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A far l'amore, comincia tu

«Descubrimos a la coreógrafa de ese cuerpo de baile increíble y desprejuiciado, que se convirtió en icono LGTBIQ+ y en símbolo de la alegría»

Opinión

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  • Licenciada en Filología Hispánica. Ha publicado «París tres», «Jóvenes y guapos», «Solo si te mueves» y «Los idiotas prefieren la montaña», todos en Xordica. Es miembro de la redacción española de Letras Libres y colabora con diferentes medios.

Con ella aprendimos a jugar al Si fuera…; si fuera un color, sería naranja brillante o rosa, pero con lentejuelas; si fuera un animal, el guepardo; si fuera una fruta sería la piña. No sé si ella, Raffaella Carrà, estaría de acuerdo. Para muchos, primero fue la presentadora de televisión basados en su simpatía y una mezcla de inocencia y control, donde hacía entrevistas y juegos y llevaba vestidos increíbles. Luego fue la cantante de la que aprendimos no solo a cantar la libertad sexual y la ligereza, también a bailar con el pelo. Después, descubrimos a la coreógrafa de ese cuerpo de baile increíble y desprejuiciado, que se convirtió en icono LGTBIQ+ y en símbolo de la alegría. «No solo era mostrar mi cuerpo, era hacer entender que el cuerpo de una mujer siempre está unido a su cabeza. La sensualidad no está reñida con la inteligencia, la simpatía, la ironía…», dijo en una entrevista.

Con su muerte se va lo único que duraba para siempre, según los italianos, se va un trozo de una época en la que nuestro mundo se abría, había lentejuelas y esperábamos el momento en que la orquesta tocaba Expota, explota. Mucho después, descubrí otras genialidades, como Prisencolinensinainciusol, con Adriano Celentano, además. Raffaella, a far l’amore, comincia tu.