiración (bien, últimamente no tanta, pero todavía hay incautos que creen que somos medio franceses y, lo que es más cojonudo, ¡trabajadores!).

Cuando te digan ‘¡Comemos!’ no te lo tomes al pie de la letra. Es una mera fórmula de despedida. Me explicaste que en aquel pueblo del Ripollés, Camprodón, el saludo al paso más extendido es ‘On vas!’ [¡Adónde vas!], y que tú te detenías a explicarlo, que si al bar, que si a pescar truchas… para incredulidad de los nativos. Pues bien, el ¡comemos! es algo parecido. Un ‘¡aupa!’ con ínfulas de compromiso.

Especialízate en algo, conviértete, por ejemplo, en un experto conocedor de bares de ensaladillas, o de tortillas de patatas. Eso en Madrid es un detente bala, no preguntes por qué.

Te dirán, cuando busques piso, que Lavapiés es el próximo Tribeca, y que bien vale la pena pagar un dineral por una buhardilla porque en seis meses, con la irrupción masiva de los hípsters, el precio se duplicará. Hace 20 años que se dice lo mismo, entonces se les llamaba bo-bos.

Si alguien te dice ‘¡Comemos un fin de semana de éstos!’, es que no quiere saber nada de ti.

Cómprate un buen abrigo.

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